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#Viento

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AaguuspalotesLv1· hace 30 dRelatos

Mí abogada personal

La tarde había caído rápidamente sin apenas darme cuenta. De reojo, comprobé que mi reloj marcaba ya las seis de la tarde. La creciente obscuridad del despacho profesional, apenas me permitía ver con claridad, los informes que releía desde primeras horas de este día gris de invierno. Encendí la lámpara de sobremesa y dirigí su luz hacia los documentos. Yolanda, mi secretaria, llamó a la puerta para recordarme las citas del día siguiente, entregarme los documentos que había redactado y despedirse hasta mañana. Se despidió como últimamente lo hacía, de una manera fría e inquietante, su intuición femenina le estaba advirtiendo que nuestra relación laboral había sufrido una transformación de alguna manera. Con la interrupción de Yolanda, y al comprobar que el cansancio hacía las primeras mellas en mi cuerpo, decidí tomar unos minutos de descanso, tomar un café y fumar un cigarrillo. Al volver al despacho, instintivamente me acerqué a la ventana para bajar la persiana, noté en mi cara la sensación de frío que el cristal expedía, y observé cómo la fina lluvia que empezaba a caer, formaba unos pequeños hilos de agua en el cristal, que caían por su propio peso, formando pequeñas figuras a todo lo largo de la ventana. La abstracción que me hicieron sentir aquellas imágenes de agua junto al pensamiento sobre mi secretaria, me hicieron perder durante unos segundos la sensación de realidad, mientras mi mente se evadía. Los recuerdos de todos los acontecimientos que ocurrieron hace apenas un mes, acudieron súbitamente a mi memoria. Para una mujer de mi edad, cumplidos ya los treinta y cinco años, con una carrera profesional ampliamente elogiada por muchos compañeros, abogados de profesión, con unos ingresos que me permitían mantener un nivel de vida medio alto, en una ciudad relativamente pequeña como Elche, mi vida y mi futuro no deberían plantearme ninguna incógnita. Pero no era así. Desde aquel día, a primeros de noviembre, no era la misma, no lo había comentado con nadie por temor a que pensasen que había enloquecido o que sufriera alucinaciones. Aquel día como tantos otros, abandoné el despacho cuando era de noche, era viernes y no volvería a él hasta el siguiente lunes. No había hecho ningún plan especial. La semana había sido larga, habíamos terminado de preparar una complicada demanda de separación para un cliente, y pensaba pasar todo el fin de semana descansando, leyendo, oyendo música y viendo viejas películas subtituladas, que era mi principal afición en el espléndido chalet de mi propiedad que acababa de redecorar. En el aparcamiento, la obscuridad y el silencio, me sobrecogieron de una forma muy especial, sentí como mi espalda fue recorrida por una sensación de escalofrío, sensación que achaqué al cambio de temperatura que acababa de experimentar, al pasar del calor del despacho al frío de la cochera. Abrí la cerradura de mi Mercedes 190, color blanco, que apenas contaba con tres mil kilómetros después de tenerlo casi tres años, me acomodé, lo puse en marcha, me dirigí hacia la puerta, la abrí con el mando a distancia, salí, y me dispuse a coger la ronda de la ciudad para dirigirme hacia mi casa. El día era como hoy, gris y lluvioso, tenía que dar al limpiaparabrisas de vez en cuando, para evitar que las pequeñísimas gotas de agua, me impidieran ver con claridad a través del cristal. Por un instante, pensé en acercarme al centro de la ciudad para tomar una copa, o para intentar ver a alguien con quien pasar la velada, pero al final recordé el cansancio que tenía mi cuerpo, que solo me pedía llegar a casa y relajarme. Al llegar al chalet, metí el coche en la cochera, pasé por el acceso interior a la cocina y me dispuse, sin más dilación, a meterme en la ducha. Me desvestí, puse el agua a la temperatura idónea, y durante muchos minutos, dejé que el agua recorriese todo mi cuerpo. El agua posee realmente, un efecto reconfortante y relajante sobre un cuerpo cansado. Aproximadamente, hacia la media noche, me encontraba en mi habitación dispuesta a dormir, aunque la larga semana de trabajo, y la tensión que me había provocado, no me dejaba conciliar el suelo, decidí tomar una infusión relajante de salvia y poner una película que había visto en innumerables ocasiones: Casablanca. No sé cuánto tiempo transcurrió, pero debí de dormirme enseguida. Soñaba que estaba en la oficina trabajando, en mi despacho, y que sonaba el timbre de la puerta. Sonaba y sonaba, pero nadie abría. Seguía soñando y nadie abría la puerta. Irritada, me dispuse a abrir la puerta, pero me desperté entonces. No era la oficina. La llamada a la puerta era en mi casa. Instintivamente, miré el radiodespertador, y éste señalaba las dos de la madrugada. ¿Quién coño sería a estas horas? Sobresaltada, pensé que sería alguna mala noticia familiar. Mis padres eran ya mayores. Corrí hacia la puerta mientras encendía las luces a mi paso. -          Ya voy…, un momento. -          Ya va…, (seguí diciendo, mientras me acercaba a la puerta). Al llegar a la puerta, me serené y volví a preguntar quién era. -          ¿Quién es? Una voz, serena y natural, contestó al otro lado de la puerta. -          Soy yo. No reconocí la voz, pero no me alarmé, miré por la mirilla y le vi. Era un hombre alto, con cara madura, aunque joven, con pelo castaño, que vestía una cazadora de piel. Su pelo lacio, echado hacia atrás, se mecía al viento suavemente. Sus ojos inspiraban una confianza total. No solía ser muy confiada con extraños, pero aquella vez era diferente, pues no temía absolutamente nada malo de aquella persona. -          Un momento, por favor… Me abroché el batín que me había puesto al salir de la cama, y sencillamente, abrí la puerta. -          Hola. (Me limité a decir). -          Hola. (Me contestó él). En ese primer instante, solo notaba el fresco que acariciaba mi rostro. No sé cómo, ni cuando, pero la siguiente sensación que sentí, fue que me cogía de la mano y me introducía hacia dentro de la casa. No era capaz de articular palabra, solo tenía sensaciones…, agradables y maravillosas sensaciones de un sosiego excepcional. Su olor, era un aroma que me reconfortaba. Me inspiraba paz y tranquilidad. Sin saber cómo, nos encontrábamos en el dormitorio y estábamos besándonos apasionadamente. No era capaz de decir nada, solo tenía ganas de amar y de ser amada. Quería ser amada profundamente. Quería ser amada, como jamás había sido capaz de imaginar. Me besaba despacio, mi boca, mis ojos, mi nariz, mi mentón, mis cabellos. Al mismo tiempo, acariciaba mi cuello, mis hombros y mis pechos, que habían quedado al descubierto, sin darme cuenta. Me besaba y acariciaba constantemente, sin hablar ni una sola palabra. Solo con la poca iluminación del salón, pude comprobar que él también se había desnudado y que, arrodillado a mi lado de la cama, me besaba mi torso, mientras acariciaba tiernamente mi vientre. Volvía a tocar mis pechos nuevamente, con una dulzura sin igual. Pechos que notaba endurecidos, así como los pezones, absolutamente erizados y tersos. Con su mano izquierda, mano que tenía totalmente cálida, noté cómo me acariciaba mi sexo con absoluta delicadeza e incluso ternura. Se inclinó hacia él. Me echó ligeramente hacia atrás, hasta hacerme delicadamente, caer sobre la cama, para inclinarse sobre mi ardiente y deseosa entrepierna. Noté cómo, suavemente, su lengua y su boca, e incluso sus dientes, lamían al tiempo que besaban, e incluso cómo mordisqueaba mi sexo, pletórico de pasión. Creía volverme, por momentos, loca de placer. Conseguí tener varios orgasmos seguidos, antes de notar, cómo su cálido, grueso y enorme miembro erguido y duro, me penetraba sin resistencia, suavemente, despacio, muy despacio. Solo notaba placer, placer y más placer. Todo era placer. Solo sentía, en aquellos momentos, las palpitaciones de mis sienes, fruto de los latidos acelerados de mi corazón, al sentirme unida a ese hombre, a través de nuestros sexos, extasiándose ambos, segundo a segundo, dispuestos a alcanzar unidos, un maravilloso clímax compartido y simbiótico. Decir que obtuve el orgasmo vaginal más satisfactorio de toda mi vida, parece exagerado, pero fue realmente así. Exageradamente satisfactorio. Instante álgido al sentir cómo su fluido caliente entraba dentro de mí, mediante varias convulsiones increíbles. Cuando, después de alcanzar tanta plenitud, la relajación empezó a alcanzarme, noté cómo, abrazado a mí, se acomodaba en la almohada. Miré al reloj, y éste marcaba las cinco de la mañana. Me dormí plácidamente. Al notar la sensación de despertarme a la mañana siguiente, y en esas décimas de segundo que van desde que una se remueve en la cama hasta que abre los ojos, sentí la sensación agradable que se tiene cuando recuerdas un sueño erótico, y pensé que había sido eso, solo un sueño. Un instante después, al descubrir que estaba desnuda, me sobresalté. Olí la almohada, y supe que no había sido un sueño. Olía a él. Supe que no había sido un sueño. Había sido real. Estaba sobresaltada, pero tranquila, al mismo tiempo. Salté de la cama y fui hacia la cocina. Allí estaba preparando algo de comer, desnudo, solo cubierto por una pequeña toalla, alrededor de sus caderas. Me miró, y con su mirada me señaló la silla para que me sentase. Fui incapaz de articular palabra, solo me limité a comer una ensalada, una rica ensalada de atún, que me había preparado. La ensalada de atún más apetecible que me había tomado nunca. Mientras terminaba de comer, él se había colocado detrás, y sus manos me estaban dando un ligero, sensual, y agradable masaje de cuello y hombros. Se inclinó y me susurró al oído: -          ¿Te gustó…? Balbuceante, solo pude decir. -          Sí…, sí…, mucho. Inmediatamente después de comer, salimos abrazados hacia la terraza. No sé cómo, pero me encontraba en la terraza con él, abrazados y besándonos de nuevo. Solo notaba un ligero frescor en todo mi cuerpo, fruto de la ligera brisa que corría esa tarde del sábado. En la terraza, él detrás de mí, ambos desnudos… Estábamos haciendo otra vez, apasionadamente, el amor allí mismo. Sus manos recorrían mi espalda, abrazaban mis pechos, tocaban mis pezones, y sin saber cómo, ya estaba nuevamente penetrada, y a punto de tener un maravilloso y deseado nuevo orgasmo. Noté cómo sus convulsiones, marcaban su nueva salida de semen dentro de mi interior, y tuve el mío en ese preciso momento. Otro gran clímax, que me hizo ruborizarme cuando me miraba, antes de fundirnos en un beso apasionado. Después de unos segundos, mientras su respiración entrecortada disminuía, dado que su enorme sexo aún seguía dentro de mí inusualmente duro, volvió a friccionar rítmicamente, hasta que unos minutos después, volvíamos a tener un orgasmo gemelar. Era increíble, había encontrado mi alma gemela, nuestros sendos y parejos orgasmos increíbles, se acompasaban permanentemente. Después de ducharnos y de jugar, mientras nos enjabonábamos las espaldas, hicimos el amor otra vez en la ducha. Era la tercera vez esa mañana, y no sería la última. Posteriormente, ya en el dormitorio volvimos a amarnos pausadamente. Despacio, muy despacio. Había anochecido y seguíamos amándonos con ritmos que cambiaban de lento a rápido. No puedo calcular cuánto tiempo estaríamos así antes de dormirme, pero si recuerdo lo extasiada y cansada que me notaba antes de cerrar los ojos aquella madrugada, El domingo por la mañana me desperté, ya sabía que lo ocurrido el día anterior y la madrugada anterior no había sido un sueño, lo apreciaba en las agujetas que tenía en todo mi cuerpo y la sensación de exceso de actividad en mi vagina agradecida. De un salto me incorporé de la cama, me dirigí hacia la cocina pensando en degustar otro buen almuerzo, pero allí no había ninguna actividad. Recorrí rápidamente toda la casa, pero no hallé a nadie. Tomé un café y una ducha rápida para despejarme, y me senté a esperar. Nadie apareció durante toda la jornada restante del domingo. Mi pensamiento luchaba con constantes contradicciones. ¿Había sido realme

