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#Atraccion

Fotos, gifs y packs de Atraccion subidos por la comunidad.

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AaguuspalotesLv1· hace 30 dRelatos

Que lindo sentirsd deseada

Todo comenzó con una idea loca de idear una sorpresa a mi marido. Busque por internet empresas que me ayudaran, y fue cuando lo vi, ahí estaba él, un chico que se disfrazaba para realizar sorpresas a parejas, personajes para animar despedidas de solteras personalizadas. Parecía lo que tanto buscaba. Me anime a hablarle y no me equivoqué, parecía divertido, imaginativo, y me podía ayudar, lo que no imaginaba era cuanto... Hablamos muchas mañanas que era cuando mi marido trabajaba. Nuestras conversaciones se extendían horas ideando una gran sorpresa para "el amor de mi vida" y a medida que pasaban los días nos dimos cuenta que no solo habíamos hablado, sino que habíamos, de alguna manera, conectado. Sin darnos cuenta también habíamos hablado de nosotros, de nuestros trabajos, nuestras vidas y de nuestros secretos.    Un día quisimos dar el paso para vernos y poder hablar de otra manera. Estaba nerviosa por ese encuentro, pero a la vez muy cómoda con la idea de poder al fin estar junto a él. No me equivoque, allí sentados, uno al lado del otro, podíamos sentir como nuestros brazos, estratégicamente separados, se atraían como dos imanes. Jugamos con esa fuerza durante un rato, sentir esa atracción era puro...placer. Ese jugueteo no tardó para que él reaccionará, dándonos nuestro primer beso. Ese beso fue una combinación de deseo, magnetismo, fuerza y pasión que transportaba al cielo. A la misma vez podía notar la gravedad que había a nuestro alrededor. Esto no estaba bien, pero había entrado en un juego de seducción que sabía que no podría parar. Esta historia que tan solo acababa de comenzar se convertiría en mi mayor riesgo, mi mayor aventura, mi mayor travesura...se convertiría en una dulce maldición.   Ese día nos fuimos a casa con ese beso prohibido que solo nos dejo con muchas ganas, muchas ganas de más.    Cuando llegue a casa no podía parar de morderme el labio inferior recordando cada instante de ese beso. Recordaba como su boca se unía a la mía con movimientos coreografiados para que nuestros labios encajaran a la perfección.  Un baile super fácil de seguir 1,2,3 su labio inferior estaba entre los míos, 4, 5 ,6 su lengua penetraba despacio, suave, cálida y traviesa 7 y 8 su calidez que hacía irrefrenablemente desearle.   Me sentía como la protagonista de Dirty Dancing, en ese momento, en el que Patrick Swayze la levantaba por los aires, me sentía libre, deseada, ardiente, fuerte, irresistible y sexy.

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AaguuspalotesLv1· hace 30 dRelatos

