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#Mercedes

Fotos, gifs y packs de Mercedes subidos por la comunidad.

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AaguuspalotesLv1· hace 31 dRelatos

Mí abogada personal

La tarde había caído rápidamente sin apenas darme cuenta. De reojo, comprobé que mi reloj marcaba ya las seis de la tarde. La creciente obscuridad del despacho profesional, apenas me permitía ver con claridad, los informes que releía desde primeras horas de este día gris de invierno. Encendí la lámpara de sobremesa y dirigí su luz hacia los documentos. Yolanda, mi secretaria, llamó a la puerta para recordarme las citas del día siguiente, entregarme los documentos que había redactado y despedirse hasta mañana. Se despidió como últimamente lo hacía, de una manera fría e inquietante, su intuición femenina le estaba advirtiendo que nuestra relación laboral había sufrido una transformación de alguna manera. Con la interrupción de Yolanda, y al comprobar que el cansancio hacía las primeras mellas en mi cuerpo, decidí tomar unos minutos de descanso, tomar un café y fumar un cigarrillo. Al volver al despacho, instintivamente me acerqué a la ventana para bajar la persiana, noté en mi cara la sensación de frío que el cristal expedía, y observé cómo la fina lluvia que empezaba a caer, formaba unos pequeños hilos de agua en el cristal, que caían por su propio peso, formando pequeñas figuras a todo lo largo de la ventana. La abstracción que me hicieron sentir aquellas imágenes de agua junto al pensamiento sobre mi secretaria, me hicieron perder durante unos segundos la sensación de realidad, mientras mi mente se evadía. Los recuerdos de todos los acontecimientos que ocurrieron hace apenas un mes, acudieron súbitamente a mi memoria. Para una mujer de mi edad, cumplidos ya los treinta y cinco años, con una carrera profesional ampliamente elogiada por muchos compañeros, abogados de profesión, con unos ingresos que me permitían mantener un nivel de vida medio alto, en una ciudad relativamente pequeña como Elche, mi vida y mi futuro no deberían plantearme ninguna incógnita. Pero no era así. Desde aquel día, a primeros de noviembre, no era la misma, no lo había comentado con nadie por temor a que pensasen que había enloquecido o que sufriera alucinaciones. Aquel día como tantos otros, abandoné el despacho cuando era de noche, era viernes y no volvería a él hasta el siguiente lunes. No había hecho ningún plan especial. La semana había sido larga, habíamos terminado de preparar una complicada demanda de separación para un cliente, y pensaba pasar todo el fin de semana descansando, leyendo, oyendo música y viendo viejas películas subtituladas, que era mi principal afición en el espléndido chalet de mi propiedad que acababa de redecorar. En el aparcamiento, la obscuridad y el silencio, me sobrecogieron de una forma muy especial, sentí como mi espalda fue recorrida por una sensación de escalofrío, sensación que achaqué al cambio de temperatura que acababa de experimentar, al pasar del calor del despacho al frío de la cochera. Abrí la cerradura de mi Mercedes 190, color blanco, que apenas contaba con tres mil kilómetros después de tenerlo casi tres años, me acomodé, lo puse en marcha, me dirigí hacia la puerta, la abrí con el mando a distancia, salí, y me dispuse a coger la ronda de la ciudad para dirigirme hacia mi casa. El día era como hoy, gris y lluvioso, tenía que dar al limpiaparabrisas de vez en cuando, para evitar que las pequeñísimas gotas de agua, me impidieran ver con claridad a través del cristal. Por un instante, pensé en acercarme al centro de la ciudad para tomar una copa, o para intentar ver a alguien con quien pasar la velada, pero al final recordé el cansancio que tenía mi cuerpo, que solo me pedía llegar a casa y relajarme. Al llegar al chalet, metí el coche en la cochera, pasé por el acceso interior a la cocina y me dispuse, sin más dilación, a meterme en la ducha. Me desvestí, puse el agua a la temperatura idónea, y durante muchos minutos, dejé que el agua recorriese