#Pecas
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Cuando perdí mi virginidad
Antes de comenzardebo admitir que este escrito es como una especie de terapia. Necesitocontextualizar un poco desde muy atrás y en algún momento llegaré a mi debutcomo frutilla del postre. Los primeros años dela secundaria fueron durísimos para mi. Mi capacidad para comunicarme era casinula y eso dificultaba la chance de tener amigos o romances. He sido sumamentedespistado. En mi adolescencia hablaba bajito y sin articular. Nunca mearreglaba en lo más mínimo. Me costó pegar el estirón hasta los catorce y eragordito y muy bajito. Todo esto hizo que elbulllying no tardara en llegar. La impotencia de no saber defenderme y el rechazo de mis compañeros mehundieron en una depresión que duró años. Por otra parte,encarar a una mujer era una tarea titánica, y más con mis complejos. A lo largode la pubertad noté que me había desarrollado más lento que mis vecinos ycompañeros. Eso llegué a comprobarlo cuando hice mi primer y últimamasturbación grupal. Estábamos tres, cada uno con su miembro, y el mío era elmás pequeño, el que no tenía vello púbico. Recuerdo bien que en esa época lospelos eran sinónimo de virilidad. El problema seacentuó cuando unos vecinos me bajaron los pantalones y comenzaron a tratarmede manicero. Las burlas sepultaron mi autoestima y yo me sentía cada vez másresignado con mi sexualidad. No me animaba a desnudarme frente a nadie porvergüenza. En los baños no hacía pis en los urinales por nada en el mundo. Lomismo sucedía con los calzoncillos, obviamente no iba a usar algo que demuestremis flaquezas. Desaprovechaba todas las oportunidades incluso de besarme porqueno asumía que alguien llegase a gustar de mi. Veía pornografía y los enormesmiembros viriles me desalentaban cada vez más. En aquellos tiempos la educaciónsexual era aprendida en la calle y a los tropezones, a través del porno ypelículas de comedia como American Pie. Pasó el tiempo y mefui desarrollando. Pegué un estirón, los bigotes comenzaron a asomarlentamente. Me preocupaba un poco más por mi imagen. Logré socializar gracias aque me esforcé mucho. Estaba atento a cada detalle, la forma de hablar,conversar, mirar, cómo tener tacto. Poco a poco fui haciendo amistades yganando respeto. Pero las mujeres seguían siendo un enigma. A duras penas pudedar mi primer beso a los quince, y mis besos eran muy esporádicos. En mi viajede egresados no pude siquiera acercarme a los labios de una mujer. Así terminé lasecundaria con cierto gusto amargo, porque sentí que me estaba adaptando y nohabía terminado de disfrutarla como hubiese querido. Sin embargo, en launiversidad me adaptaba más rápido y gradualmente me olvidé de mis compañeros yvecinos. En algún momento demi vida me sentí decidido a perder la virginidad. Mi mayor anhelo era hacerlocon una mujer que apenas conociera, alguien que no me conozca lo suficientecomo por si las burlas volvían. Y es que… Mi autoestima ya daba por sentado queprobablemente sea un bochorno. Y más con el miedo de que vuelva la eyaculaciónprecoz que en algún momento me trajo problemas. Entonces pensé: La gente yatarde o temprano se entera de que soy virgo, al menos me sacaría las ganas. Es importantedestacar que mis complejos con el tamaño en ese momento seguían existiendo, muyfuertes, pero como había pasado mucho tiempo y crecí, realmente no sabía quétanto había crecido mi pene. Un día contacté aVirginia (No es simbólico, así se llamaba en realidad), una chica con la quehice un curso de pintura. Hacía siglos que no la veía, pero con ella tuvimos unabonita amistad en mis primeros años de secundaria. Después se fue a la capitalde la provincia y nos distanciamos. Ella me contó que estaba estudiando artesvisuales y que cada tanto volvía a la ciudad a visitar a sus parientes yamigos. Cuando nos encontramosen una fiesta under recordamos aquellos momentos significativos y nos invadióla nostalgia. Apenas nos veíamos en la salida, y conversábamos, pero a pesar