Miradas

Hay miradas que te hipnotizan haciendo que te pierdas en ellas y besos que te reinician devolviéndote a la vida como si antes de no existiera vida puede ser algo serio o no pero a veces es necesario sentirse vivo y no me refiero a respirar y caminar pues muchos vivos están más muertos que otros ya enterrados...   Me llamo Valeria tengo veintisiete años una vida social un tanto activa novios cero pretendientes algunos y no tan interesantes, soy algo difícil para eso del amor no cualquiera llena mis expectativas y es valido o sea no es que yo quiera el hombre perfecto pero tampoco me gustan los hombres vagos sin metas, no me gustan los hombres pequeños pues para petisa me pinto sola, no tolero al hombre machista, celoso ni controlador. Soy más de tenerlo todo bajo control exageradamente independiente trabajo desde los dieciséis y vivo sola desde los dieciocho dígase cada cosa en su lugar.   Ya pueden ver por que no tengo pareja! jajaja apuesto que no soy la única gracias al cielo no soy una tóxica y tal vez esa es otra de las razones por las que sigo soltera, todos desean alguien que los controle en cuerpo y alma más no es un requisito para mí, en el único lugar donde me gusta que me dominen es en la cama, no me considero la mejor mujer del mundo digamos que estoy algo jodida y ciertamente todos lo estamos de una u otra manera.   Vivo sola con mí perro lucero, es el animalito más adorable que he tenido en la vida mí familia y mis amigos dicen que lo trato como un ser humano jajaj y aquí entre nos lo quiero más que a muchas de las personas que me rodean. Casi nunca estoy sola pues por mí trabajo debo lidiar con muchas personas y cuando tengo tiempo libre lo paso haciendo diligencias con mí mejor amigo y si pues como verán no tengo auto y gasto dinero como una psicópata entonces aprovecho que mí mejor amigo tiene un carro y lo ayudo con la gasolina así el me transporta de un lugar a otro sin problemas, mí amigo no se ve nada mal hasta tiene cara de que sabe coger como los dioses pero ignoremos eso por ahora.   Keiler tiene una novia a la cual no le agrado mucho y la entiendo pues se dicen tantas cosas de mí que si la mitad fueran ciertas yo a estas alturas pudiera morir en paz, ella y yo nos vemos poco y es que también paso más tiempo con su novio que ella misma pero vamos que el es taxista y yo soy un cliente más. Keiler es un hombre atrevido que sabe hacerse desear y aunque no estoy enamorada ni mucho menos me siento algo atraída por el, que conste que no he hecho nada yo respeto mucho su relación pero el no tanto. De vez en cuando nos damos besos aunque nada importante solo por botar el estrés y ultimamente siento que esto va más allá que una atracción mutua pues el ha dicho en varias ocasiones que soy su novia como si su boca predicara algo y su mente no lo asimilara, vamos no hay que ser tan inteligentes el es un mujeriego y yo bueno no tengo muchas emociones en mí vida excepto cuando el me besa! es algo extraño de explicar pues no es que una anda besando a cualquiera y sintiendo que el mundo se detiene por un beso, hasta ahora nos hemos besado de beso beso con lengua tres veces, la primera fue el año pasado Keiler iva conduciendo justo cruzando una intercesión, me dijo que me acercara para quitarme algo de la cara me dijo cierra los ojos y antes de que me diera cuenta estaba sintiendo su respiración mezclada con la mía, fue como si el mundo se desconectara por unos segundos para luego seguir su curso como si nada.   Hace unas semanas en casa de mí hermana Keiler se recostó por que se sentía mal y sí tenía algo de fiebre mi hermana le hizo una sopa mientras yo le ponía paños de agua fría para bajar la calentura, yo estaba sentada a su lado y el tomó mí mano deslizandome sobre el, en ese momento me miró a los ojos fijamente por unos segundos y me besó, no sé que tienen sus besos pero otra vez se detuvo el tiempo como si no existiera nadie más yo luego de responder su beso salí de la habitación sin decir nada hace unos salimos hacer varias cosas y me dijo que estaba mas linda que todos los días lo que me parece extraño por que casi siempre estoy igual, hizo referencia de llevarme a un hotel y yo como que wtf que te pasa estás loco eso no va a suceder por dos razones una tienes novia dos solo somos amigos y tres no nos gustamos y menos para eso. Pero a quien engañamos es como si nos amaramos en silencio la diferencia es que no lo amo o sea me gusta y sexualmente me atrae bastante pero no tanto para ceder y más si yo se que despues de coger la relación puede cambiar, siempre he dicho que no cambio una bonita amistad por un revolcón y aunque lo estoy considerando mí fuerza de voluntad es más grande que yo.   Estuvimos hablando de la conexión que tienen algunas personas que hasta con la mirada sacan chispas, el se desbordó y lo dejé ser ya que nunca lo había escuchado hablando así como si estuviera enamorado, me dijo muchas cosa yo me quedé sin palabras y le dije que no pensé que el era capaz de sentir algo así, no es que el no sienta pero para mí el sentía nada por nadie y es gracioso llevamos años de amistad y siempre nos han ligado aunque nunca había pasado nada hasta ahora y no creo que un beso sea la gran cosa pero de un simple beso inofensivo a sentir cosas bueno eso cambia un poco la situación, el me dijo que estaba aburrido y que necesitaba salir un poco de la realidad le dije -Eres igual que yo! por que si es así dime y ahora mismo te saco de esa monotonía pero el muy bobo me dijo que no podía por que tenía que trabajar y me dijo que podemos escaparnos sábado o domingo y adivinen que? hoy es viernes y el me invitó para una villa el y yo solos, ya hemos estado solos pero no con tanta tensión sexual, hace rato cuando salimos de la piscina me quité la parte de arriba del vestido de baño me vió los senos jaja me causó gracia su cara pero nada pasó pero no coman ancias que en el próximo relato les estaré contando que pasará chao los leeré luego ahora voy a cenar con mí mejor amigo...