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TTiagoMexLv1· hace 70 dRelatos

La vecina de enfrente

Dentro de mis experiencias, siempre me ha gustado destacar la que me ocurrió con la vecina de enfrente del edificio donde vivo. Notaba en su mirada que desde hacía tiempo yo le gustaba, y ni corto ni perezoso, un día en el ascensor le pedí su número de teléfono. Aquello era el inicio de una aventura. Hacia unos cuantos meses que había roto con mi novia, con la cual llegue a estar saliendo cerca de cinco años. Una relación con altibajos que un día, tras una discusión, decidí dar por terminada. Tenía 24 años, una sola chica conocida en mis experiencias sexuales y mucho por descubrir. Así pues, volví a ponerme a rodar en el mercado del amor y el sexo, del cual solo había tenido experiencia con mi ex. Durante esos cinco años llegamos a hacer de todo dentro de lo que se entiende por “normal” en una relación heterosexual: besos, sexo oral, penetración vaginal, penetración anal, etc… Siempre consideré esta relación amorosa como bastante buena dentro del entorno sexual pese al inconveniente relativo que suponía el grosor de mi pene, el cual le producía cierto dolor en las primeras embestidas y el cual la dejaba el coño bastante escocido tras el acto.  Como iba diciendo, tras esto, me tire cerca de unos cuantos meses sin probar “cacho”. Muchas veces quedaba con mi ex para ver que tal nos iba y terminábamos follando como locos hasta que ya un día me dijo “nunca más”. Mis ansias de sexo, que siempre fueron muchas, me tuvieron masturbándome todos los días durante meses dado que nunca he sido bueno ligando ni tampoco tenía a nadie detrás con quien quemar mis ansias de coño caliente. Pero todo esto cambió el día que conocí a la hija de la vecina de enfrente. Vivo en una ciudad pequeña, en un edificio al que me trasladé hace unos años y donde el contacto con los vecinos era más bien poco porque siempre he ido a lo mío. A la hija de la vecina de enfrente la había visto muy poco y más bien de refilón. En otras palabras… que nunca me había fijado en ella hasta que un día llamó a mi puerta su madre. Esta iba acompañada de la susodicha carpeta y bolígrafo en mano: - Hola Romeo ¿qué tal estas? ¿Estás muy ocupado? - me soltó. - No, que va.- Con cara desinteresada total. Es una vecina que realmente nunca me ha caído bien porque siempre me ha parecido muy cotilla y pesada.- Dime ¿Qué querías? - Veras, esta es mi hija, Verónica. Mmm, Verónica, eh. Ahora sí que pude contemplarla de arriba a abajo.  Morena de piel, cabello largo y castaño, ojos marrones, sonrisa traviesa,  un poco rellenita sin llegar a estar gorda… y la joya de la corona: unos pechos enormes. Me preguntaba si entrarían en la palma de mi mano. Ésta vestía como la típica chica de 21 años salida de una discoteca y con pendientes de aro. No obstante, la chica era guapa y me empezó a dar morbo. - Ah hola, yo soy Romeo.- me acerqué a ella y nos dimos dos besos. Ella sonrió y me espeto un “hola” un tanto avergonzada. - Veras, Romeo. Mi hija está estudiando enfermería y le han mandado hacer un trabajo que consiste en recolectar datos en la zona donde vive para saber el índice de diabéticos que hay por aquí. Es un test muy sencillo… Ella no se atrevía a llamar a la gente y la estoy animando, y como tú eres muy simpático, seguro que no te niegas a contestar ¿a qué no? Mi cara era un poco incrédula, pues daba por hecho que una chica de esa edad ya debería valerse por ella misma para salir de esta clase de apuros… pero se lo perdone, ya que estaba buena y me interesaba conocerla un poco más. - Claro que no, sin problema. - A, pues muy bien. Gracias Romeo. Yo me tengo que ir. Aquí te dejo con ella. - Ok, vale. No se preocupe.- La madre cogió el ascensor y se largó, dejándonos a los dos solos delante de la puerta de mi casa, entreabierta. - Bueno Verónica, pues tú me dirás.- lanzándole una sonrisa de complicidad. - Ya lo siento. Es que me daba un poco de vergüenza. - Nada, mujer. No te preocupes, venga dime. Verónica comenzó a lanzarme una ristra de preguntas comunes sobre mi edad, donde había nacido, donde vivía,  donde trabajaba, etc… - Ey, ahora ya sabes muchas cosas de mí, eh. Jajajaja.- reíamos los dos. - Pues ya, jajaja. Con esto ya está hecho. Espero que no te haya molestado mucho.- mientras su mirada se clavaba profundamente en la mía sin dejar de sonreír, como una chica traviesa. Es ahí cuando empecé a pensar que le había gustado. - Sin problema. No te apures, jejeje. Oye, ¿llevas mucho viviendo aquí? - Si, hace unas semanas. Antes vivía con mi padre, pero ahora me he venido aquí. - Ahhh, así que te veía tan poco. Bueno, ahora ya se algo de ti, jajaja. - Si, jajaja. - Oye, pues nada, a ver si coincidimos más por aquí. - Jajaja, vale, vale. Sin más, nos despedimos con dos besos y cerré la puerta. Me había fijado en cómo me había mirado y me dio una corazonada. O era una chica maja, o sencillamente tenía ganas de conocerme más a fondo. La chica me había atraído, estaba bastante bien, y hacía meses que no tenía nada con nadie. Tal vez esta era con la que volver a descargar el potencial guardado tras la ruptura con mi ex. Los días iban pasando y alguna que otra vez coincidíamos en el portal o en el ascensor del edificio. Siempre nos saludábamos con una sonrisa de complicidad y una mirada de querer comernos el uno al otro. Como no las tenía todas conmigo, pues soy precavido y algo vergonzoso, nunca me lanzaba a algo más, hasta que un día dejé mi moto aparcada en frente del portal. Estaba tomándome un café y asomado a la ventana donde pude ver como Verónica se acercaba con una barra de pan camino de su casa. Al pasar al lado de mi motocicleta, esta se quedó mirándola embobada. Sabía que era mía, y comprobé como acercaba una mano para acariciarla. Pensé que a esta chica no había duda de que le atraía y corto ni perezoso salí de casa y me metí en el ascensor con intención de cruzarme con ella. Y así fue. Cuando se abrieron las puertas me topé con Verónica: - Ey, ¿qué tal? - le dije sonriendo. - ¡Ah, hola! Que susto, jajaja. Bien, bien, jeje, aquí me ves, que vengo de coger el pan. - Je, ya hay hambre, eh. - Pues sí, a ver si comemos de una vez, que he desayunado pronto y no aguanto más ¿tú que te cuentas? - Pues nada, lo mismo que tú. Que iba derecho a coger el pan. Por cierto, te veo muy guapa, eh.