derelacionarnos poco, había una conexión importante. La pasión por el arte nosúnica, y con ella me sentía cómodo, genuino, natural. Esa noche no me atreví abesarla, el miedo me amilanaba completamente. La noche terminó sin que pudieradespedirme siquiera, ya que me fui con mucha prisa por un percance. -Perdón por nodespedirme, mi amigo me dijo que nos fueramos y andábamos en su auto- Le dijeuna noche por mensaje. -No hay problema, lapasé bien. -¿Qué haces? -Estoy en mi casa. Meestoy enfiestando sola. -¿Puedo acompañarte? -Sí, venite. Tomé el auto y fuientusiasmado, intrigado. “¿Será que esta noche se me da?”, me pregunté. En esemomento deseaba tomar alcohol y relajarme, pero el auto y los medicamentos nome lo permitían. Era noche de verano. Ella me atendió, luciendo un vestido muysuelto y fino. Su pelo dorado le llegaba hasta el cuello. Tenía algunas pecas.Los labios eran muy finos. Virginia me llegaba casi a la altura del cuello yera delgada. -Permiso, qué lindacasa. -¿Querés estaradentro? -Vamos afuera, queestá caluroso. -Dale -¿Qué banda es esa? -Perota Chingó. ¿Tegusta? -Sí. La rubia puesto velasy la casa tenía un ambiente muy acogedor y hasta afrodisíaco. -¿Qué fue de la vidade la Mili?-Preguntó -Se metió a turismo.Y sigue de novia, no sé si se habrá casado ya. -Sí, me acuerdo, desdela secundaria. Sí, qué aguante. Yono sé estar de novio.- Presumía, aunque en verdad tampoco sabía estar con unamujer casualmente- Hace poco encaré a una amiga y no tuve suerte.- Dije, y lamiré directo a los ojos. Mis palabras eran sinceras y a la vez funcionaron comoindirecta. -A veces hay quearriesgarse, hacelo- Propuso Un brillo recorriómis ojos. -¿Querés poner músicavos? -Bueno. Escuchá esto-Dije, y dejé sonar “Bocanada” de Cerati El temor me recorríael cuerpo. Tanto, que ya había pasado la noche y aún no podía si quiera decirleun piropo. Nos sentamos en el sillón y le dije: -¿Sabés que cuandoibamos al curso me gustabas? -¿Sí? -Y me seguísgustando. La besé. Vi su rostroy noté algo que nunca había notado tanto en mis anteriores besos. Ella cerrabalos ojos, en su cara había deleite, se dejaba llevar. La acariciaba lentamentey con mucho respeto. Me contenía, pero por dentro estaba muy ardiente ypensativo a la vez. Decidí relajarme, pensé que era mejor fingir que sabía loque hacía. La toqué. Mis manosle desacomodaban el corpiño. Sus pechos eran puntiagudos y de pezones grandes.No había tocado muchos pechos en mi vida, y nunca por tanto tiempo. Meencantaba. Seguía excitado, y mi mano bajó. Por primera vez pude rozar unavagina. En eso momento sentí una excitación que no recuerdo haber sentidoantes. Era muchas cosas nuevas para mi. Ella se estremeció. Aquí es donde algo deteoría que había aprendido de grande me vino bien. Tenía en cuenta que debíajugar un poco antes de la penetración, y así lo hicimos. Yo tocaba su vagina,ella me masturbaba para calentarme. De repente, Virginia se subió sobre mi,ambos teníamos el torso desnudo y nos besábamos. Sólo tenía ropa interior, y semovía haciendo que me sobrecalentara. Yo le besaba todo el cuerpo y le acariciabala espalda. No podía disimular la felicidad que tenía. Después la senté enel mismo sillón y le quité su ropa interior. Comencé a chupárselo sin tener lamás mínima idea de lo que hacía. Virginia me tomaba de la cabeza con laspiernas abiertas. Comencé a sentir humedad, con mi excasa experiencia, pensabaque se trataba de un squirt. Estaba ardiendo. -¿Tenés preservativo? -Uno solo. Saqué de mi bolsilloel único profiláctico que tenía y me acosté sobre ella. Acomodé mi pene paratener sexo y se sentía raro, pero lindo. Todo estaba saliendo mucho mejor de loque me imaginaba. Apoyé mis brazos sobre el sofá y me movía mientras le dababesos en el cuello y en todo su torso. -Despacio, despacio-Decía ella. Trate de tenersuavidad. Me propuso cambiar de posición y así lo hicimos. Me montó y ahí pudesentir la comodidad en su máxima expresión. Ya mi miedo a la precocidad y altamaño había desaparecido por completo. Estaba