#Valen
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Gordita infiel en una fiesta
Acá de nuevo yo, Valentína, hoy les voy a contar lo que me pasó hace unas semanas. Resulta que hace más o menos 15 días, unos amigos de la infancia organizaron y me invitaron a una reunión, lo que menos me iba a esperar es que terminará cogiendo con uno de ellos. Antes de la reunión me puse en contacto con alguna de mis amigas con las que me juntaba cuando era chica, me dijeron que esa noche iban a ir a la casa de Celeste, una de mis amigas que iba a poner la casa para que nos juntemos, y que estaban ansiosas de volver a reencontrarnos. Bueno la cuestión es que llegó la noche, me preparé, me puse una linda tanga u un vestidito negro que me marcaba mucho mis grandes tetas, y no me cubría mucho el culo, pero era el más lindo que tenia. Yo fui una de las primeras en llegar, junto con Carla, una de mis amigas, después fueron llegando los demás, hasta que estuvimos todos, seríamos unas 10 personas, 6 chicas y 4 chicos, entre ellos Matias, uno de los chicos que me gustaba y con el cual coqueteaba cuando era chica. La noche fue transcurriendo lo más tranquilo, pedimos unas pizzas para comer, y despues nos pusimos a jugar al truco mientras empezamos a tomar Fernet, Gancia, Vodka, Daikiris, bueno en fin todo lo que se suele tomar en una fiesta. La cuestión se puso interesante cuando Matías se vino a sentar al lado mío para supuestamente ayudarme a jugar porque yo no sabía mucho, pero esa no era su verdadera intención, porque mientras yo prestaba atención al juego, notaba que el me miraba las tetas, y de repente siento como Matías me empieza a acariciar el muslo, yo no sabía qué hacer, y nosé porque lo deje que siguiera, pense que iba a quedar ahí, pero su mano fue subiendo poco a poco, hasta que la metió debajo de mí vestido, me acariciaba la entrepierna, el costado interno de mí muslo, pero sin llegar a tocarme la concha. Fue ahí cuando lo mire y le puse cara de "qué estás haciendo", pensando que con eso iba a reaccionar e iba a sacar su mano de mí entrepierna, pero no, todo lo contrario, me miró a los ojos y me tocó la concha por encima de la tanga, yo ya no sabía que hacer, si sacarle la mano, o si dejarlo para ver hasta dónde llegaba, y eso hice, supongo que por el morbo y por la calentura no hice nada y dejé que siguiera, se ve que él entendió el mensaje y siguió tocandome, al principio me acariciaba por encima de la tanga, hasta que siento como con un dedo me corre la tanga y me empieza a acariciar el clítoris, yo ya estaba re caliente, ya no me importaba el juego, solo estaba disfrutando de cómo me estaba tocando Matías. Estuvimos un ratito así hasta que mire su entrepierna y note un tremendo bulto, yo ya sin vergüenza agarre y le empece a acariciar la pija por encima del pantalón, hasta que el muy zarpado agarró y saco la pija y me dijo al oído: "ahi la tenés, para que la toques bien", por suerte todo esto pasaba abajo de la mesa, por lo que con mucha disimulacion, y conteniendonos los gemidos, los demás no se podrían dar cuenta de que nos estábamos masturbando mutuamente enfrente de ellos. Estuvimos así hasta que se acercó nuevamente a mí pido y me dijo:" te espero en el baño para terminar todo esto como debe ser", y se levantó y dijo a todos "voy al baño", y se fue, yo me quedé unos minutos ahí en la mesa, y mientras seguía jugando pensaba que hacer, si ir al baño, en donde seguramente termine cogiendo con Matías y volvería a ponerle los cuernos a Juany, o quedarme con la tremenda calentura que me había generado Matías, y serle fiel a mí novio. Hasta