todo mi cuerpo. El agua posee realmente, un efecto reconfortante y relajante sobre un cuerpo cansado. Aproximadamente, hacia la media noche, me encontraba en mi habitación dispuesta a dormir, aunque la larga semana de trabajo, y la tensión que me había provocado, no me dejaba conciliar el suelo, decidí tomar una infusión relajante de salvia y poner una película que había visto en innumerables ocasiones: Casablanca. No sé cuánto tiempo transcurrió, pero debí de dormirme enseguida. Soñaba que estaba en la oficina trabajando, en mi despacho, y que sonaba el timbre de la puerta. Sonaba y sonaba, pero nadie abría. Seguía soñando y nadie abría la puerta. Irritada, me dispuse a abrir la puerta, pero me desperté entonces. No era la oficina. La llamada a la puerta era en mi casa. Instintivamente, miré el radiodespertador, y éste señalaba las dos de la madrugada. ¿Quién coño sería a estas horas? Sobresaltada, pensé que sería alguna mala noticia familiar. Mis padres eran ya mayores. Corrí hacia la puerta mientras encendía las luces a mi paso. -          Ya voy…, un momento. -          Ya va…, (seguí diciendo, mientras me acercaba a la puerta). Al llegar a la puerta, me serené y volví a preguntar quién era. -          ¿Quién es? Una voz, serena y natural, contestó al otro lado de la puerta. -          Soy yo. No reconocí la voz, pero no me alarmé, miré por la mirilla y le vi. Era un hombre alto, con cara madura, aunque joven, con pelo castaño, que vestía una cazadora de piel. Su pelo lacio, echado hacia atrás, se mecía al viento suavemente. Sus ojos inspiraban una confianza total. No solía ser muy confiada con extraños, pero aquella vez era diferente, pues no temía absolutamente nada malo de aquella persona. -          Un momento, por favor… Me abroché el batín que me había puesto al salir de la cama, y sencillamente, abrí la puerta. -          Hola. (Me limité a decir). -          Hola. (Me contestó él). En ese primer instante, solo notaba el fresco que acariciaba mi rostro. No sé cómo, ni cuando, pero la siguiente sensación que sentí, fue que me cogía de la mano y me introducía hacia dentro de la casa. No era capaz de articular palabra, solo tenía sensaciones…, agradables y maravillosas sensaciones de un sosiego excepcional. Su olor, era un aroma que me reconfortaba. Me inspiraba paz y tranquilidad. Sin saber cómo, nos encontrábamos en el dormitorio y estábamos besándonos apasionadamente. No era capaz de decir nada, solo tenía ganas de amar y de ser amada. Quería ser amada profundamente. Quería ser amada, como jamás había sido capaz de imaginar. Me besaba despacio, mi boca, mis ojos, mi nariz, mi mentón, mis cabellos. Al mismo tiempo, acariciaba mi cuello, mis hombros y mis pechos, que habían quedado al descubierto, sin darme cuenta. Me besaba y acariciaba constantemente, sin hablar ni una sola palabra. Solo con la poca iluminación del salón, pude comprobar que él también se había desnudado y que, arrodillado a mi lado de la cama, me besaba mi torso, mientras acariciaba tiernamente mi vientre. Volvía a tocar mis pechos nuevamente, con una dulzura sin igual. Pechos que notaba endurecidos, así como los pezones, absolutamente erizados y tersos. Con su mano izquierda, mano que tenía totalmente cálida, noté cómo me acariciaba mi sexo con absoluta delicadeza e incluso ternura. Se inclinó hacia él. Me echó ligeramente hacia atrás, hasta hacerme delicadamente, caer sobre la cama, para inclinarse sobre mi ardiente y deseosa entrepierna. Noté cómo, suavemente, su lengua y su boca, e incluso sus dientes, lamían al tiempo que besaban, e incluso cómo mordisqueaba mi sexo, pletórico de pasión. Creía volverme, por momentos, loca de placer. Conseguí tener varios orgasmos seguidos, antes de notar, cómo su cálido, grueso y enorme miembro erguido y duro, me penetraba sin resistencia, suavemente, despacio, muy despacio. Solo notaba placer, placer y más placer. Todo era placer. Solo sentía, en aquellos momentos, las palpitaciones de mis sienes, fruto de los latidos acelerados de mi corazón, al sentirme unida a ese