muy relajado. Sentí como si lamasturbación fuera mucho menos duradera que el sexo. Ella comenzó amoverse muy rico, rebotaba con solvencia y le costaba hablar, pero algo mequería decir. Se acercó a mi oido y me dijo algo entre el sexo que se me quedógrabado para siempre: -Te puedo… Decir…Algo… De verdad… Nunca… He visto una pija… Tan grande. Y estallé. Ella me“cogió”. Sentí que no me podía contener, algo que no me pasaba cuando memasturbaba, que yo sabía cuando acababa y dejaba de tocarme. Pero como siguiócabalgando, tuve sensaciones placenteras y únicas. Tiré el preservativo,me acomodé, me puse los pantalones y la abracé. Ella seguía desnuda. -¿Te… Te gustó? -Tuve mis momentos. -¿En verdad crees quela tengo grande? -No creo, la tenésmuy grande. Dejé de preguntar,pero por dentro estaba perplejo. Sumamente confundido. -No sabés cuánto teextrañaba.- Mencioné -Yo también, cuandoéramos compañeros, me re gustabas. Era demasiadainformación nueva para mi, ¿Una gringa muy angelical gustaba de un gorditodesaliñado? ¿En qué momento pasé de ser un incel, un manicero, un virgo a unsemental? Empecé a sentir que mis fantasmas estaban injustificados, que habíaperdido mucho tiempo, pero a la vez estaba muy de ánimo. Nos despedimos ysalimos un par de veces más, cuando podía venir a visitarme. Después se puso denovia y me dolió un poco la distancia. Ella probablemente se olvidó de mi, perosiempre va a tener un lugar en mi corazón. Desde ese momentocambió totalmente mi vida. Paulatinamente fui tomando confianza y rompiendotabúes. Intenté tomarme revancha con muchas chicas con las que tenía duda sobresi gustaban de mi o no. En muchos casos no tuve suerte, pero me sentí bien. Ylo más importante, me informo, trato de aprender sobre el sexo. Ya no piensocomo antes, he descubierto qué les gusta a las mujeres porque hablo con ellas.Intento darlo todo y ya no dejarme llevar por esa chusma que desinforma y noaporta nada.
terapia de pareja
Lucía y Hernán llegaron a la dirección que les había pasado su amigo Pablo. — Es un edificio muy grande. — dijo Hernán, con recelo. — mirá si nos cruzamos con algún conocido. Mejor nos vamos ¿no? — ¡pero si vos insististe en que vengamos! — dijo Lucía, enojada, pero al ver la cara de perrito asustado que tenía su novio, cambió el tono — Bueno mi amor, hagamos como quieras, al fin y al cabo, yo sólo vine por vos. —Dijo, sin saber si su novio le había creído. Después de todo, la idea de visitar al Dr. Ferrari, si bien fue de él, a ella le entusiasmaba. Hernán estaba cabizbajo, tratando de decidir qué hacer. — Bueno, entremos, total ya estamos acá. — decidió al fin. — Dale, y si el doctor no nos gusta, nos vamos, y listo. Tocaron el timbre, y una voz masculina, gruesa y contundente, los atendió por el portero eléctrico. — Hola, somos Lucía y Hernán, tenemos turno a las cuatro. — Dijo la chica, tomando la iniciativa, como de costumbre. Unos segundos después, la voz del otro lado le indicó que ingresen. Ellos empujaron la puerta y subieron al ascensor, hasta el piso doce, donde estaba la oficina del Dr. Ferrari. Hernán miró a su novia. Tenía los labios gruesos y la mirada inteligente. Era delgada, con un cuerpo esbelto, nada voluptuoso, pero muy bien proporcionado, con curvas sutiles pero sensuales. Parte de su nariz y su rostro estaba lleno de pecas que a veces eran más notables que otras. Vestía un pantalón de lino ancho, color negro, que sin embargo en la parte de la cintura y cadera era muy ceñido. Arriba, una blusa blanca, de estilo musculosa. — Estás muy linda. — le dijo, con cierta melancolía. — Vos también. —le dijo ella. y esta vez fue sincera. Hernán llevaba un pantalón de jean, zapatillas negras, sin medias, y una remera negra. Un estilo muy simple que le quedaba bien con su cuerpo esbelto y su pelo corto, que resaltaba aún más sus mandíbulas fuertes. Si no se lo viera tan inseguro y miedoso, sería un hombre irresistible, pensaba ella. — Todavía estamos a tiempo de volver. — le dijo, cuando llegaron al piso