que me decidí y después de levantarme le pregunté a Celeste donde había dejado mí cartera que tenía que buscar el cargador para conectar mí celular, ella me dijo que la había dejado en su habitación, que queda enfrente del baño, fui a buscarlo y cuando pase por el baño vi la puerta entreabierta y la luz prendida, me asomé y lo vi a Matías sentado en el inodoro tocándose la pija, cuando me vió me dijo "sabia que ibas a venir putita", yo le dije que quería probar a ver qué tan bueno era, y me dijo "entra y te muestro", yo iba a entrar pero en un segundo de lucidez le dije que no, que en el baño no porque iba a ser muy obvio, y le dije "mejor vamos a la habitación de celeste, que yo les dije que iba a poner a cargar el celular, y si nos llegan a descubrir juntos en la habitación podemos decir que viniste y nos quedamos charlando después de todo el tiempo que no nos veiamos", y sonriendo me dijo "ah estás en todo zorrita, se ve que tenés ganas de coger pero no querés que todos sepan que sos tremenda puta", yo le sonreí y le dije "vas a venir o que". Ahí nos fuimos los dos a la habitación de Celeste, ni bien entramos, cerramos la puerta y nos empezamos a besar, el me metía mano por todos lados, me besaba desesperado, se notaba que estaba recontra excitado, hasta que agarró y me tiró en la cama, me bajo los tirantes de mí vestido, quedándo mis enormes tetas al aire, y me empezó a chupar los pezones, los mordía fuerte y después me los besaba, parecía un bebé, estuvo así un ratito hasta que se decidió y bajo hasta mí cadera, me levanto el vestido, me sacó la tanga y me empezó a chupar la concha, yo ya estaba entregada, solo gemia, estuvo unos cinco minutos chupándome la concha, hasta que siento que se para, saca su pija, me la acerca a mí concha y me la intenta meter, pero le digo "espera, primero te la quiero chupar, te la estuve tocando durante media hora, y ahora no me la querés dejar chupartela", a lo que me responde "está bien putita, chupamela, pero espero que valga la pena el demorar la cogida", con sus palabras no hizo más que incentivarme a qué haga el mejor sexo oral de mí vida, y eso hice, me arrodille adelante de su pija y se la chupe durante unos 5 minutos, en donde él no dejó de gemir, mí lengua no dejaba de pasar por la cabeza de su linda pija, hasta que me agarra la cabeza me hace chupársela más rápido y después de metermetala toda en la boca empieza a acabarme, yo sentía sus lechazos en mí garganta, empecé a toser y a desesperarme porque él no me soltaba y seguía con toda su pija dentro de mí boca, hasta que se digno a soltarme y me saque la pija de la boca, mientras escupía toda la leche, el me miraba y riendose me dijo *que paso putita te atragantaste con algo?", Yo no dije nada, me limpie y me levanté, me molestó que haya hecho eso y encima que me haya acabado sin avisarme. Enojada me empecé a acomodar la ropa e ir para donde estaba la puerta, me iba a ir hasta que me agarró por atrás, me puso de espalda a la pared y me dijo "vos no te vas, perdona que te hice eso, estaba muy excitado y me deje llevar", yo le dije que estaba bien que no pasaba nada pero que me quería ir con las chicas, a lo que me responde "vos de acá no te vas sin coger conmigo" y tocandome la concha me dice "mira como tenés la concha toda mojada, no te pienso dejar así, tenés que sacarte está calentura, y que mejor que con mí pija", yo ya excitada nuevamente por cómo me estaba colando los dedos le dije "bueno dale, pero que sea rápido", terminé de decir eso y me llevó de nuevo a la cama, me sacó el vestido, me puso en cuatro y sin más preámbulos me la