- mientras le giñaba un ojo. - Como se nota que estamos ya en verano. Ese moreno de piel te queda genial. Verónica se puso roja, pero no dejo de sonreír e incluso más todavía en cuanto oyó el cumplido. - Gracias. Pero tú sí que estas guapo, eh, jiji. - Nada, anda, no exageres. Por cierto… a ver si me pasas tu número de móvil y quedamos un día a tomar un café ¿no? Me caes bien y seguro que nos echamos unas risas, jeje.- aquí le había lanzado el arsenal sin pensármelo. El que arriesga triunfa, y si no, al menos sale de dudas. - Ah, pues si… ¿Por qué no? jiji. -Wow, no me lo podía creer. Había picado.- Apunta, es el 696… - Ok, apuntado queda, jeje. Una tarde quedamos y nos tomamos unas cañas ¿vale? - Jeje, vale. Cuando quieras. –mientras me guiñaba un ojo y me lanzaba una sonrisa cómplice. Lo cierto es que me había resultado más fácil de lo esperado. Por mi cabeza habían rondado veinte mil posibilidades al hacerle esa pregunta, pero al final salió la buena, la que deseaban oír mis oídos. Esta era la mía. Pasaron los días y yo me encontraba un tanto nervioso por la situación. No quería cagarla, tenía ganas de que pasase algo con Verónica, y los nervios en el estómago me hundían la valentía. Un día, tras salir a descansar en el curro, se me pasó por la cabeza llamarla. Me encontraba muy seguro de mí mismo y esa tarde podía ser idea para quedar con ella. Así que cogí el móvil y le llame. Después de unos cuantos sonidos de espera, por fin cogió el móvil: - ¿Si? - Hola, Verónica. Soy Romeo, ¿Qué tal? - Ah, Romeo, jeje. Bien, muy bien  ¿Y tú? ¿Qué tal estas? - Pues aquí ando, en el curro, descansando un poco. Estaba aquí pensando en mis cosas y me he acordado de ti. - ¿Ah, sí? ¿Y eso? - Pues ya ves… que hace días que no nos cruzamos por el portal y me ha picado la curiosidad por saber que era de ti. - Ah, jajaja. Pues aquí ando, guapo, jaja, estudiando un poco. - Bueno, eso está genial. Hay que labrarse un futuro. - Ni que lo jures. A ver si término de una vez, que menudo agobio tengo encima. - Ah, pues mira. Si quieres despejarte un poco ¿Qué te parece si quedamos cuando salga de trabajar y nos tomamos algo? Así desconectas, que seguro que falta te hace. - Mmm, bueno, pues no estaría mal… Vale, por mi bien. ¿Cómo quedamos? - Jeje, bien, pues podemos quedar en la cafetería que está en la costa del aeropuerto ¿sabes dónde te digo, no? - Si, si, claro ¿a qué hora quedamos si tal? - Pues a mí me vendría bien a eso de las 19:30 ¿Qué te parece? - Genial. A esa hora me paso por allí. - Ok, pues allí nos vemos, jeje. - Ok, pues lo dicho. Luego nos vemos. Besos. - Venga, besos. –y colgó. La cosa estaba yendo genial, en parte no me lo podía creer, pero si… aquello era real. Esa tía estaba interesada en quedar y quien sabe cómo podía quedar la cosa. Entre otra vez dentro de la oficina y me dispuse a terminar el trabajo que tenía entre manos. No dejaba de dar vueltas al asunto. En cuanto saliese de allí me iba a encontrar con Verónica, mi vecina, la chica guapa de las tetas grandes. Me daba bastante morbo la situación ¿Qué podría pasar? Miraba el reloj nervioso una y otra vez, hasta que por fin dieron las 19:00 para salir de allí escopetado. Los compañeros de trabajo no sabían que me pasaba ni por qué me había ido corriendo como el viento sin apenas despedirme de nadie. Fui andando a paso acelerado entre callejuelas hasta que por fin me subí al coche, arranque y desaparecí dirección la costa, en la cafetería donde habíamos quedado. Una vez llegué, coincidencia o no, aparque y al lado mío llego otro coche aparcando a la par: era ella. Salimos a la vez de nuestros respectivos coches y nos saludamos: - Ey, hola. Jajaja, hemos llegado a la vez.- le comente. - Ya, jaja, que casualidad. Somos puntuales, eh, jajaja. - Ya te digo. Pues nada, ya estamos aquí ¿Vamos dentro y pedimos algo? - Claro. Vamos. Verónica se presentó con un vestido de verano blanco, holgado, con tirantes que tenía una falda muy corta que dejaba entre ver unas magníficas piernas torneadas al sol. Sus pechos, ya grandes de por sí, parecía que iban a estallar en cualquier momento, pues a la chiquilla le encantaba que el escote quedase bien apretado. Como dicen por aquí, no eran tetas, si no berzas. Estábamos en pleno julio y el tiempo acompañaba. Nos metimos dentro de la cafetería y el barman nos atendió. Un café con leche para ella. Una caña para mí. Una vez servidor, agarramos nuestras consumiciones y salimos a la terraza. Esta está rodeada de árboles de un parque próximo y tiene la peculiaridad de estar al lado del mar y tener vistas al aeropuerto por uno de sus lados. Nos sentamos y comenzamos a charlar un poco sobre nosotros. - Y dime, Vero ¿Cuánto llevas estudiando lo de enfermería? - Pues un tiempo. En realidad es un módulo profesional. - Ah, pensé que era una carrera o algo. Jajaja, como ando. - No, que va, jeje. Es un módulo y ya le estoy terminando. A ver si empiezo el siguiente curso las practicas. Tengo unas ganas de trabajar que no veas. - Pues sí, no me extraña. Teniendo curro te independizas y a vivir la vida. Yo sigo con mis padres, pero en cuanto tenga ahorrado algo, me marcho. - Si, eso sería lo ideal. Vivir sola sin que nadie este incordiándome. No aguanto a mi madre. Es muy pesada. - Si, supongo que como todas. Jajaja. Seguimos hablando de banalidades, conociéndonos un poco, nuestros gustos, etc… Lo cierto es que no teníamos nada que ver. Mientras ella era la típica chica que se pasaba el día viendo la televisión y sus programas tontos, a mí me interesaban otras cosas más culturales. No le di más importancia porque mi objetivo era acabar fallándomela de alguna manera. Me ponía cardiaco, sobre todo cada vez que me sonreía. Además era de esas tías que en seguida te cogen del brazo,

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MmowshaLv1· hace 83 dRelatos