doce, sintiendo que ella misma sentía temor de entrar en aquella oficina. — No, ya estamos acá, vamos. — dijo Hernán, le dio un beso en la boca y salieron del ascensor. Entraron en lo que sería la recepción. El doctor Ferrari estaba en la puerta de su oficina. — Pasen por favor. — le dijo. La pareja entró. La oficina era pequeña y acogedora, pero a la vez lujosa. Del techo colgaba un hermoso candelabro que habría costado más de lo que Hernán ganaba en un mes. Una elegante alfombra de estilo persa cubría el suelo. En el centro, una mesa ratona de mármol. De un lado de la mesa estaba un cómodo sillón de cuero, y del otro, un sillón individual, donde el doctor se disponía a sentarse. — Siéntense, por favor. Ambos se sentaron, nerviosos. El doctor tenía una frondosa barba del mismo color que su abultado cabello, castaño claro. Detrás de sus lentes estaban sus ojos celestes, con una mirada tan inteligente como la de Lucía. Inmediatamente Hernán se sintió intimidado. El hombre sólo tenía dos o tres años más que él, pero con solo verlo se notaba que era mucho más seguro, e infinitamente más masculino que él. El doctor hizo silencio, esperando que sean ellos los que comenzaran a hablar. — Nuestro amigo pablo nos sugirió que vengamos a verlo. — Dijo Lucía. — Ajam. — asintió el doctor. — ya le habrá comentado algo. — siguió diciendo la chica, mientras Hernán seguía sin animarse a articular palabra. — Lo que a nosotros no nos queda claro es qué tipo de terapia realiza. — Con respecto a lo primero, así es. — dijo el Dr. Ferrari con vos estertórea. — Su amigo me contó algo sobre ustedes, pero muy superficialmente. Además, prefiero que me lo digan ustedes mismos, así decidimos si realmente soy capaz de ayudarlos. Y con respecto a mis métodos, prefiero que vayamos descubriéndolos a lo largo de la terapia. — Bueno. —dijo Lucía, no sin sentir cierta reticencia. — nosotros estamos saliendo hace dos años. Nos llevamos bien, y nos amamos. Pero desde hace seis meses que estamos teniendo problemas en la cama. — ¿Qué tipo de problemas? — Tengo eyaculación precoz, e impotencia— Dijo, Hernán, no porque quisiera decirlo, sino porque no hubiese soportado escucharlo de los labios de lucía. — Muy bien. — Dijo el doctor, impasible. — Imagino que ya vieron a un urólogo. — A tres — dijo ella, al ver que su novio había agachado la cabeza después de su confesión. — Y a dos psicólogos. Ninguno nos dio una solución, por eso acudimos a usted. — Una decisión radical. — dijo el doctor, observando cómo la pareja intercambiaba miradas de intriga. — Imagino que lo habrán charlado mucho, antes de venir acá. — Así es. Pablo nos dijo que utiliza métodos pocos convencionales, pero muy efectivos. El doctor miró a la pareja, ignorando el último comentario. En realidad, ya había leído sus personalidades desde que entraron a la oficina. El muchacho se sentía muy poco hombre al lado de ella. De eso no cabía duda. Con solo mirar sus ropas se daba cuenta de que ella estaba acostumbrada a un estilo de vida que él no podía darle. Y luego estaba el problema de la belleza de ambos. Era muy despareja. A simple vista podían parecer una pareja compatible, pero mientras él, sin ser poco atractivo, era muy corriente, ella era sumamente sensual. En una primera ojeada podría parecer una chica común, igual que su novio, y probablemente por eso él se había animado a conquistarla. Pero Lucía era de esas mujeres que tenían el tipo de belleza más peligrosa que había, esto es, la belleza sutil. Una belleza enmascarada en ropas sueltas y actitud cordial. Una belleza para nada despampanante, sino más bien, humilde. Lucía era de esas chicas que, con ponerse un par de prendas sugerentes, y maquillarse un poco, cambiaba de apariencia de manera radical. Y lo que hacía más difícil conservar a mujeres como ella, era que, a diferencia de las que tienen una belleza obvia, que intimidan a la mayoría de los hombres, con Lucía, el sexo opuesto se habría de sentir lo suficientemente seguro como para