hombre, a través de nuestros sexos, extasiándose ambos, segundo a segundo, dispuestos a alcanzar unidos, un maravilloso clímax compartido y simbiótico. Decir que obtuve el orgasmo vaginal más satisfactorio de toda mi vida, parece exagerado, pero fue realmente así. Exageradamente satisfactorio. Instante álgido al sentir cómo su fluido caliente entraba dentro de mí, mediante varias convulsiones increíbles. Cuando, después de alcanzar tanta plenitud, la relajación empezó a alcanzarme, noté cómo, abrazado a mí, se acomodaba en la almohada. Miré al reloj, y éste marcaba las cinco de la mañana. Me dormí plácidamente. Al notar la sensación de despertarme a la mañana siguiente, y en esas décimas de segundo que van desde que una se remueve en la cama hasta que abre los ojos, sentí la sensación agradable que se tiene cuando recuerdas un sueño erótico, y pensé que había sido eso, solo un sueño. Un instante después, al descubrir que estaba desnuda, me sobresalté. Olí la almohada, y supe que no había sido un sueño. Olía a él. Supe que no había sido un sueño. Había sido real. Estaba sobresaltada, pero tranquila, al mismo tiempo. Salté de la cama y fui hacia la cocina. Allí estaba preparando algo de comer, desnudo, solo cubierto por una pequeña toalla, alrededor de sus caderas. Me miró, y con su mirada me señaló la silla para que me sentase. Fui incapaz de articular palabra, solo me limité a comer una ensalada, una rica ensalada de atún, que me había preparado. La ensalada de atún más apetecible que me había tomado nunca. Mientras terminaba de comer, él se había colocado detrás, y sus manos me estaban dando un ligero, sensual, y agradable masaje de cuello y hombros. Se inclinó y me susurró al oído: -          ¿Te gustó…? Balbuceante, solo pude decir. -          Sí…, sí…, mucho. Inmediatamente después de comer, salimos abrazados hacia la terraza. No sé cómo, pero me encontraba en la terraza con él, abrazados y besándonos de nuevo. Solo notaba un ligero frescor en todo mi cuerpo, fruto de la ligera brisa que corría esa tarde del sábado. En la terraza, él detrás de mí, ambos desnudos… Estábamos haciendo otra vez, apasionadamente, el amor allí mismo. Sus manos recorrían mi espalda, abrazaban mis pechos, tocaban mis pezones, y sin saber cómo, ya estaba nuevamente penetrada, y a punto de tener un maravilloso y deseado nuevo orgasmo. Noté cómo sus convulsiones, marcaban su nueva salida de semen dentro de mi interior, y tuve el mío en ese preciso momento. Otro gran clímax, que me hizo ruborizarme cuando me miraba, antes de fundirnos en un beso apasionado. Después de unos segundos, mientras su respiración entrecortada disminuía, dado que su enorme sexo aún seguía dentro de mí inusualmente duro, volvió a friccionar rítmicamente, hasta que unos minutos después, volvíamos a tener un orgasmo gemelar. Era increíble, había encontrado mi alma gemela, nuestros sendos y parejos orgasmos increíbles, se acompasaban permanentemente. Después de ducharnos y de jugar, mientras nos enjabonábamos las espaldas, hicimos el amor otra vez en la ducha. Era la tercera vez esa mañana, y no sería la última. Posteriormente, ya en el dormitorio volvimos a amarnos pausadamente. Despacio, muy despacio. Había anochecido y seguíamos amándonos con ritmos que cambiaban de lento a rápido. No puedo calcular cuánto tiempo estaríamos así antes de dormirme, pero si recuerdo lo extasiada y cansada que me notaba antes de cerrar los ojos aquella madrugada, El domingo por la mañana me desperté, ya sabía que lo ocurrido el día anterior y la madrugada anterior no había sido un sueño, lo apreciaba en las agujetas que tenía en todo mi cuerpo y la sensación de exceso de actividad en mi vagina agradecida. De un salto me incorporé de la cama, me dirigí hacia la cocina pensando en degustar otro buen almuerzo, pero allí no había ninguna actividad. Recorrí rápidamente toda la casa, pero no hallé a nadie. Tomé un café y una ducha rápida para despejarme, y me senté a esperar. Nadie apareció durante toda la jornada restante del domingo. Mi pensamiento luchaba con constantes contradicciones. ¿Había sido realme