metió toda de un golpe, yo pagué un grito, y empecé a gemir, me estuvo cogiendo durante unos 10 minutos, hasta que me la sacó, se acostó en la cama y me dijo "veni, cabalgame como la buena putita que sos" yo obedecí y me dispuse a cabalgarlo, el estaba enloquecido con como rebotaban mis enormes tetas producto de mis movimientos, me las tocaba, apretaba y me decía "por esto me gustas, porque sos una gordibuena, tenés unas tetas enormes puta". Yo seguí cabalgando unos 10 minutos cuando me dijo "ya estoy por acabar, te voy a acabar adentro", yo sorprendida le dije "Ya vas a acabar? , Pensé que ibas a durar un poco más, si acabaste hace poco" a lo que me respondió "si, ya se, pero te estás moviendo muy bien, y me calienta mucho ver cómo rebotan tus enormes tetas", por lo que le digo "está bien, pero no me acabes adentro porque no me cuido y puedo quedar embarazada" entonces me dice "bueno, entonces te acabo en las tetas", yo me baje de arriba suyo y me arrodille, con un brazo me junte las tetas y con la otra lo pajeaba, así estuve un mínuto hasta que me dijo "ahí viene la leche para tus grandes tetas gordita puta" yo le sonreí y aceleré el ritmo de la paja, hasta que me acabó, fueron cinco o seis chorros de leche que cayeron en mis dos tetas, literalmente me las llenó de leche. Cuando terminó de acabarme, me puse a buscar unos pañuelos que tenía en mí cartera para limpiarme las tetas, pero de lo que no me di cuenta es que él siguió pajeandose mientras me miraba las tetas lecheadas, yo ya estaba limpiandome y siento que me agarra del pelo me hace mirar para arriba, me acerca la pija y me empieza a acabar en la cara, esta vez fueron 4 chorros, suficiente para llenarme de leche toda la cara y un poco del pelo, yo no lo podía creer, recién me terminaba de limpiar las tetas, y ahora tenía toda la cara llena de leche, busque otro pañuelo y me limpie la cara, cuando termine, Matías ya se había cambiado y estaba esperando sentado en la cama, yo me levanté, busqué mí vestido y me empecé a cambiar, cuando terminé de cambiarme me acerque a él, le di un beso y le dije "sos un hijo de mil puta, pero me encantó, yo te hablo y arreglamos para que repitamos esto", él me miró y me dijo "a mí también me encantó, y sabía que ibas a querer repetir lo de hoy", yo agarré mí bolso, mí celular, y salí de la habitación para volver a donde estaban todos.
La vecina de enfrente
Dentro de mis experiencias, siempre me ha gustado destacar la que me ocurrió con la vecina de enfrente del edificio donde vivo. Notaba en su mirada que desde hacía tiempo yo le gustaba, y ni corto ni perezoso, un día en el ascensor le pedí su número de teléfono. Aquello era el inicio de una aventura. Hacia unos cuantos meses que había roto con mi novia, con la cual llegue a estar saliendo cerca de cinco años. Una relación con altibajos que un día, tras una discusión, decidí dar por terminada. Tenía 24 años, una sola chica conocida en mis experiencias sexuales y mucho por descubrir. Así pues, volví a ponerme a rodar en el mercado del amor y el sexo, del cual solo había tenido experiencia con mi ex. Durante esos cinco años llegamos a hacer de todo dentro de lo que se entiende por “normal” en una relación heterosexual: besos, sexo oral, penetración vaginal, penetración anal, etc… Siempre consideré esta relación amorosa como bastante buena dentro del entorno sexual pese al inconveniente relativo que suponía el grosor de mi pene, el cual le producía cierto dolor en las primeras embestidas y el cual la dejaba el coño bastante escocido tras el acto. Como iba diciendo, tras esto, me tire cerca de unos