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CCarlita_transLv1· hace 60 dRelatos

El portero de la calle Helguera (trans)

En el 88 vivía en Nazca y Tres Arroyos. Cursaba el segundo año de Bachiller en el Instituto Santa Rita, que estaba a diez cuadras. Siempre iba por la calle Argerich derecho hasta Camarones, pero ese día, no sé porqué, decidí ir por Helguera. A las pocas cuadras se larga un chaparrón de esos que parece venirse el cielo abajo, por lo que busqué rápido refugio en la entrada de un edificio, esperando que pase lo peor. -Linda tormenta que se largó- escucho que me dice alguien a mis espaldas. Me doy la vuelta y lo veo, parado en la puerta, con una escoba en la mano. El portero. Creí que me iba a decir que me fuera, que no tenía nada que hacer ahí, pero antes de hacer siquiera el ademán de retirarme, me detiene. -Pará, que no te estoy echando- me dice. Se acerca, me mira de una forma que en ese momento, pendejo todavía, no supe evaluar bien, pero que hoy, con toda el agua que ha corrido bajo el puente, no dudaría en considerar lasciva. -Parece que esto va para rato...- repone con un suspiro de resignación. Amaga entrar al edificio, pero antes de hacerlo, se voltea y me dice: -No querés pasar, adentro vas a estar más cómodo, además está haciendo frío- Estábamos en invierno, y la verdad es que ya había empezado a castañetear los dientes. -Bueno, gracias- le digo, entrando al edificio con él, y aunque mi tono haya parecido casual e inocente, les aseguro que no fue así del todo. Desde hacía rato que había empezado a sentirme atraído por las personas de mi mismo sexo. Al principio fue algo confuso, aunque la certeza llegó cuándo, por casualidad, encontré una revista porno debajo de la cama de mis padres. Era la primera vez que veía una, pero en vez de sentir atracción por los cuerpos femeninos, las tetas, los culos, las conchas, lo que se llevaba toda mi atención eran las pijas. Unas pijas hermosas, soberbias, imponentes.  Obviamente con el tiempo comprendería que no todo era como lo retratado en aquella revista, pero aún así, el gusto adquirido aquella tarde ya no lo perdería jamás. Quería estar con un hombre, esa era la verdad. Cuándo me hacía la paja siempre fantaseaba con algún vecino o alguien que me haya cruzado en el camino, siempre más grande que yo, adultos, mayores, entendiendo quizás que para mí primera experiencia necesitaba a alguien que me guiara, que me enseñase el camino de entrada a ese mundo que ya había elegido. Y quiso el destino, el azar, que un buen día de junio, al tomar un camino distinto para ir al Colegio, me encontrase con aquel portero, que luego sabría que se llamaba Oscar, que tenía 42 años y estaba casado. No era un hombre atractivo, tenía unos kilos de más y yable había empezado a ralear el pelo, pero era un hombre, y eso era lo que yo buscaba, lo que necesitaba. Cruzamos el lobby, bajamos al sótano, y atravesando un pasillo, entramos al cuarto de las bombas de agua. Jamás podría olvidarme de ese recorrido, como me palpitaba el corazón en el pecho, la humedad que sentía en el calzoncillo. Estaba como en un sueño, en una de esas fantasías que elucubraba cuando me hacía la paja. El cuarto también servía de depósito, por lo que había diarios apilados, cajas de cartón desarmadas, artículos de limpieza, y a un costado, bien limpio y ordenado, un rincón que se había armado para sus descansos, con una silla y una mesa. Sobre la mesa, un termo y el mate. -Justo estaba por empezar a tomar- me dice, cebando uno e invitándome. Agarra una silla plegable, la abre y me la ofrece para sentarme. Mientras mateamos, nos presentamos, hablamos de lo que hacemos, él de su trabajo en el edificio, yo de mis estudios. Pese a una diferencia de edad de casi veinticinco años, mantenemos una charla amena, cordial, sin segundas intenciones, aunque flotaba en el ambiente esa sensación de anhelo, de querer pero no animarnos. Aquí es donde todo se mantiene en una nebulosa, como en los grandes momentos de la vida, cuando con el paso del tiempo vas idealizando ciertas situaciones. -¿Porqué no te sacás ese saco que debe estar todo mojado?