Maria Sol Perez Relato 2

Como están gente? Esta vez les traigo la segunda parte de este relato con la trola de moda Solcito Perez. Gracias a todos por los puntos que dejaron en el anterior post. Si el relato les gusta o no o si tienen alguna sugerencia por favor déjenlo en los comentarios que siempre ayudan. Para esta semana también voy a traerles la 4ta parte de "conviviendo con Pamela Y Monica", seguramente antes del viernes. Disfrutenlo. Ya habían pasado 6 meses desde el primer encuentro en las duchas. Mucha era la confianza y la experiencia que David había ganado en ese lapso de tiempo, además de que Sol era insaciable y siempre lo exigía al máximo en lo sexual y en lo atlético. Tan duro era el entrenamiento que el se sentía y veía como una persona nueva: había bajado mucho de peso, sus músculos empezaban a tomar forma y poco a poco su “pánico” a las personas s iba curando. Todo se lo debía a su hermosa personal trainer que no le tenía piedad ni en el gimnasio ni en la cama. Al pasar los meses David se iba dando cuenta del apetito sexual imparable de Sol y además de la locura que tenía. Tenía una locura un tanto especial que al chico le empezaba a gustar: le encantaba hacerlo en lugares públicos de noche y hasta a veces de día, en el auto casi en frente a la casa de David, cuando se encontraban en el depto. De Sol siempre ella gritaba a los 4 vientos para que todos la escuchen, etc. Esto último le explico ella que lo hacía para molestar a todas las viejas que Vivian en el edificio y que se quejaban. El gimnasio era su principal lugar de encuentro, además del depto., y no solo lo hacían en las duchas sino también en el piso y encima de las máquinas de ejercicio. Aunque no habían podido concretar en la casa del chico, a pesar de las continuas exigencias de ella que lo veía como una experiencia muy morbosa. - Te quiero coger en tu camita mientras tus papis duermen decía Sol mientras pajeaba al chico en la parte trasera de su auto estacionado a 1 casa de donde el vivía. - Mis viejos se van a dar cuenta y me van a matar. Mi vieja tiene el sueño re ligero y escucha todo le explicaba David casi a punto de acabar. - No voy a gritar papi te prometo, por fa le retrucaba ella mientras metía el pene de su amante en medio de sus enormes tetas. - No podemos, disculpa le decía al tiempo que acababa en las tetas y en la cara de Sol. Los 2 se vistieron y el chico bajo del auto y se dirigió a su casa. Le preocupaba que ella se veía enojada cuando se fue. Ya era sábado y el empezó a mandarle mensajes a Sol. Acostumbraban, hace unos meses, a que él iba su depto. Para pasarse toda la tarde cogiendo a full. Pero sus planes se vieron frustrados cuando ella le respondía que que iba a pasar la tarde con un amigo y que a la noche se iría a bailar. Una enorme tristeza invadió todo el cuerpo de David, sabía que ellos no eran novios y que podían acostarse con cualquiera pero los sábados eran suyos desde hace rato. Se sintió reemplazado. David dio vueltas por toda la casa como un zombi todo el día. Nada le levantaba el ánimo ni lo distraía, ni siquiera su computadora. Todo el tiempo se imaginaba a ese hombre misterioso pasando la tarde con su querida Sol. Las imágenes mentales lo persiguieron y torturaron toda la tarde hasta que cayó la noche. Incluso pensó en mandarle un mensaje disculpándose por negarle su fantasía. Durante la noche el chico se fue a dormir entre lágrimas esperando que el próximo día fuera mejor. Pero no tuvo que esperar tanto. Sol lo persiguió hasta en sus sueños, su cuerpo, su olor, su belleza. En medio de la noche empezó a escuchar una voz familiar en sus sueños, sentía unos cálidos besos y un poco de presión en la entrepierna. Despertó y casi soltó un grito al abrir los ojos y ver que alguien estaba en su cama. La misteriosa figura le tapó la boca rápidamente con un beso. David no entendía nada, todavía estaba un poco adormilado pero poco a poco se fue dando cuenta de quién era la visitante. - Te desperté papi? Le decía Sol riéndose. - Que que haces acá? No estabas bailando le decía el sin entender nada. Creyó que estaba durmiendo todavía. - Me aburrí y me dieron ganas de garchar le explicaba entre besos. La rubia se sentó en la cama y le mostro el hermoso vestido negro súper escotado que había llevado al boliche. El chico se sorprendió ante la semejante mujer que tenía a pocos metros. - Te gusta? Le decía ella apretándose las tetas que parecía que se iban a escapar de ese diminuto escote. - Me encanta pero no podes estar acá. - Vine hasta acá y casi me caigo subiendo hasta tu ventana, así que ahora no me voy sin cogerte papi. Sin perder tiempo ella empezó a sacarse la ropa. Ya desnuda empezó a besar con fervor a David mientras acariciaba su entrepierna. La cabeza del chico le decía que no pero su cuerpo y su corazón querían seguir hasta el final. La rubia le saco la remera al chico y empezó a bajar lentamente hasta el pene de David que estaba casi erecto. Se detuvo en su bóxer y empezó a morder su bulto con delicadeza hasta que ya no aguanto más y empezó a chupar el enorme pene. David sentía una mezcla de excitación y miedo. Ella mientras tanto chupaba el pene del chico con maestría, le comía los huevos y le mordía la punta con delicadeza. - Me guardaste la lechita papi? Decía mientras mordía el pene de David. - ¿Qué haces? Preguntaba el un poco extrañado por las mordidas de Sol. - Te gusta no cierto pajerito? - Se siente raro pero rico le decía el riéndose. Sol subió de nuevo y se empezaron a besar con pasión. A David le encantaba sentir la suave piel de la rubia contra la suya, sus enormes senos en su pecho y sus lenguas chocándose con rapidez. Ella se acomodó encima de él y empezó a montarlo lentamente. Al chico casi se le escapa un gemido pero Sol ahogo el ruido con un beso. - Sssshhhh le decía ella mordiéndole la oreja. - Que loca estas - Es tu culpa por cogerme tan rico papi. La cama se movía por los rápidos movimientos de la rubia que saltaba sin parar encima de David. Sus tetas se movían arriba y abajo cerca de la cara de David que aprovecho y las chupo con fuerza para tapar sus gemidos. Sol por su lado tenía morder la almohada del chico para no gritar. 10 minutos después ella acabo y el chico tuvo que besarla fuertemente para que no se escucharan sus gemidos. - ¿Me extrañaste papi? - Pensé que estabas enojada conmigo. - Mucho pero después de esto ya se me paso. Sol se acostó en la cama y abrió sus piernas para que el chico la penetrara. El dudo por un segundo pero ya era demasiado tarde, la excitación lo había dominado. La rubia cruzo sus piernas por detrás del chico para no dejarlo escapar y el bombeo comenzó. Los 2 hacían un esfuerzo sobrehumano por tratar de no gemir. David le pellizcaba y chupaba las tetas a la rubia que volvió a morder la almohada para tapar su enorme placer. Aparto la almohada del hermoso rostro de su amada y la beso con cariño. Sus cuerpos se fundían en uno solo en la oscura pieza. Una vez más la rubia acabo y el chico le tapó la boca con una mano mientras le mordía las tetas y no paraba de penetrarla. Al terminar se subió encima de la rubia y puso su pene entre sus tetas. Ambos estaban extasiados, ciegos de placer. Sol apretaba el pene de David con sus tetas y le chupaba la punta del pene que sobresalía. Al rato el chico acabo y bañó las tetas de Sol de semen. La cantidad de semen fue tal que un chorro cayó en la cara de la rubia y el otro fue a parar al respaldo de la cama. - Que rico me garchas papi le decía ella mientras chupaba sus tetas llenas de la leche de David. - Sos muy puta y me encanta le decía el riéndose. Los 2 quedaron acostados en la cama acariciándose y besándose con locura. Se estaban preparando para el segundo round. - Me tenes que romper el culo todavía. - Si pero te lo voy a romper en el baño. - Estas seguro? Le decía ella mirándolo con sorpresa. - Si me importa un carajo le dijo el besándola. - Así me gusta. Se levantaron y David abrió la puerta de su pieza lentamente para cerciorarse de que no había nadie despierto. Se acercó a la pieza de sus papas para ver si seguían durmiendo y se tranquilizó al no escuchar nada más que los ronquidos de su viejo. Volvió a su pieza pero no encontró a Sol. Rápidamente la busco por la casa y la encontró en la cocina viendo que había en la heladera. - ¿Qué haces? - Tengo sed le dijo mientras agarraba una botella de agua fría. Al saciarse le paso la botella a David. ¿Me vas a romper la colita bebe? Le decía apretando sus tetas en el pecho del chico. Sabía que eso le encantaba, sentir sus duros pezones en su pecho. - ¿No vas a gritar? - Vas a tener que taparme o comerme la boca porque tu verga es demasiado grande le decía mientras le hacia una paja lenta con sus 2 manos. - Vamos ya no aguanto más. Entraron lentamente al baño y se besaron contra la puerta del mismo. El chico empezó a amasar la enorme cola de Sol. La situación era de lo más morbosa sabiendo que el baño estaba a menos de 10 pasos de la pieza de los papas de David. La rubia le indico que se siente en el inodoro y empezó a petearlo con esa boquita hermosa. Le comía las bolas y le mordía la punta con una destreza envidiable. Todo el placer de David se esfumo cuando escucho unos pasos en el pasillo y una voz que le aterro el alma. - ¿Qué haces levantado a esta hora David? Escuche ruidos. El terror lo invadió y no sabía que responder, se quedó mudo. No sabía que hacer. Mientras tanto Sol seguía entre las piernas del chico chupándole la pija. Esto lo único que hizo fue excitarla más y más. - Tengo dolor de estómago ma. Algo me cayó mal le respondió finalmente David mientras le hacía señas a la rubia para que parase pero ella solo acelero su trabajo. - Eso es por la porquería de dulces que comes. Queres una pastilla? Estas bien? - Estoy bien ma no pasa nada decía tratando de disimular el placer que la rubia le estaba dando poniendo su pene entre sus tetas gigantes. - Avísame si necesitas algo. - Si ma no pasa nada. Su madre se fue a su pieza de nuevo. El chico sintió que le volvía el alma al cuerpo mientras tanto la rubia hacia esfuerzos enormes para no morirse de risa. David la miro enojado pero Sol solo reía y lo besaba. - No es gracioso boluda, mira si entraba. - Ajajaja tenías que ver tu cara papi. Me vas a romper la colita todavía no cierto? - Obvio le retruco el mientras se levantaba y ponía a la rubia contra la pared. David comenzó a contemplar el hermoso orto que Sol había forjado con tantas horas de gimnasio. Empezó a pasar su lengua por la conchita y la cola de la rubia, alternando entre ambos y metiéndole además un dedo en su cola. Sol hacia lo posible para no gemir ante la lengua del chico que le daba un intenso placer. Tuvo que agarrar una de las toallas del lavamanos y la mordió para no gritar. Mientras tanto David seguía su trabajo preparando la cola de la rubia tal y como ella se lo había enseñado. Metía su cara en medio de las enormes y duras nalgas de Sol y chupaba su ano que ya estaba dilatado. - ¿Queres que te rompa el culo putita? Le decía David al oído mientras pasaba la punta de su pene por la cola de la rubia para excitarla más. - Rompeme todo papi no aguanto más le decía ella besándolo. Poco a poco David empezó a meterse dentro de ella, mientras le mordía el cuello y le agarraba las tetas con ambas manos. La carita de Sol se puso toda colorada cuando todo el enorme pedazo de David entro en su colita. Lentamente el chico empezó a moverse disfrutando el apretado culito de la rubia. Las manos del chico pellizcaban los pezones de Sol que mordía con furia la toalla para no gritar. En un momento ella se dio vuelta y lo miro a los ojos a David con la toalla en su boca, lo que provoco que ambos se rían. La rubia soltó la toalla y ahogó sus gemidos en la boca de David que empezaba a moverse más rápido. - Que culo que tenes por Dios. - Todo tuyo papi, rómpeme el orto pendejo hermoso. Una de las manos del chico bajo hasta la conchita de la rubia y empezó a tocarla mientras que lo otra estaba en la boquita de ella que la chupaba como s