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KKoferideLv1· hace 99 dRelatos

El asalto a la casa de la modelo

Hace más de 8 años que Lucas y Martín se dedicaban exclusivamente a robar casas particulares, habían profesionalizado bastante su manera de actuar, estudiaban los movimientos de las casas, horarios de salida y entrada de sus ocupantes y robaban cuando no había nadie dentro. Generalmente cometían estos delitos en barrios de un alto nivel económico, para asegurarse un buen botín y no tener que robar tan seguido por el riesgo que esto conlleva. Luego de haber hecho los trabajos de investigación, averiguaron que el dueño de la casa era un abogado que tenía su propio despacho en el centro, seguramente ya había pasado los 60 años pero era evidente que amasó una buena fortuna, tenía su coche Mercedes y una mujer mucho menor que él, no pasaba de los 27 años, era la principal modelo de una agencia de modelaje, tenía una figura increíble, una mujer digna de sueños eróticos. Tanto Lucas como Martín comentaban que una parte del botín iban a ser las prendas interiores de la modelo, pero igualmente no se desconcentraban del verdadero objetivo del robo, es decir, las joyas y el dinero que habría dentro del chalet. Cada sábado a la mañana, el abogado y la modelo iban en el Mercedes rumbo al club de golf y no volvían hasta entrada la tarde, Lucas, que era el que tomaba las decisiones principales, decidió que el próximo sábado entrarían al chalet, ya que los fines de semana no había servicio de limpieza ni nada por el estilo, el chalet quedaba vacío. Martín estuvo de acuerdo y aguardaron los dos días que faltaban contemplando y revisando el plan, no debían tardar más de 30 o 40 minutos, aunque tenían tiempo de sobra, mientras más rápido lo podían hacer, mejor. Llegado el sábado, desde la esquina, esperaron que el Mercedes-Benz clase S color blanco abandonara la casa sobre las 7 de la mañana. Se metieron al jardín saltando la reja, se dirigieron con cuidado al ventanal que había al costado del chalet con las herramientas para forzar la cerradura, cosa que lograron sin problemas. Una vez adentro se relajaron al menos un poco, pero la adrenalina igualmente se sentía fuerte. Empezaron a inspeccionar la casa en busca de objetos de valor, Martín se dedicó a revisar el salón pero no encontró más que un dinero suelto y una colección de medallas que había en la biblioteca, se dirigió a la lavandería a buscar el botín secundario del robo, revisando el canasto de la ropa sucia encontró lo que buscaba, una tanga finita blanca y una colaless negra de encaje, se las llevó a la nariz y llenó su pecho con el olor a hembra que salían de esas prendas, su verga ganó tamaño y se la apretó por encima del pantalón pero no había tiempo que perder, las guardó en el bolsillo y salió de ahí. Mientras tanto Lucas estaba en el despacho del abogado, junto a las escaleras, donde supuso que estaba la caja de seguridad, pero no había más que una computadora y una colección de lapiceras, cada una en su estuche. Lucas le dijo a Martín -Subamos, en el despacho no hay caja fuerte -Seguro en el dormitorio tienen la guita -Respondió Martín Al llegar a la puerta del dormitorio se llevaron una sorpresa, un pequeño detalle se les había pasado. Al ver salir el coche no notaron que solo iba el abogado, por lo tanto la mujer estaba en la casa. Se encontraron con un imprevisto en sus planes, la dueña de la casa estaba dándose una ducha. Martín se empezó a poner algo nervioso y esto no lo dejaba pensar con claridad, Lucas lo notó y le indicó con señas que se quedara tras la puerta de la habitación, mientras él se quedaría junto a la puerta del baño esperando que la modelo salga. Ella salió de la ducha, envolvió su preciado cuerpo de modelo con una bata de seda color crema y se inclinó hacia adelante, dejando caer su cabellera rubia para envolverla con una toalla, luego posó frente al espejo con las manos en la cintura y con una sonrisa en la cara salió del baño hacia el dormitorio. En ese