- me sugiere en algún momento, entre mate y mate, refiriéndose al ambo del uniforme del colegio. Cómo los uniformes de esa época, era pantalón gris, camisa celeste y ambo azul. Y tenía razón, se me había mojado con la lluvia. Me lo saco y al no saber dónde dejarlo, él se levanta y lo extiende delante de la estufa, para que se seque, pero en vez de volver a sentarse, se coloca tras de mí y me pone las manos sobre los hombros. -Así está mejor, ¿no te parece?- me pregunta, sin hacer nada más hasta esperar mi reacción. -Sí..., mejor...- asiento tímidamente, con el nerviosismo lógico del momento. Empieza entonces a masajearme, despacio, con suavidad, deslizando sus manos incluso más allá de mis hombros. -¿Te gusta?- me pregunta en algún momento, acercando sus boca a mi oído. Asiento solo con un gesto, incapaz de pronunciar palabra alguna. Desde atrás me desabotona la camisa, sin que yo haga nada para evitarlo, y metiendo las manos adentro, me acaricia los pectorales, pellizcándome con una ternura deliciosa las tetillas. Seguro se debe de haber dado cuenta de la erección que me abultaba el pantalón, porque enseguida retira las manos y parándose delante mío, se las lleva a la bragueta. -¿Querés que la saque?- me pregunta. No lo dudo. -Sí- respondo sin ningún titubeó. Se baja el cierre, se desprende el botón, y con una mano extrae del interior del calzoncillo algo que, en ese momento, en el sótano de un edificio, me pareció lo más hermoso del mundo. No la tenía parada del todo, pero aún así me parecía enorme. Era la primera que veía, por supuesto, aparte de la mía, pero al tratarse de un hombre ya maduro, me resultaba todo más... Más largo, más gordo, más duro... Pone la silla al lado de la mía, se baja el pantalón hasta las pantorrillas y sentándose, me pregunta aquello que yo tanto estaba deseando: -¿Me la querés tocar?- -Sí, me gustaría- le dije, animándome a pronunciar algo más que una simple afirmación. -Que bueno- exclamó -Porque me muero por qué me la toques- Me agarra entonces la mano y la pone sobre su verga, haciendo que con los dedos envuelva todo su contorno. -Así...- me dice, indicándome como tengo que mover la mano, suave, acompasadamente, sintiendo como se va endureciendo y mojando. Extiende las piernas, echa la cabeza hacia atrás y me deja hacer. Le estoy haciendo la paja a un tipo, pienso, y no puedo sentirme más pleno y satisfecho, sabiendo además que lo estoy haciendo bien, no solo por sus jadeos y exclamaciones, sino también por lo dura que se le está poniendo. -Ahora escupite un poco en la mano y dame más fuerte- me instruye, ronco, jadeante. Lo hago, me escupo en la palma de la mano, se la vuelvo a agarrar, pajeándolo con más fuerza, con más entusiasmo, haciéndole chasquear la piel de la pija a puro golpe de muñeca. El tipo está como en trance, bufando de placer, hasta que parece tensársele todo el cuerpo y la leche empieza a salir a borbotones. Me aparto, me hago a un lado, pero no asqueado, sino sorprendido por la intensidad de la descarga. Yo nunca había eyaculado tanta cantidad de semen. Ni tanto ni tan espeso. -¡Que buena paja me hiciste, flaquito!- me elogia entre excitados suspiros. Yo me quedé ahí sentado, con la mano empapada de semen, la camisa desabrochada, sin saber que más hacer. Ya con más calma, agarra de debajo de la mesa un rollo de papel higiénico y me lo alcanza para que me limpie. No me lo pide, pero le limpio a él también la entrepierna. -Gracias...- me dice, mientras se levanta y se sube el pantalón. Yo hago lo mismo. -Podés venir cuando quieras, la próxima te la puedo hacer yo a vos- me sugiere, subiéndose el cierre de la bragueta. -¿Ya se la hiciste a alguien?- le pregunto, curioso, abrochándome la camisa. -No, pero tengo que devolverte el favor- se sonríe. Agarro el ambo, me lo pongo y salimos del cuarto de bombas. Afuera ya había dejado de llover y el cielo lucía azul y resplandeciente, al igual que mi ánimo. No fui al colegio, sino que volví a mi casa, flotando como en una nube, oliéndome todo el camino la mano, en la que había quedado impregnado el olor de su virilidad. Obvio que volví a lo del portero, pero eso ya se los cuento en el próximo relato.