abordarla. Al doctor no le cabían dudas de que Lucía tenía montones de pretendientes. — Me dijeron que los problemas empezaron hace seis meses. ¿Qué sucedió en ese momento? — Nada en particular. — Dijo él, por fin. — Hagan memoria. Habrá sucedido algún acontecimiento fuera de lo común. Algo significativo en la vida de ambos. — Bueno, yo me recibí. — Dijo ella. — Y empecé a trabajar en una empresa de construcción. — Ya veo. — dijo el doctor. — ¿Y aproximadamente en esa fecha fue cuando comenzó a tener eyaculación precoz, e impotencia, Hernán? — Sí, puede ser. — Y decime ¿Encontraste la forma de satisfacer a Lucía? — Sí, me hace buen sexo oral. — dijo ella, defendiéndolo. — Pero no es lo mismo. — Acotó Hernán. — No, no es lo mismo. — asintió el Dr. Ferrari. — Sobre todo para usted ¿Verdad Hernán? — ¿Qué quiere decir? — Tranquilo, acá no venimos a culpar a nadie. — lo tranquilizó el doctor. — yo lo único que quiero es que se vayan de acá mejor a que como entraron. Dígame Hernán, ahora que lucía trabaja como una profesional, y comienza a conocer gente con intereses en común ¿Cómo se siente? — ¿Me está preguntando si me siento celoso? — Le estoy preguntando si se siente amenazado. — Puede ser. — ¿siente que los hombres que rodean a Lucía son mejores que usted? — Tal vez. — Dijo Hernán, con vergüenza. — Debe ser muy duro sentirse tan disminuido. Sin embargo, acá están, en mi consultorio. En lugar de intentar con otro psicólogo ortodoxo, acudieron a mí. — Así es. — Dijo Lucía y aprovechando el comentario del doctor, agregó — Quizá sea el momento de que nos explique un poco más de sus métodos. — Ya llegaremos a eso — Dijo el doctor, y luego, dirigiéndose a él preguntó — ¿Cuál es su fantasía más recurrente Hernán? Y recuerde que las fantasías no tienen por qué ser buenas. — No sé, tendría que pensarlo. — Decile la verdad Hernán. — Tranquila señorita. No se apresure. Dejemos que su novio decida cuándo contestar. Ya es hora de que empiece a tomar decisiones. — Dijo el doctor, y luego, dirigiéndose a Hernán, agregó. — Hernán, usted está acá por su propia decisión. Eso ya de por sí es algo positivo. Si decide no contestar, también está tomando una decisión, cosa que, de alguna manera, según creo, reafirma su hombría. Pero si se queda, le pido que por favor responda la pregunta. ¿Cuál es su fantasía más recurrente? Tras tensos momentos de silencio, Hernán contestó. — Mi mayor fantasía… digo, no fue siempre así, pero últimamente es… —Tragó saliva — es ver a Lucy teniendo sexo con otro hombre. — Ya veo. ¿Y eso, como lo hace sentir? — Me hace sentir mal. Me la imagino cada vez que no está conmigo, que está con alguien más. Que se la están cogiendo mientras yo estoy en el trabajo, como un boludo, que se está encamando con alguno de sus compañeros, en esos días que llega tarde del trabajo, y yo, en casa, cocinando como un boludo. Eso… además, desde hace meses que no me la cojo bien ¿Para qué querría estar conmigo? — Pero mi amor, si yo te amo. — le dijo lucía, apretándole la mano con ternura. — Así que se siente como un boludo. Sin embargo, creo que siente algo más ¿o no? — Preguntó el doctor. Hubo otros segundos de tenso silencio. Lucía miró a Hernán, como instándolo a que responda. Era evidente que ella ya sabía la respuesta. — Sí, me siento excitado. — respondió por fin él. — Ya veo — Dijo el doctor. — Ustedes me dijeron que Hernán tiene problemas tanto de eyaculación precoz, como de impotencia. Lo que es un tanto extraño, ya que, si fuera impotente, no podría lograr la erección, por lo que sería imposible llegar a una eyaculación, sea precoz o no. Entonces debo asumir que su problema de impotencia no es siempre ¿Estoy en lo correcto? — Es cierto doctor. — Dijo Lucía, con una expresión de esperanza. — Y en los momentos en que logra una erección ¿sucede algo en particular? — ¿Qué importancia tiene? — Contestó Hernán, abatido — Si de todas formas no duro ni cinco minutos. — No seas así mi amor. — Claro que importa Hernán. Si podemos resolver el