momento, Lucas se abalanzó sobre ella. La modelo sintió como un brazo la rodeaba fuerte por su pecho y una mano que se pegaba a su boca impidiéndole gritar. El susto que se llevó fue de infarto, no había sido capaz ni siquiera de oponer algo de resistencia, tenía el corazón latiendo de manera enloquecida en el pecho. -No te vamos a hacer daño, solamente tenes que colaborar ¿me entendiste? -Le dijo Lucas a la modelo Ella asintió rápidamente con la cabeza, nerviosa. Al escuchar a Lucas, su compañero salió de la habitación, la cargaron entre los dos con energía, arrastrando su cuerpo sin apenas esfuerzo, la metieron en el cuarto y la sentaron en una silla. Lucas le ató las manos por atrás del respaldo de la silla mientras que Martín se paró frente a ella, metió la mano en su bolsillo y sacó la tanga blanca que tomó del lavadero, esto la sorprendió, frunció el ceño, confundida, y al instante su cara se ruborizó completamente "¿por qué tienen mi tanga?" pensaba. Martín con una mano le apretó la cara por los cachetes haciendo que la modelo abra la boca y mientras ella se resistía sacudiendo la cabeza le puso la tanga en la boca a modo de mordaza. Lucas la tomó firmemente por los hombros desde atrás, se inclinó hacia ella acercándose a su oído y le aclaró -Solamente queremos que colabores, te sacamos la mordaza si nos decís donde están las joyas y la guita Ella, que miraba al otro delincuente a los oscuros ojos que se ocultaban tras el pasamontañas, asintió con la cabeza y dirigió su mirada al suelo, "si colaboro y no hago estupideces capaz no me hacen nada y se van rápido", pensó. Después de revelar la ubicación de la caja de seguridad y la clave, Lucas y Martín se apoderaron de las perlas, piedras preciosas, pulseras y una gran colección de relojes de lujo que eran del abogado. Después de los registros Martín se acercó a ella y dijo -Bueno, ahora nos divertimos un poco ¿qué te parece, socio? -No, por favor! ya lo tienen todo, no me hagan nada! -Suplicó la mujer del abogado -¿Quién dijo que esto era todo? -retrucó Lucas, esfumando los pensamientos de la modelo -Aparte esta yegua nos pudo haber arruinado todo el plan, algo tenemos que hacer ¿no? -Añadió Martín volviendo a poner la improvisada mordaza en la boca de la modelo La mujer del abogado nunca se había sentido tan sumisa y vulnerable a los deseos y acciones de los demás, menos aún de dos personas completamente desconocidas en el estado en el que se encontraba, maniatada en un silla, solo vestida con una bata de seda fina que apenas la cubría una palma de sus muslos por lo que tenía que estar con las piernas cerradas para no exponer su intimidad y encima amordazada por su propia tanga usada, sintiendo el sabor de sus fluidos impregnados en la tela. No sabía muy bien por qué pero había algo en todo este ambiente que la excitaba, cerró los ojos y llenó su pecho de aire, intentando ocultar su excitación, pero los pezones se endurecieron bajo la fina bata, delatándola, su rostro se ruborizó en parte por miedo a que lo noten y en otra parte por la inesperada calentura. Lucas desanudó el delicado cinto de la bata y abrió completamente la bata revelando el hermoso cuerpo desnudo de la modelo, ni un gramo de grasa, unos buenos pechos firmes coronados con dos lindos pezones erectos y se podía ver una fina línea de pelos rubios en su entrepierna. Ella seguía ocultando su sexo apretando los muslos -esto erotizaba más la figura de la rubia- y ahora ocultaba su colorado rostro agachando la cabeza. -Mira que tetas increíbles que tiene la rubia -le comentaba Martín a su compañero mientras las sacudía apretando los pezones -Seguro se las pagó el pollerudo del marido para que las disfrutemos mientras el pelotudo está jugando al golf -Respondió Lucas Mientras se reían, ella se excitaba por los manoseos de estos desconocidos, que por cada pellizco sentía una corriente eléctrica que disparaba su calentura. Lucas se paró frente a la modelo y aún con los pantalones puestos tomó la cabeza de la rubia para frotarle el miembro por la cara hasta que se le paró, le sacó