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DdulcesplaceresLv1· hace 66 dRelatos

Solo amigas

Un día tuve que decidir entre mi familia y mi futuro, quería estudiar comunicación social y en la pequeña ciudad donde había vivido toda mi infancia y mi adolescencia era imposible hacerlo, por lo que o bien cambiaba mis pretensiones o bien me trasladaba a la capital dejando atrás a mis seres queridos. Obviamente que para una chica muy ‘familiera’ como yo la decisión fue muy traumática, no era fácil de un día para el otro dar vuelta una página de mi vida, alejarme de papá, de mamá, de mis hermanos, de mis amigas, de mi barrio, de mi historia. Y de alguna manera fueron mis padres los que me empujaron y desequilibraron los platillos de la balanza, ellos querían para mí un futuro mejor, ellos habían tenido una vida demasiado sacrificada, demasiado dura. Aun se me humedecen los ojos cuando recuerdo esa última mirada de mi familia en el andén, mientras el tren se ponía en marcha lentamente y si bien cada tanto vuelvo a mis tierras y nos mantenemos en contacto por la web, se extraña demasiado el contacto del día a día. Capital Federal me resultó un mundo nuevo, comprendía que pequeña e inocente era mi tierra natal. Fui a parar a la ciudad universitaria donde los jóvenes de bajos recursos que provienen del interior encuentran un lugar para vivir mientras estudian. El pabellón masculino estaba al frente y daba al norte, atrás, estaba el nuestro, y estaba preparado para que no se cruzaran ‘extraños’ de uno al otro lado, era difícil, pero no imposible. Los cuartos estaban diseñados para dos personas, así que casi todas teñíamos una compañera. En mi primer año me tocó ocupar el cuarto con una joven un tanto mayor que yo, le faltaba poco para recibirse, era un tanto parca, y me trataba como a una niña, así que no teníamos mucho diálogo, cada una hacía su vida, solo lo justo y lo necesario. Por suerte cuando comenzaba la primavera ella abandonó sus estudios, se dio cuenta que no era su vocación por lo que volvió a sus pagos, un alivio, prefería estar sola a mal acompañada. El receso me permitió volver unos días a casa, a renovar el aire y al volver conocería a mi nueva compañera de cuarto, por tres años, los tres años más ricos que recuerde… En ese momento tenía diecinueve, ella uno menos, cuando la vi por primera vez me impactó a primer golpe de vista, un poco más alta que yo, diría poco más de un metro setenta, unos largos cabellos rubios, en grande bucles llegando a media espalda, enormes ojos verdes y gruesas cejas que se asomaban apenas, casi tapadas por un coqueto sombrero, una nariz respingada y pómulos salientes en el que se marcaban sus rozagantes mejillas, labios perfectos, carnosos, moviéndose rítmicamente mientras mascaba un chicle dejando escapar de tanto en tanto un globo, un cuerpo delicadamente armonioso, un top apretado color rosa flúor con una estampa al frente de Hello Kitty que se deformaba entre los prominentes pechos, su vientre estaba descubierto, un piercing colgaba de su ombligo y su cintura era tan pequeña que daba envidia, abajo tenía un ancho pantalón floreado al tono con el sombrero, para mi gusto era horrible, sin embargo, me permitían adivinar unas anchas caderas, una cola hermosa y unas piernas de ensueño. Con los dedos de su mano izquierda tomó el chicle para