problema de su dificultad para tener erecciones, luego podemos abordar el otro problema. — Hay posiciones que le resultan más cómodas. — Dijo Lucía. — Cuando se pone arriba mío se me baja en segundos. — Agregó Hernán, mostrándose más participativo. — Ya veo. — musitó el doctor Ferrari. — Además… — Agregó Hernán. — Además… ¿qué? — inquirió el doctor. Hernán miró a su novia, como autorizándola a que hable por él. — Como le dijo mi novio, cuando me imagina con otros, además de sentirse triste, se excita mucho. — Ya veo. Continúe por favor. — Una noche discutimos. Él estaba convencido de que yo lo había engañado. Después le demostré que estaba totalmente equivocado, pero en ese momento no podía hacerlo entrar en razón. En un momento me cansé y le dije, sólo para molestarlo “¿Sabés qué? Sí, me cogí a mi jefe” — le apretó la mano a su novio, como conteniéndolo ante ese recuerdo tortuoso. — Continúe. — la instó el doctor. — Él me agarró de la muñeca. Estaba sacado. Y me preguntaba que como me había cogido mi jefe, que si me puse en cuatro como me gusta, que si se la chupé, que si me acabó en la cara, que con cuántos otros lo había cagado… — Lucía hizo silencio. Tragó saliva, y agachó la cabeza, algo inusitado en ella. Esta vez el doctor Ferrari no la instó a que continúe, sino que esperó a que ella decida seguir con su relato. — En el forcejeo como que nos abrazamos. — Dijo ella — y me di cuenta de que tenía una erección. “¿Esto te calienta?, ¿sentirte un cornudo?” le dije, y él me tiró al piso y me cogió como no me había cogido hace mucho — terminó de decir la chica, y miró con orgullo a su novio. — Ya veo. — Dijo el doctor. — Igual acabé rápido. — Acotó Hernán. — Pero me gustó — dijo ella, mirándolo a los ojos. Y luego agregó — desde ese día usamos esa técnica para que se le pare. Yo le invento historias, le digo que conocí a un tipo… — En realidad son hombres que conoce de verdad — interrumpió Hernán. — ¿Ah si? — dijo el doctor.
Historias con mi cuñada vol. I
Después de muchos años leyendo relatos de otros, me he decidido por comenzar a relatar, las pequeñas y grandes fantasías que tengo con mi cuñada. Muchas noches he repasado situaciones vividas, y las he alterado imaginando como sería poder tener algún avance con ella, asi que aquí van. Intentaré darle un vuelco a las historias, para hacerlas sexuales. Espero sean de su agrado leerlas. Vamos a la presentación, me dicen Negro, y estoy casado con la hermana de Eliana, la musa de estas historias. Ella 2 años menos que yo, compartimos la vocación médica, dueña de una genética envidiable. Castaña, siempre bronceada, pecas, un par de tetas hermosas, una cintura planísima, y una cola que cuando usa calzas, es algo que no puedo dejar de mirar e imaginarme tocándola. Vive en una casa con parque en Olivos, y la verdad... es lo que podríamos llamar una chetita hermosa. Esta primera historia tiene su comienzo años atrás cuando con mi mujer tuvimos la posibilidad de organizar un viaje a Europa durante 1 mes. Justo mi cuñada habia conseguido una beca para ir a rotar a un hospital en nuestra segunda ciudad de destino. Entonces tendríamos la posibilidad de convivir los tres durante 4 días en esaciudad española. La noche previa a viajar nos quedamos con mi mujer en su casa, ya que ella nos llevaría al aeropuerto al día siguiente. Su vuelo salía dos días después que el nuestro. 23:35hs . Luego de la cena compartida y la emoción de todos por la aventura que se avecinaba, quedé charlando del viaje con Laura mi mujer, y Eliana. Mi mujer siempre fue de dormirse muy rápido y no fue la excepción. Quedé con mi cuñada en el piso de abajo de su casa... E: Negito me ayudás con este pasaje que no puedo comprar? - preguntó, casi histérica desde la mesa. N: Si Eli, lavo este plato y voy... - mi mente ya empezaba a imaginar como podía rozarla, tocarla, algo que satisfaciera un poco la calentura que arrastraba de años con ella. Me siento al lado... ella estaba vestida con una calza roja, violeta y lila, que le