cuantos meses sin probar “cacho”. Muchas veces quedaba con mi ex para ver que tal nos iba y terminábamos follando como locos hasta que ya un día me dijo “nunca más”. Mis ansias de sexo, que siempre fueron muchas, me tuvieron masturbándome todos los días durante meses dado que nunca he sido bueno ligando ni tampoco tenía a nadie detrás con quien quemar mis ansias de coño caliente. Pero todo esto cambió el día que conocí a la hija de la vecina de enfrente. Vivo en una ciudad pequeña, en un edificio al que me trasladé hace unos años y donde el contacto con los vecinos era más bien poco porque siempre he ido a lo mío. A la hija de la vecina de enfrente la había visto muy poco y más bien de refilón. En otras palabras… que nunca me había fijado en ella hasta que un día llamó a mi puerta su madre. Esta iba acompañada de la susodicha carpeta y bolígrafo en mano: - Hola Romeo ¿qué tal estas? ¿Estás muy ocupado? - me soltó. - No, que va.- Con cara desinteresada total. Es una vecina que realmente nunca me ha caído bien porque siempre me ha parecido muy cotilla y pesada.- Dime ¿Qué querías? - Veras, esta es mi hija, Verónica. Mmm, Verónica, eh. Ahora sí que pude contemplarla de arriba a abajo. Morena de piel, cabello largo y castaño, ojos marrones, sonrisa traviesa, un poco rellenita sin llegar a estar gorda… y la joya de la corona: unos pechos enormes. Me preguntaba si entrarían en la palma de mi mano. Ésta vestía como la típica chica de 21 años salida de una discoteca y con pendientes de aro. No obstante, la chica era guapa y me empezó a dar morbo. - Ah hola, yo soy Romeo.- me acerqué a ella y nos dimos dos besos. Ella sonrió y me espeto un “hola” un tanto avergonzada. - Veras, Romeo. Mi hija está estudiando enfermería y le han mandado hacer un trabajo que consiste en recolectar datos en la zona donde vive para saber el índice de diabéticos que hay por aquí. Es un test muy sencillo… Ella no se atrevía a llamar a la gente y la estoy animando, y como tú eres muy simpático, seguro que no te niegas a contestar ¿a qué no? Mi cara era un poco incrédula, pues daba por hecho que una chica de esa edad ya debería valerse por ella misma para salir de esta clase de apuros… pero se lo perdone, ya que estaba buena y me interesaba conocerla un poco más. - Claro que no, sin problema. - A, pues muy bien. Gracias Romeo. Yo me tengo que ir. Aquí te dejo con ella. - Ok, vale. No se preocupe.- La madre cogió el ascensor y se largó, dejándonos a los dos solos delante de la puerta de mi casa, entreabierta. - Bueno Verónica, pues tú me dirás.- lanzándole una sonrisa de complicidad. - Ya lo siento. Es que me daba un poco de vergüenza. - Nada, mujer. No te preocupes, venga dime. Verónica comenzó a lanzarme una ristra de preguntas comunes sobre mi edad, donde había nacido, donde vivía, donde trabajaba, etc… - Ey, ahora ya sabes muchas cosas de mí, eh. Jajajaja.- reíamos los dos. - Pues ya, jajaja. Con esto ya está hecho. Espero que no te haya molestado mucho.- mientras su mirada se clavaba profundamente en la mía sin dejar de sonreír, como una chica traviesa. Es ahí cuando empecé a pensar que le había gustado. - Sin problema. No te apures, jejeje. Oye, ¿llevas mucho viviendo aquí? - Si, hace unas semanas. Antes vivía con mi padre, pero ahora me he venido aquí. - Ahhh, así que te veía tan poco. Bueno, ahora ya se algo de ti, jajaja. - Si, jajaja. - Oye, pues nada, a ver si coincidimos más por aquí. - Jajaja, vale, vale. Sin más, nos despedimos con dos besos y cerré la puerta. Me había fijado en cómo me había mirado y me dio una corazonada. O era una chica maja, o sencillamente