la mordaza de la boca y se bajó los pantalones. Ante ella se encontraba una buena verga con un grosor considerable, se hubiera lanzado a devorarla, tenía un olor penetrante a sexo, en esos momentos deseaba ser poseída por ese miembro. Cerró los ojos. -¿Es grande, eh? abrí los ojos. Dale, comela -le ordenó Lucas Ella se inclinó sobre él y abriendo todo lo que pudo la boca fue tragándola toda, la notaba dura y ardiendo, generó saliva para que la fricción fuera menor y comenzó un sube-baja de cabeza que provocaba gemidos de su raptor, era evidente su experiencia en el sexo oral. Mientras esto sucedía, Martín desataba las muñecas de la rubia y la hacía pararse mientras seguía inclinada mamando la verga de su compañero, se paró atrás de ella deleitándose con las piernas de la modelo y la increíble cola firme en forma de manzana, le separó las piernas y pasó los dedos por los labios de la vagina, los tenía mojados. Al sentir esto el cuerpo de la modelo se estremeció, provocando un gemido. -Mira como le gusta. Está caliente y toda mojada la puta -dijo Martín De repente sintió vergüenza de sí misma ¿cómo podía estar excitada y disfrutando si la estaban violando? Pero Martín seguía acariciándole el clítoris y empezaba a entregarse. Solo quería tragarse todo el semen de aquel miembro mientras el otro la hacía llegar al orgasmo. Martín se arrodilló tras la modelo, separando las nalgas de la modelo con las manos provocando que se separen los labios mojados de la vagina, invitándolo a pasar la lengua por su rajita. Comenzó a devorar esa concha con rudeza y a meterle los dedos mientras le lamía la entrada del culo. Ella aumentó el ritmo de la mamada, le encantaba lo que sentía debajo, los dedos del delincuente entraban y salían sin parar de su caliente y húmeda vagina, estaba por tener un orgasmo siendo violada y estaba más excitada que nunca. Lucas ahogaba los gemidos de la rubia enterrando la verga lo más posible en su boca, sacó su miembro, la tomó de los pelos y tiró para atrás haciendo que levante la cabeza. La modelo tenía la cara fuera de sí, completamente roja al igual que sus labios debido a la felación, ahora gemía libremente por los estímulos que le causaba Martín. - Como te gusta trola, eh? Al final va a ser lo mejor que te pasó en tu puta vida -le dijo Lucas, pasándole el rabo ensalivado por la cara. -Dejame que me voy a cojer a esta como necesita - Ya la dejé lista, amigo -Le comentó Martín, que lamentó no ser el primero en cojerla. La mujer del abogado aprovechó estos instantes de cambios de lugar para reponerse de la posición incómoda en la que estaba, permaneció parada esperando las órdenes de estos delincuentes que estaban sometiéndola. Lucas dió un pequeño rodeo observando la mujer top model que tenían enfrente, desnuda, con las nalgas coloradas, agitada y con la melena rubia revuelta, ni en sueños hubiera pensado que esto fuera posible. Se paró a su costado, apoyando el miembro en su cadera. La tomó del cuello con una mano y le ordenó que separe las piernas. Comenzó a nalguearla fuertemente con la otra mano, a cada nalgada ella daba un pequeño salto apretando la mandíbula y cerrando los ojos. Nunca la habían tratado tan bruscamente, pero le gustaba, quizás era por la situación única e irrepetible... Lucas seguía tomándola del cuello y ahora palmeaba un poco menos fuerte la extensión de la vagina, que en cada golpe estimulaba el clítoris provocando una descarga eléctrica de placer en la rubia. -Cojeme, por favor -Murmuró la modelo -Aah, que putita resultaste -Respondió Lucas. -¿ahora pedís pija? te vamos a dar pija. Lucas se paró detrás de ella, la agarró con una mano de las muñecas por su espalda y la hizo inclinarse hacia adelante, hasta tener frente a su cara el miembro de Martín, que era un poco más chico que el de su compañero, pero más grueso. Tenía las piernas completamente estiradas y separadas, con el culo en pompa como una buena perra caliente. No tenía ningún punto de apoyo estable, si Lucas la soltaba caía hacía adela

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