quedaba calcada, y una remera gris de esas que tienen un cuello redondo muy grande, que le quedaba muy suelta... y corta. Muy corta. Le dejaba ver tímidamente un top deportivo negro. Yo simplemente con un short de jean y mi clásica remera negra. N: decime Eli, en que te quedaste? E: no me deja pagar este pasaje de tren de Paris a Londres! - haciendo un puchero hermoso que le marcaba sus hoyuelos.... N: a ver dejame ver... pasame la tarjeta y probamos. E: Ay sos el mejor! Por eso te adoro tanto cuña! -me dijo mientras me agarraba la cara y me la movia de un lado a otro- Querés que tomemos algo? Aprovechemos que mi hermana se fue a dormir. Ya mi pija se había endurecido un poco bajo la presión del jean, bendito jean. Que le voy a hacer... me calienta desde siempre y esta noche siento que hay una química especial. Me ofreció el poco alcohol que tenía en su casa y opte por tomar unas birras juntos mientras hacia malabares con las páginas de trenes y sus tarjetas bancarias. Por suerte fue todo más rápido de lo que imagine, siempre tuve suerte con estos asuntos de viajes. Me encanta planificar y organizar viajes. E: Siii! Biennn corazón! Me salvaste! - grito entre risas y dándome un sonoro beso en la mejilla. Peligrosamente cerca de mi boca. N: para boluda vas a despertar a tu hermana!! -respondí acalorado mientras le tapaba la boca con mi mano derecha. E: Jijiji, tenés razón! - y bajando la voz me dijo: encima necesito más ayuda tuya con un ateneo que tengo que dar. Mientras se terminaba la primer lata y me miraba picara, coronó: querés ser mi profe esta noche? 😜 La calentura que acumulaba en ese momento me hizo tartamudear y responder torpe, pero valientemente: N: eh... si creo que puedo, aunque depende que querés que te enseñe. -codeandola amablemente mientras mi corazón galopaba ferozmente. E: ufff si te dijera lo que necesito esta noche se hace eterna. N: probáme y vemos. -tiré, abriendo la segunda lata y sabiendome totalmente desnudas mis intenciones. Me miró, se mordió el labio inferior sonriendo y se levantó de la mesa. Automáticamente me sentí un boludo y gil. 😑 No se cuantos minutos pasaron. Pero se hizo eterno. Salí con la lata semi vacia al parque y refresque los pensamientos. Aproveche para acomodarme un poco la verga que estaba bastante gomosa y me lave la cara con la manguera que estaba al lado de la pileta. Cuando volví no la encontré, pero noté que había más luces apagadas que antes. Quizá por el cansancio, y la mala memoria no le dí mas importancia y me senté frente a la computadora otra vez. Abri mi mail buscando unos pdf que podían ayudar a su ateneo y me puse con el celu a revisar otros documentos que tenia guardados. En eso senti ruido y vi que volvía, caminando un poco mas suelta, con una mano traia unas carpetas y con la otra se acomodaba el pelo. E: Lau duerme como tronco. Así que tenemos toda la noche, si querés, obvio - y se sentó pegada a mi, dejando las carpetas en la mesa y apoyando los codos sobre la mesa. Senti una puntada de derrota. Pero orgullosamente me dije a mi mismo que esa era mi noche. La noche que tanto habia fantaseado. La noche de las noches. La noche, en que Eli, mi cuñada, iba a saber que la deseaba. Ella se puso a abrir unos archivos en la compu, mientras me sacaba la 3er lata y le daba un largo sorbo. N: Obvio que quiero. Pero si seguís tomando así no creo que aguantes mucho, jaja! . mientras me tiraba para atrás en la silla. E: Jajaja que tarado! Sabés el aguante que tengo? N: Ni me imagino... mucho te la aguantas? E: No seas pervertido nenee!! - y se reía, ya más suelta por el alcohol... Yo aprovechando la visión desde donde estaba veía el borde de una tanga negra, un cm más arriba del borde de la calza. A esa altura la calentura me habia vuelto. El vientito que entraba del jardín, ayudaba a esa hermosa noche de verano. N: Bueno, es nunca estuvimos juntos tomando y la verdad que la estoy pasando bien... pese a que me rompes los huevos con tantas cosas jaja E: ayyy siii! Perdoname