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Ttoromocho13Lv1· hace 84 dRelatos

viaje a las cataratas

Viaje a las cataratas Aclaro queeste relato es 100% real. En el otro post anterior me dijeron que era demasiadocorto por eso intente hacerlo a este lo mas detallado posible, no soy buenescritor pero bueno lo intento. Lo importante es contarle lo que me paso.   Mi padrepreparaba un  viaje a las cataras deIguazú al cual me había invita sin ganas le digo que bueno, que si iba a irsalimos un martes me acuerdo, iba la mujer de mi papa, el y yo, en una estaciónde servicio nos juntábamos con la hermana de de la mujer de mi papa con elmarido de ella que iban con una pareja amigos de ellos. Bueno llegamos a laestación y nos llaman diciendo que se iban demorar 1 hora, me dormí una ratocuando siento que mi papa estaba hablando y riéndose, me despierto y veo queeran las 2 parejas con la que íbamos a ir, cuando me percato bien, veo unahermosa mujer de unos 50 años, morocha, hermosa tetas, buen culo y muy linda decara la verdad que era una mujer perfecta, nose por que pero al instante seempezó a despertar el bicho. Bueno emprendemos viaje, un largo viaje en esollegamos a itati provincia de corrientes se hizo tarde asi que nos quedamos apasar la noche y salir de nuevo a la mañana temprano, me baño, me pongo aobservar el rio, hasta ahí todo normal hasta que se acerca la mujer esta amigade la hermana de la mujer de mi papa ( la voy a llamar rosa asi se haga masfácil) nos ponemos a conversar todo normal Rosa: quelindo rio no Yo; laverdad que si, muy lindo Nos quedamoscallados un rato hasta que me pregunta. Rosa: tenesnovia o andas en algo? Yo: no,estoy re solo Rosa: enserio, no te puedo creer, sos muy lindo para no tener novia. Yo: y bueno,pasa que soy medio timido Rosa: a miravos Nos quedamosun ratito hasta que nos llaman a comer, comi un poco y me levante y me fui almismo lugar donde estaba esperado que vuelva la señora, se hacia cada vez mastarde y no iba rosa, ya me había echo la idea de que algo iba a pasar la verdadque me gustaba rosa, encima andaba con un vestido que se volaba a cada rato porel viento. Me agarro sueño y me fui a dormir nomas. A la mañana siguiente medespierto, desayuno mientras conversaba cosas de la vida con la mujer de mipapa, hasta que me dice (cambio elnombre) Lucia: nosabes lo que me dijo rosa Yo: que ledijo Lucia: quele encantas y que le pareces muy lindo que si no fueras tan chiquito ya tecomería De solopensar que ese mujeron pensaba eso, se me paro por completo la pija no lo podíacreer, con todo el valor jaja le dije. Yo: y buenoque pruebe igual, puede ser que le guste Lucia:jajaja ya le voy a decir. Estabadecidido a que pase algo con rosa, tenia como objetivo prenderme como sea deesas tetas hermosa. Después de todo eso nos preparamos para salir rumbo a lascataras y nos damos cuenta que se rompe las bujías del auto ahí nomas penséchau plan, chau tetas, chau todo, no lo podía creer. Nos bajamos a ver quepodíamos hacer y no había caso no andaba nomas, para mala suerte mia era domigoy no habrían los negocio ahí para comprar esas malditas bujías y bueno mi papase decide nomas a pasar el dia ahí hasta el lunes y poder comprar losrepuestos, nos despedimos de los demás veo que rosa me mira, me saluda y memira y se serie, la puta madre. Al diasiguiente me levanto temprano  y voy acomprar las bujías, arreglamos todo y por fin llegamos a las cataratas, llego ala cabaña y lo primero que hago es pegarme un baño, tome algo y rosa me invita a que salga con ella el marido y yo adar unas vueltas en el auto, a bueno esta doña no le importa nada pensé , llegamosdel paseo comemos algo en una galería que tenia esta cabaña, eran cerca de las12 busco una toalla y me meto a la pileta cuando me di cuenta ya no estabanadie en en la mesa, segui un rato ahí hasta que siento que se abre la puertade la cabaña y era rosa con una toalla también encarando a la pileta, o creique se iba a meter por que venía con un vestidito aunque tenia el deseo que selo saque, para suerte mia se lo saca y queda en bikini, que hermoso orto tenia, me quede mirándola un buen ratoal toque se me paro la poronga y no me importaba si se daba cuenta o no. No sesi lo hizo queriendo o no pero quiso colgar la toalla y se le callo cuando lala alzar se agacho apuntando todo ese hermoso culo al frente mío,  Me miro y se rio, sabia lo que provocaba enmi. En eso me pregunta. Rosa: quetal esta el agua Yo: esta muybuena, ni muy fría ni muy caliente Bueno nosponemos a conversar frente a frente de todo un poco, del viaje y me confía quedespués del viaje lo iba a dejar al hombre con el que andaba por que no leseguía el ritmo, en ese momento no me di cuenta lo que me quiso decir muyvirgen yo jaja bueno seguimos hablando de otras cosas hata que me dice. Rosa: meconto lucia lo que dijiste. Yo: quedijo? Respondi con todo el nervio del mundo Rosa: que tepruebe que puede ser que me gustes No me dejodecir nada y me empezó a besar ,ahí me solté me tranquilice y acompañe como sedebía, le empecé a tocar el  orto lo teníamuy firme para la edad que tenia, me anime y le toque la concha. Todo esto bajoel agua, estuvimos un buen rato dele besos hasta que me dice que vayamos alavadero que ahí estaba oscuro, callado sin decir ni una palabra Sali de lapileta y nos fuimos lo primero que hizo al llegar bajarme el pantalón yempezarme a chupar el pingo, parecía profesional Rosa: tegusta bebe? Yo: si doña( no se por que le dije asi) Rosa: no medigas asi, decime putita Rosa: tegusta? Yo: siputita Rosa: quieroque me des toda la leche a tu putita No aguantemas y le mande toda la leche en la boca, estaba tan cargado que le llene del  veneno la boca, me limpio un poco y la pongo dándomela espalda y le empiezo a chupar todo ese hermoso orto, jamas en mi vida había chupadoculo pero era tanta la excitación que sin dudarlo lo hice, pase la lengua portodos lados, me paro y empiezo a culearla, que rico se sentía era un espectáculoles juro que no lo podía creer, me la culee un buen rato fueron como 20 minutosmas o menos, por cada chirlo que le daba largaba un gemido, ninguno decía niuna sola palabra lo único que me dijo es que cuando este por acabar que leavise asi le acabe en la boca de nuevo, le encanta la leche a la putita, ya noaguante mas saque la la poronga y se la mande en la boca me chupo 10 segundos yle volvi a largar todo el jugo, me miro, se rio y se lo trago. Fue laexperiencia más bonita de mi vida, se fue ella primero a su cabaña sin decirnada y por atrás me fui yo. Espero queles haya gustado, hay una 2da parte cuando me la culeo a la hermana de la mujerde mi papa y a la amiga. Avisen si quieren la 2da parte.    gracias

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MmartinfcdLv1· hace 99 dRelatos

La hermosa novia de mi vecino. Y cómo la trata.