tenía ganas de conocerme más a fondo. La chica me había atraído, estaba bastante bien, y hacía meses que no tenía nada con nadie. Tal vez esta era con la que volver a descargar el potencial guardado tras la ruptura con mi ex. Los días iban pasando y alguna que otra vez coincidíamos en el portal o en el ascensor del edificio. Siempre nos saludábamos con una sonrisa de complicidad y una mirada de querer comernos el uno al otro. Como no las tenía todas conmigo, pues soy precavido y algo vergonzoso, nunca me lanzaba a algo más, hasta que un día dejé mi moto aparcada en frente del portal. Estaba tomándome un café y asomado a la ventana donde pude ver como Verónica se acercaba con una barra de pan camino de su casa. Al pasar al lado de mi motocicleta, esta se quedó mirándola embobada. Sabía que era mía, y comprobé como acercaba una mano para acariciarla. Pensé que a esta chica no había duda de que le atraía y corto ni perezoso salí de casa y me metí en el ascensor con intención de cruzarme con ella. Y así fue. Cuando se abrieron las puertas me topé con Verónica: - Ey, ¿qué tal? - le dije sonriendo. - ¡Ah, hola! Que susto, jajaja. Bien, bien, jeje, aquí me ves, que vengo de coger el pan. - Je, ya hay hambre, eh. - Pues sí, a ver si comemos de una vez, que he desayunado pronto y no aguanto más ¿tú que te cuentas? - Pues nada, lo mismo que tú. Que iba derecho a coger el pan. Por cierto, te veo muy guapa, eh.- mientras le giñaba un ojo. - Como se nota que estamos ya en verano. Ese moreno de piel te queda genial. Verónica se puso roja, pero no dejo de sonreír e incluso más todavía en cuanto oyó el cumplido. - Gracias. Pero tú sí que estas guapo, eh, jiji. - Nada, anda, no exageres. Por cierto… a ver si me pasas tu número de móvil y quedamos un día a tomar un café ¿no? Me caes bien y seguro que nos echamos unas risas, jeje.- aquí le había lanzado el arsenal sin pensármelo. El que arriesga triunfa, y si no, al menos sale de dudas. - Ah, pues si… ¿Por qué no? jiji. -Wow, no me lo podía creer. Había picado.- Apunta, es el 696… - Ok, apuntado queda, jeje. Una tarde quedamos y nos tomamos unas cañas ¿vale? - Jeje, vale. Cuando quieras. –mientras me guiñaba un ojo y me lanzaba una sonrisa cómplice. Lo cierto es que me había resultado más fácil de lo esperado. Por mi cabeza habían rondado veinte mil posibilidades al hacerle esa pregunta, pero al final salió la buena, la que deseaban oír mis oídos. Esta era la mía. Pasaron los días y yo me encontraba un tanto nervioso por la situación. No quería cagarla, tenía ganas de que pasase algo con Verónica, y los nervios en el estómago me hundían la valentía. Un día, tras salir a descansar en el curro, se me pasó por la cabeza llamarla. Me encontraba muy seguro de mí mismo y esa tarde podía ser idea para quedar con ella. Así que cogí el móvil y le llame. Después de unos cuantos sonidos de espera, por fin cogió el móvil: - ¿Si? - Hola, Verónica. Soy Romeo, ¿Qué tal? - Ah, Romeo, jeje. Bien, muy bien ¿Y tú? ¿Qué tal estas? - Pues aquí ando, en el curro, descansando un poco. Estaba aquí pensando en mis cosas y me he acordado de ti. - ¿Ah, sí? ¿Y eso? - Pues ya ves… que hace días que no nos cruzamos por el portal y me ha picado la curiosidad por saber que era de ti. - Ah, jajaja. Pues aquí ando, guapo, jaja, estudiando un poco. - Bueno, eso está genial. Hay que labrarse un futuro. - Ni que lo jures. A ver si término de una vez, que menudo agobio tengo encima. - Ah, pues mira. Si quieres despejarte un poco ¿Qué te parece si quedamos cuando salga de trabajar y nos tomamos algo? Así desconectas, que seguro que falta