cuñaa, es que sé que vos me bancas en esto. Te voy a tener que dar una recompensa después! - guiñádome el ojo. N: Bueeeno... pero te advierto que conociéndome me voy a querer aprovechar - y totalmente jugado, sabiéndome el pájaro Caniggia en el 90 enganchando para afuera a Taffarel, le pase el dedo por su delicada y curva espalda. Desde el borde de la calza, adentrandome unos cm abajo de la remera que tenía. Ella se dió vuelta, me miró con una mirada de loba, y acercándose a mí, apoyó su mano izquierda en mi pierna y me dijo: E: Ah no te tenía asi de atrevido negrito... N: Yo tampoco, pero con vos me parece que quiero serlo. -mientras jugaba con su top abajo de la remera. E: mmmmm ay! no me digas eso que vas a hacer portarme mal. -me ronroneó al oído. N: Es lo que quiero hermosa, me vas a dejar jugar con vos ahora? E: Que ganas que te tengo cuña!!! Me vas a dejar asi de caliente? -jadeaba en mi pasando su mano por mi bulto, totalmente duro. Y la besé. Probé sus labios calientes mientras la acercaba a mí. El calor que salia de nuestros cuerpos era infernal. Apoyó su cuerpo sobre el mío mientras yo acariciaba toda su espalda y cintura con mis manos. Se alejó, colorada y despeinada. Me miró otra vez y me comió la boca...mordió mi labio inferior y se reincorporó. Se sacó la remera y me dijo: Vamos al sillón. Terminé la lata que quedó en la mesa, nos paramos y la abrace por atrás. Apoyé mi bulto entre sus cachetes y la apreté contra mi mientras le besaba el cuello. Ella empezó a frotar su cola en mí mientras jadeaba más y más. Así llegamos al sillón, me empujó y se sentó sobre mi abriendo sus piernas. No voy a olvidar ese movimiento frotando su pelvis hirviendo sobre mi bulto a punto de estallar. Estuvimos varios minutos besándonos así. Yo aprovechaba a manosear sobre el top esas tetas sueltas que tanto me calentaron siempre y su culo tan rico. E: ahhhh me estás matando. Quiero probar tu pija bebé! N: vas a probarla toda y te la vas a comer toda. E: siiii YAA! -se levantó y desabrocho con dificultad mi short...se arrodilló, me miró se sonrió y liberó mi verga totalmente dura y húmeda de mi boxer. Suspiró y sin esperar un segundo se la mandó hasta el fondo. Mi cuñada, totalmente emputecida, me estaba chupando la pija ferozmente. Se la mandaba, la succionaba, la sacaba y la lamía. Desde la base por todo el tronco. Fueron 10 minutos sin parar. Yo no podía aguantar mucho. Gracias al alcohol podía sostener semejante pete. E: Que linda pija tenés. Tanto tiempo queriédola probar... - mientras la seguía lamiendo. Quiero que me cogas cuña, cogéme toda. N: Primero quiero chuparte toda Eli. Le respondí acostándola y sacándole el top. Esas dos perfectas tetas quedaron a mi merced. Las miré un segundo y empecé a besarlas. Sus pezones eran hermosos. Le lamía uno y el otro, las juntaba y las chupaba... después una y la otra. Ella gemía con los ojos cerrados agitada. Entonces aproveche y le baje un poco la calza....acerqué mi mano derecha a su concha y note su tanga empapada....le pasé un dedo por fuera y se retorció. Aproveché para morderle suavemente un pezón y lentamente le corrí su empapada tanga....ahí estaba su suave y depilada conchita para mí. Empecé a rozarla con dos dedos y lentamente se los introduje. Ella agarró mi cabeza y se la apretó contra las tetas E: Seguíiii, asíii,,, siii cuña!! Y yo seguí pajeandola, ya con tres dedos totalmente dentro de ella. Ella me levanto la cabeza y me la llevo hasta su cara. Nos miramos. Calientes. Sudados y salvajes. Nos fundimos en un beso húmedo y profundo. Ella me separó con su mano en mi pecho y me ordenó: E: Metémela ya, no aguanto más!! La quiero toda adentro. Acto seguido me incorporé. Ella me tiró para atrás y se sacó su calza... se volvió a subir encima mío, corrió la fina tela que nos separaba y lentamente, mi pija fue entrando cm a cm en su totalmente mojada e hirviente concha. Espero que les haya gustado. Volveré pronto con otros momentos compartidos, y para mi desgracia, distorcionados.