Sobre ciertas situaciones que suceden en la vida es difícil opinar o tomar posición. Yo les voy a contar lo que pasó y ustedes saquen sus propias conclusiones. Son libres de dejarme su visión en los comentarios. El barrio donde vivo es un barrio típico del buenos aires que se aleja un poco del concurrido centro de la ciudad (no quiero dar mucha presición, entenderán por qué). La zona está más bien compuesta por casas que no superan las dos plantas, algunos edificios de no más de 4 pisos y muchas propiedades que se ubican entrando por un pasillo, más o menos largo, que alberga 3, 4 o, a veces, más departamentos consecutivos.   En un departamento de estas características (el segundo entrando desde la calle) vivo, cómodamente, hace varios años, con mi hermosa mujer y mis hijos. Uno pequeño y dos en edad escolar. Digo 'mi hermosa mujer' porque así lo siento, a pesar de los años que llevamos juntos. Mujer fuerte, directa. Maneja su vida y sus cosas con determinación. Nunca duda. Siempre tiene una respuesta precisa para cada cosa. Jamás se equivoca. Es realmente admirable.   Los años no hicieron más que mejorarla. Su atractivo está intacto. Al día de hoy, su elegante andar representa para los más burdos caminantes, la oportunidad de regodearse, tanto al verla venir como al verla irse. Y, a pesar de los tiempos de cambio que vivimos, siempre se topa con algún improvisado poeta callejero que define con palabras más o menos soeces lo que el físico de mi mujer despierta en él.   Disculpen ustedes si no la describo con mayor detalles. Considero a mi esposa como algo sagrado, no de mi pertenencia, pero sí de mi privacidad. Además no es sobre ella la historia.   Debo aclarar tambien, si es que aún no lo notaron, que soy una persona formada en valores que hoy en día muchos tachan de antiguos o anticuados.   Padre de familia, marido ejemplar, amigo incondicional, miembro honorable de la cooperadora de la escuela y de la dirigencia del club al que concurren mis hijos, etc. Son las actividades, y mi desempeño en ellas, lo que mejor me definen.  Además, por creencia, fe y gusto personal, asisto a la iglesia todos los domingos y días festivos. No solo como oyente, sino que eventualmente me ofrezco para dar una mano en lo que se precise. Con el tiempo, aunque no hice carrera religiosa, me volví un referente, un pilar de la congregación. Muchos me ven como una persona cuyo consejo es válido y alentador en situaciones complicadas de su vida.   Hasta acá hablé de mí. Ahora les comienzo a contar lo que sucedió. Como les dije, yo vivo en el segundo departamento del pasillo. En el tercero vive una señora grande, sola, que muy de vez en cuando recibe alguna visita familiar. El cuarto departamento, el último al fondo, se encuentran vacío hace mucho tiempo. Y adelante, en el primer departamento vive Hernán.   Bueno, no solamente Hernán. Vive también su mujer. O su novia, no sé bien cómo llamarla. Rocío es su nombre. No hace mucho que están juntos (pocos meses, diría) aunque ya conviven y son padres de una criatura de unos seis meses o poco más. Tal vez ese es el verdadero motivo de la convivencia tan apresurada. Conozco a Hernán hace muchos años. Desde que me mudé a esta casa. Era el hijo de Zulma, la propietaria del departamento. Cuando lo conocí estaba casado pero, sorprendentemente para su corta edad, en proceso de separación. Por eso, al tiempo, se mudó adelante, con su madre, hasta que ella falleció (cosas de la vida) y él terminó siendo dueño de su propio espacio, donde poder disfrutar a pleno de su recuperada soltería.   Ví desfilar muchas chicas por ese departamento. Muchas y muy bien formadas. Realmente, Hernán, se había convertido en la envidia de todo aquel al que le gusta pasar su vida explorando las delicias de la compañía femenina, sin compromiso. Gastando vanamente sus días en poseer los cuerpos de aquellas mujeres de las más variadas y extravagantes formas. Devorando esos cuerpos, jóvenes y bellos, hasta el hartazgo y luego descartandolos para saciar su sed en otro cuerpo de igual o mayor voluptuosidad, o tal vez en busca de pieles menos experimentadas, o vaya uno a saber qué. Muchas pasaron por ese departamento. Con algunas me tocó cruzarme en el pasillo alguna mañana al salir a trabajar. He visto sus caras y sus cuerpos y tengo que admitir que he sentido, en la mayoría de los casos, pena. Pena, de ver a estas chicas de tan hermosa figura y porte, derrochando el momento más valioso de su juventud. Entregadas, pareciera que con gusto, al destrato que mi vecino les proporcionaba. Pena, de ver en sus caras trasnochadas, luego de una noche plena de lujuria, la desazón de no tener un rumbo...   Muchas noches hemos escuchado con mi mujer, a través de las paredes, gritos y gemidos de los más variados, que desde la casa de adelante llegaban, más o menos fuerte, hasta nuestros oídos. Esa, era una situación que a veces nos causaba gracia, a veces indignación y a veces (por qué no admitirlo, después de todo vivimos nuestra felicidad de pareja de la manera que corresponde) estímulo. Quiero decir, nos levantaba el candor necesario para disfrutar de nuestros cuerpos, con pasión. Pero siempre con respeto y  responsabilidad, con afecto y contención mutua. Por supuesto, muy distinto , por lo que se escuchaba, a la manera en que, del otro lado de la pared, se desarrollaban las cosas.   Siempre certera, mi mujer, me comentaba al respecto, la tristeza que le generaba el sinsentido con el cuál el vecino llevaba su vida, la reprochable liberalidad de sus 'amiguitas' (la mayoría no duraba mucho tiempo y eran, en general, personas desagradables, desfachatadas). "Que bien le vendría a Hernán encontrar alguien con quién sentar cabeza...". Opiniones como éstas, llenas de sabiduría, eran comunes en mi mujer. No solo al respecto del vecino: al respecto de todo. Todo el día. Siempre admiré su elocuencia y su capacidad de expresar, a cada situación que se le presentara, su parecer tan lleno de bondad y precisión.   Claro que no todas las mujeres que pasaron por el departamento de mi vecino generaban rechazo o antipatía. Por ejemplo, con Rocío, la actual pareja, la cosa fue distinta desde el principio. Ella era distinta. No me refiero solamente a su condición física, que, como la mayoría de las 'amigas' de Hernán, genera una inmediata admiración visual. La belleza de ella no se limita únicamente a sus más que evidentes grandes y armoniosas curvas, sino también a su carácter, a su simpatía. Rubia de cabellos largos y lacio, ojos cristalinos, sonrisa amplia y sincera. Aparentaba ser casi una niña, aún. Transmitía inocencia y paz. Siempre recuerdo la primera vez que me la crucé. "Buen día, señor", me dijo. Yo me reí y le dije algo así como que me había agregado varios años gratuitamente. Entonces ví relucir sus blancos dientes enmarcados en esa boca rosa, brillante de rimel, y formar la sonrisa más hermosa que jamás haya visto. Recuerdo el impacto de la sorpresa y el magnetismo que me causó ver su mirada de grandes y claros ojos verdes. Recuerdo cómo los entrecerró un instante, al sonreír, y la desesperación que me golpeó el pecho por querer verlos abiertos nuevamente, mirándome.   No fue mucho más que eso nuestro encuentro pero al pensar en ella la recuerdo así, ataviada en ese vestido de tono intenso que se ajustaba a presión sobre el contorno de sus caderas, moldeando su cintura y apretando y realzando sus pechos, a la vez que, a la altura de sus muslos, la tela, más suelta, se liberaba al vaivén del viento, desnudando sus torneadas piernas, casi hasta su ropa interior. Esa imagen ocupo gran parte de mi mente ese día y los días siguientes.    Varias veces tuve el agrado de cruzármela en ese entonces. Y digo agrado porque, realmente, Rocío, es una persona dulce y afectiva. Bastante centrada y pura en su forma de pensar, lo que me generaba cierta extrañeza, al intentar imaginar cómo había llegado a estar en pareja con el irresponsable de mi vecino. En fin, Dios a veces se mueve de formas misteriosas.   En una de esas charlas que tuvimos la noté interesada en varias de las actividades que me tocan ejercer y tuvimos un intercambio de redes sociales. Por eso, puedo asegurarles que Rocío no es como otras mujeres que rondaron a mi vecino. En las fotos que publica en sus redes está la prueba. Sí, hay fotos de ella en mallas diminutas, de esas dónde muy poca piel queda cubierta, pero siempre se dan en alguna situación de veraneo. No como las otras que no dudan subir imagenes en ropa interior para que cualquiera las pueda ver. Tampoco tiene esas selfies sacando la lengua o tocandose con un dedo la boca o los dientes que tantas otras amiguitas de Hernán usan de imagen de perfil. Ella no. En su imagen de perfil brillan sus diafanos ojos y destaca su prístina sonrisa. Aunque use vestidos osados, es recatada. Se nota. Lo que no impide ver su belleza. Al contrario, la engrandece. La hace más linda aún.    Hay un tiempo para todo. Eso lo aprendí de  chico y lo comprobé con el paso de los años. La obsesión con Rocío (aquella preciosa y pequeña muchacha que estaba en pareja con mi vecino Hernán. Aquella que, a pesar de la notoria diferencia de edad que nos distanciaba, se apoderó, absurdamente, de mis pensamientos), la detecté a tiempo, y deduje que era algo que no podía durar. No para mí. Para una persona de mi posición. Con los pies fijos en la tierra y la vista, firme, en el cielo.   Mi mujer, mis hijos, mis actividades y compromisos con la sociedad, son la prioridad.     Pasados varios meses me enteré de su embarazo y de su mudanza al departamento de adelante. La sensación fue ambigua. Por un lado me alegraba de tenerla cerca (la considero una persona valiosa, con potencial), además que esta situación significaba una nueva vida para Hernán, una oportunidad donde podría, finalmente, madurar a la altura de una persona acorde con su edad. Por otro lado sentí cierta inexplicable desazón . Quizá era el intuir que las cosas podrían no salir tan perfectas como era mi sincero deseo para ambos...   En fin, el tiempo fue pasando y la pareja se veía bien. Ella, hermosa como siempre, llevaba su panza, cada vez más grande, con soltura y gracia. Era una delicia poder admirar esa joven piel, brillante y sedosa, aumentar de volumen, albergando el milagro de la vida en su interior. Las situaciones empezaron poco después. Cuando el bebé ya había nacido. Primero fueron leves desacuerdos, en donde uno u otro, muy de vez en cuando, levantaba la voz. Todo parecía denotar que algo no andaba bien ahí. Los excitantes gritos que solíamos escuchar a través de esas paredes fueron suplantados por fuertes discusiones, a veces cargadas de insultos, que no siempre dejaban en claro quién tenía razón. El ritmo y el volumen de aquellos planteos crecían a la par del bebé.   A veces, tras un par de días de paz, volvían a la carga con más ímpetu. Esta situación nos tenía mal a mi mujer y a mí. Pero ¿que se puede hacer en situaciones así? Si bien eran nuestros vecinos, no eran nuestros amigos. Tampoco podíamos ir, de repente, a decirles que estábamos al tanto de todo lo que se decían entre ellos porque era, un poco, invadir su privacidad. No nos quedaba otra opción más que rezar y desear que la situación se remediara de la mejor manera posible.   Pero eso, a mí, no me dejaba dormir tranquilo. Tarde en la madrugada escuchaba los reproches que mi vecino le hacía a su pareja casi a diario. Recuerdo esa oportunidad donde el enojo era porque, aparentemente, ella no uso corpiño por debajo de la ropa esa tarde, y él, que había recibido unos amigos de visita, la acusaba de haber andado demasiado libremente por la casa, dejando entrever sus pezones, que se transparentaban por debajo de la ropa puesta, a la vista de cualquiera. La trataba de fácil, de calientapijas, de querer levantarse a sus amigos. Ella lloraba y se defendía "¿Que querés que haga? Si estoy amamantando..."   No podría tomar posición en esa discusión. Realmente, imaginar esos pechos, grandes de por sí, aum