te hace. - Mmm, bueno, pues no estaría mal… Vale, por mi bien. ¿Cómo quedamos? - Jeje, bien, pues podemos quedar en la cafetería que está en la costa del aeropuerto ¿sabes dónde te digo, no? - Si, si, claro ¿a qué hora quedamos si tal? - Pues a mí me vendría bien a eso de las 19:30 ¿Qué te parece? - Genial. A esa hora me paso por allí. - Ok, pues allí nos vemos, jeje. - Ok, pues lo dicho. Luego nos vemos. Besos. - Venga, besos. –y colgó. La cosa estaba yendo genial, en parte no me lo podía creer, pero si… aquello era real. Esa tía estaba interesada en quedar y quien sabe cómo podía quedar la cosa. Entre otra vez dentro de la oficina y me dispuse a terminar el trabajo que tenía entre manos. No dejaba de dar vueltas al asunto. En cuanto saliese de allí me iba a encontrar con Verónica, mi vecina, la chica guapa de las tetas grandes. Me daba bastante morbo la situación ¿Qué podría pasar? Miraba el reloj nervioso una y otra vez, hasta que por fin dieron las 19:00 para salir de allí escopetado. Los compañeros de trabajo no sabían que me pasaba ni por qué me había ido corriendo como el viento sin apenas despedirme de nadie. Fui andando a paso acelerado entre callejuelas hasta que por fin me subí al coche, arranque y desaparecí dirección la costa, en la cafetería donde habíamos quedado. Una vez llegué, coincidencia o no, aparque y al lado mío llego otro coche aparcando a la par: era ella. Salimos a la vez de nuestros respectivos coches y nos saludamos: - Ey, hola. Jajaja, hemos llegado a la vez.- le comente. - Ya, jaja, que casualidad. Somos puntuales, eh, jajaja. - Ya te digo. Pues nada, ya estamos aquí ¿Vamos dentro y pedimos algo? - Claro. Vamos. Verónica se presentó con un vestido de verano blanco, holgado, con tirantes que tenía una falda muy corta que dejaba entre ver unas magníficas piernas torneadas al sol. Sus pechos, ya grandes de por sí, parecía que iban a estallar en cualquier momento, pues a la chiquilla le encantaba que el escote quedase bien apretado. Como dicen por aquí, no eran tetas, si no berzas. Estábamos en pleno julio y el tiempo acompañaba. Nos metimos dentro de la cafetería y el barman nos atendió. Un café con leche para ella. Una caña para mí. Una vez servidor, agarramos nuestras consumiciones y salimos a la terraza. Esta está rodeada de árboles de un parque próximo y tiene la peculiaridad de estar al lado del mar y tener vistas al aeropuerto por uno de sus lados. Nos sentamos y comenzamos a charlar un poco sobre nosotros. - Y dime, Vero ¿Cuánto llevas estudiando lo de enfermería? - Pues un tiempo. En realidad es un módulo profesional. - Ah, pensé que era una carrera o algo. Jajaja, como ando. - No, que va, jeje. Es un módulo y ya le estoy terminando. A ver si empiezo el siguiente curso las practicas. Tengo unas ganas de trabajar que no veas. - Pues sí, no me extraña. Teniendo curro te independizas y a vivir la vida. Yo sigo con mis padres, pero en cuanto tenga ahorrado algo, me marcho. - Si, eso sería lo ideal. Vivir sola sin que nadie este incordiándome. No aguanto a mi madre. Es muy pesada. - Si, supongo que como todas. Jajaja. Seguimos hablando de banalidades, conociéndonos un poco, nuestros gustos, etc… Lo cierto es que no teníamos nada que ver. Mientras ella era la típica chica que se pasaba el día viendo la televisión y sus programas tontos, a mí me interesaban otras cosas más culturales. No le di más importancia porque mi objetivo era acabar fallándomela de alguna manera. Me ponía cardiaco, sobre todo cada vez que me sonreía. Además era de esas tías que en seguida te cogen del brazo,



