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Nnocool01Lv1· hace 99 dRelatos

Luli y la peti

Hace 5 años, tuvimos la posibilidad de pasar un buen momentocon Luana, Luana, o Luli, para los amigos tenia 20 años, era compañera depromociones de mi señora, Luli era re piola, con la imagen típica de una rubiacheta, cara de orto, parecía re creída la pendeja, todo eso es lo q yo sentícuando la peti me la presentó, ella es de familia de guita, corredor de bolsael viejo, la vieja dueña de una inmobiliaria muuuy conocida.  Recuerdo que eran losprimeros días del mes xq ellas habían cobrado una promoción q hicieron paraGillette, fue la última promo de mi señora, x eso lo recuerdo.  Estábamos en casa conmi señora preparándonos para ir con amigos a un barcito copado frente alcementerio de recoleta, teniamos todo arreglado ya, mientras busco las llavesdel auto a la peti le llega un audio de whats donde Luli la invitaba a salir atomar algo x su barrio (puerto madero), mi señora no sabia q hacer asi q laayudé a decidir con una simple pregunta "esta buenaluli?"......buenisima, me respondió, listo vamos con Luli entonces......  Llegamos a su casa,esperamos q bajara de su depto mientras fumabamos un cigarro, hacía frio, elviento de puerto madero me daba mas frio aún, pero me encantaba la noche, alrato veo q baja una rubia tremenda, una bomba la pendeja, cara de orto mal,pensé q debía irme yo y dejar q salieran ellas solas, pero cuando me saludó conun beso tenia un olorcito a escabio y pefume, una mezcla q hizo q me volvieraloco, asi q me quedé, fuimos a tomar algo a Lupita a orillas del rio, se largó allover y nos vimos obligados a irnos, caminamos unas cuadras hasta su casadonde habiamos dejado el auto y escucho q Luli le dice a la peti, "quierenpasar asi tomamos algo más?, o tu marido tiene q laburar????"..NO!!!grite, mañana no laburo, nos reimos y subimos, tomamos de todo, fumamos unoshabanos y un porrito q Lu tenía, eran como las 4 de la mañana y por el alcohol,el faso, yo q sé, empezaron a joder entre ellas, claramente todo termino en lacama, me aclaró q no quería q filmara xq su cara podía hacerse conocida y ellatenía un novio q vivia en Brasil al q no queria perder, tranqui le dije, y mesenté a mirar mientras jugueteaban solitas, no daba mas yo de la calentura,para distraerme mientras sentado fumaba y las veia saque el celu y algo pude filmar,les aseguro q fue una noche espectacular.......Luli y la peti

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LLazarus_Lv1· hace 100 dRelatos

Mi compañera de trabajo me da clases de sexo

Había egresado de la escuela, y todavía faltaban unos meses para  comenzar la universidad. Quise, por primera vez, vencer mi pereza y aprovechar el tiempo, ganar un poco de dinero para el próximo año. Con el fin de sortear el suplicio de levantarme temprano, opté por un trabajo nocturno, en un bar del centro de la ciudad, al que había ido algunas veces como cliente. El horario era desde las 6 de la tarde hasta las 2 de la mañana, me acomodaba, al fin y al cabo a esa hora me estaba durmiendo, jugando algún videojuego, o viendo series hasta me venciera el sueño. No fue tan difícil que me aceptaran, en esa época del año la vida nocturna aumenta bastante, y suelen necesitar trabajadores temporales. Me pusieron de mesero, les preguntaba a los clientes que querían pedir, y llevaba el mensaje a la barra, a veces el ritmo era frenético, agotador, pero poco a poco me fui acostumbrando. Pero nada de esto es importante, no les vine a contar la historia de como fui aprendiendo a hacer mi trabajo. Les vengo a contar como fue que mientras todos querían bebidas alcohólicas, yo lo único que quería era follarme a Clara, la de la barra. Desde el primer día, o más bien, desde el primer minuto, me fijé en ella. Debía tener unos treinta años, un rostro que era como una obra de arte espontánea, un poco morena, la nariz respingada, los rangos definidos, una suerte de geometría amable que le daba una belleza casi matemática, los ojos entre marrones y verdes, unos labios no muy grandes, pero atractivos, y el pelo ni muy largo ni muy corto, suelto, libre, negro. Y vamos bajando, sus pechos no precisamente grandes, pero firmes, llenos de vida, no necesitaba sujetador, se mantenían, por si mismos, en la posición adecuada. Casi siempre se vestía con una camiseta apretada, que dejaba ver una parte de su vientre, desde ombligo hasta el comienzo de sus leggins, era un viente delgado, y daba la impresión de ser un tanto duro, ejercitado, pero no demasiado. Como dije, no usaba sujetador, y, por lo mismo, usualmente solía notarse el relieve de sus pezones, esos dos puntitos que me distraían de sus dos ojos, cuando llegaba con el pedido, y se me olvidaba todo. Y bueno, todavía falta lo mejor, su culito, era, y no exagero, perfecto, el tamaño justo, como dos manzanas deliciosas, y he decir lo mismo de sus muslos, todo en ella tenía el punto justo entre el volumen y la delicadeza. Siempre he sido un poco tímido, y en este ocasión más aún, pues ella tenía alrededor de treinta años y yo apenas dieciocho, y mis experiencias se limitaban a algunos besos, lamentablemente, así que difícilmente me atrevería a decirle algo más que los pedidos, y menos aún a hacer explicito mi interés. Pero las mujeres siempre perciben el deseo, y a ella lejos de molestarle, parecía gustarle. Cuando cerrábamos, y todos se iban, nos quedábamos más o menos una hora a limpiar el lugar. Y dado que no es precisamente seguro caminar por la calle a las tres de la mañana un día se ofreció a llevarme en su auto. Yo, bastante nervioso, acepté. Ella intentaba iniciar la conversación, pero yo me limitaba a responder con monosílabos. Cuando llegamos nos despedimos de un beso en la mejilla, o más bien en la comisura, y luego me regaló una pequeña sonrisa, y me dijo tranquilo, no pasa nada, acariciándome la pierna, peligrosamente cerca de mi pene, que levantaba mi pantalón, completamente erecto. Estoy seguro de que se dio cuenta, pero no hizo nada más que mirar mi bulto unos segundos, levanto la mirada y me dijo - Te doy permiso para pensar en mi cuando tengas que liberar esa tensión que no te dejara dormir -, me despedí y me baje del auto, sin entender del todo lo que había pasado. Era cierto, tenía que liberar esa tensión y imagine un escenario ligeramente distinto de esa despedida en el auto, ella bajando el cierre y dándome la mamada de mi vida. En una ocasión, ya habiendo cerrado, nos íbamos a una suerte de patio trasero, a fumarnos unos cigarrillos antes de irnos, generalmente éramos cinco o seis personas los que participábamos de esa tradición, pero esa vez, todos se fueron yendo y nos quedamos solo nosotros dos, y yo ya no respondía con monosílabos, nos divertíamos conversando, me gustaba hacerla reír, y escucharla. Me dijo que llevaba 5 años trabajando ahí, pero estaba aburrida, quería irse, viajar, probar suerte en alguna parte de Europa, aprender idiomas, vivir nuevas experiencias. Yo le dije, no parece que estes aburrida, cumples muy bien con tu trabajo, los clientes van una y otra vez a la barra, y directamente hacía ti. - Es que tengo un secreto - me dijo, y me tomo el dedo indice, y lo llevo a su pezón, se fue acariciando lentamente, en círculos suaves, primero uno, después otro, y luego me salto la mano, ahí estaban, sus pezones marcaditos, y mi mirada sin poder despegarse de ellos. - Adentro no siempre hace frío, tu más que nadie lo debe saber, si siempre estas caliente, dijo mirando mi bulto - y yo en un acto de valentía, tome su mano, y la puse suavemente sobre mi polla, por  sobre el pantalón, - Para equilibrar las cosas, tu diriges mi mano, yo dirijo la tuya. Se rió y me dijo - Ya se hace tarde, mejor me voy ahora antes de que pase alguna otra cosa. Nuestras conversaciones post trabajo se fueron haciendo una costumbre. Ella solía contarme sus experiencias amorosas, sexuales, y yo no tenía mucho que contarle, y para no mentir, decidí ser honesto - Apenas he dado algunos besos, y creo que ni eso hago bien -, - Bueno, yo te puedo enseñar, solamente con intenciones pedagogicas, ya sabes - me respondió, y se acerco a mi boca, abre un poco la boca, no tanta luego, ve de a poco, que nuestras lenguas jueguen, pero tímidas, cosas así me decía y yo me aplicaba en mi estudio. Cuando ya llevábamos varias clases, y casi sin pensarlo, le puse la mano en el culo, apretando un poco  esa fruta deliciosa,  - Ey eso no te le enseñado -  -Bueno, bueno, estoy adelantando lecciones, soy un buen alumno - - Mmmm, me mereces un premio - Acerco su boca a mi cuello, y me comenzó a dar besos mínimos, apenas rozándome con la puntita de la lengua, dándome pequeñas mordidas, mientas con la mano me acariciaba el bulto, suavemente, abriendo y cerrando los dedos. Difícil explicar el placer que experimenté al sentirla en mi cuello. No estaba preparado para eso, y acabé sin apenas empezar. Aunque ella estuvo lejos de reprochar mi entusiasmo. Metió mi mano dentro de mi calzoncillo, y la sacó cubierta de leche, para luego lamerse la palma de la mano. "Para equilibrar un poco las cosas, yo saboreo, tu sabores" - Me dijo y tomo mi mano, deslizandola por dentro de su leggins apretado. Sorprendentemente, no llevaba braga, una vez adentro, recorrí su concha, empapándome con sus jugos, y justo antes de que me atreviera a ír mas alla con mis dedos, saco mi mano. Yo hice lo unico que podía hacer, lamer la palma de mi mano, saborear su calentura. Desde ahí las cosas solo fueron a más. El momento clave fue cuando en vez de llevarme a mi casa, me llevó a la suya, y me invitó a pasar. Una vez adentro me dijo que teníamos que seguir con las lecciones. Y vaya que aprendí las semanas siguientes. Lamí sus pezones, ligera mi lengua circulando por su areola, los  mordía apenas, con cuidado. Escuche sus gemidos, a veces susurros, a veces gritos destemplados. Aprendi que hay que ir de a poco, bajar por su viente, deslizar mis dedos por sus brazos, por su espalda. Recorrer, un largo tiempo, la parte interior de sus muslos con mis labios, reconocer el terreno, acostumbrarme a su cuerpo, permitir que, de a poco, su conchita se humedeciera, como un lago en el que pronto podría sumergirme, o más que un lago, una terma. Y bueno, lo que más me gustaba, lamer su concha, tomarme el tiempo necesario, beberla, probarla, sentir su sabor empapando mi cara. Dejar el clitoris para después. Primero apenas respirar, de cerca, demostrarle mi entusiasmo con mi aliento agitado, dejar que la toque el viento. Después posar mi lengua, como un ave aterrizando, hacer presió, soltar, hacer presión, soltar. Después recorrerla de arriba a abajo, sin apuros, y recién ahí, concentrarme en su clitoris, ahora más rapido, mi lengua tiritando en el tembloroso de su sexo. Finalmente, los gemidos destemplados, su espalda arqueada, su vientre contrayéndose, mi cara, mi sonrisa, empapada.  También se trataba de recibir el deseo con paciencia, mirarle los ojos cuando me lamía la polla con maestría, rodeando con su lengua mi glande, recorriendola desde la base hasta la punta, verlo entrar completamente en su boca, eyacularle la carita sonriente. Y aun no hablado de entrar en ella, de penetrarla atento, conociéndome, evitando que el entusiasmo me juegue una mala pasado, sentir sus paredes, percibir como se aprietan masajeándome la polla, irme dentro de ella, caer casi dormido sobre su cuerpo. A esa altura merecía otro premio. Me dijo acuéstate, me dijo quédate quieto, y se sentó, suavemente, en mi cara, con su concha en mi boca, frotandola cada vez más rapido, empapándome todo el rostro, chorreando su fluido por mi cara. Y que alegría sentirla cabalgar, sentir todo su deseo reposando en mí, como una fuerza natural ante la que solo me quedaba deslumbrarme. Todo eso aprendí de ella. Se acababa el verano, se acababa mi trabajo, pero también el de ella. Iba hacer lo que me comentó, irse, viajar, conocer, jugarse su destino en otras latitudes, dejar de estar aburrida. Al principio me apenó, no podía aceptar que ese idilio terminara, era como tener un sueño delicioso, y luego despertar, y darse cuenta que no era cierto. Pero con el tiempo, a medida que quedaban menos días para el desenlace, fui comprendiendo que el ciclo, había terminado, que el destino nos había juntado para aprender, para habitar el placer como un refugio de fuego, pero siempre llega la hora de abandona el refugio, de lanzarse a caminar por la intemperie. El ultimo día se acerco a mí y me pasó un cajita, - Abrela cuando llegues a tu casa - Me dijo. Lo primero que vi fue una carta, en un sobre, y una bolsa de negra, de plástico. Primero leí la carta. "Que locura estos meses. Creo que no hay lugar de mi cuerpo por que no hayas visitado con tu lengua. Y, a veces, cuando me estoy quedando dormida, siento que el eco de mis gemidos sigue dando vuelta por mi habitación. Te extrañare, extrañare tus palabras, tu polla, tu leche, tu verga hundida en mi como una espada generosa. La atención con la que me comías la concha, como si fuera lo más delicioso que has probado. Y ese orgasmo que me diste solo besando mis pezones, fue largo como un verano. Te dejo un regalo para que no me olvides." Abrí ansioso la bolsa negra, y adentro encontré sus bragas, absolutamente empapadas, las acerque a mi cara y las olí, como quien sale a la superficie tras estar sumergido mucho tiempo en el agua y respira la mitad de la atmósfera. Así las olí, y me masturbe pensando en ella, al fin y al cabo, cuanto todo empezaba, me había dado permiso para hacerlo, para aliviar la tensión que no me dejaría dormir. Se habían acabado las lecciones, y ya era hora de entrar a la universidad, la verdad que comenzaría mis estudios bastante preparado, había adelantado algunas asignaturas, y estaba deseoso de poner en practica mis conocimientos.

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