amasarlo, al tiempo que estiraba la derecha para saludarme y decirme: Hola! soy Natasha, seremos compañeras! y tú eres… Micaela, bienvenida! Ponte cómoda… Fue mi respuesta mientras tendía mi mano y además le daba un beso en su mejilla, mi primer contacto… La ayudé con sus cosas y sin saberlo a partir de ese momento comenzaron tres años diferentes en mi vida… Natasha era de Rosario, una ciudad del norte, según ella donde están las chicas más bellas del país y si todas eran como ella era muy posible que no mintiera. Ella no estudiaba lo mismo que yo, por lo que muchas veces nuestros horarios no coincidían y poco a poco nuestras vidas se cruzaron, pude entrar en su mundo, en sus secretos, conocer una bella joven, una persona diferente. Disfrutábamos de los momentos en mutua compañía, salíamos juntas, a pasear, a cenar, ella sabía cómo vestirse y siempre se robaba todas las miradas, y ni hablar cuando íbamos a tomar sol a la terraza, usaba un traje de baño tan pero tan pequeño que hasta me daba vergüenza ajena, pero con ese cuerpazo, quien no se hubiera animado. Recuerdo un Domingo que habíamos ido a un balneario público donde solían ir de la televisión a filmar las chicas del momento, fue la atracción, la hicieron desfilar y cuando caía el sol ganó un bikini open con el que cerraban el día. Pero ella no era solo ‘una chica bonita’, Natasha era más que una amiga, era alguien que sabía todos mis secretos, era alguien que siempre estaba atenta a mis caprichos, era alguien con quien podía hablar, fantasear, pensar. Recuerdo una vez que debía dar un examen importante y yo tenía una fuerte gripe, estaba en cama con casi cuarenta grados de temperatura y por más que insistí e insistí no pude apartarla de mi lado, se quedó cuidándome como una madre, y ese pequeño detalle significó a la larga que no pudiera aprobar la materia. En el cuarto ella era muy extrovertida, totalmente desinhibida, no tenía problemas en tomar una ducha y andar desnuda por la habitación, mis ojos la observaban en silencio, sus curvas perfectas, los pequeños espacios blancos que dejaba en su intimidad los diminutos trajes de baño contrastando con el cobrizo bronceado de su piel, era común que se sentara contra la ventana a plena luz del sol a depilar su vagina, siempre se depilaba, para ella era normal y no la cohibía mi atenta mirada. También era su oído, cada tanto ella se ilusionaba con algún chico del otro pabellón, pero solo la cogían y listo, pero las mujeres no somos así, y yo sufría con ella. Me río recordando lo desordenada que era, cuantas veces levanté sus pornográficas bombachas que dejaba olvidadas en el piso del baño, o al costado de su cama. Y todo parecía estar bien, a mí me llamaba la atención que no le sorprendiera no verme jamás con un chico, tal vez no se animaba a preguntar, mi padre decía que no debes preguntar si no estás dispuesta a escuchar la respuesta, y creo que así era. Un año atrás de su despedida se me empezaron a complicar las cosas, cuando me presentó a Kevin pensé que sería uno más en su larga lista, pero me equivoqué, el tema iba en serio, empezaron a salir y sentí como poco a poco perdía protagonismo en su vida, poco a poco él la estaba arrancando de mi lado y me estaba arrancando el corazón, en poco tiempo Natasha se volvería monotemática, que Kevin esto, que Kevin lo otro, sentí que lentamente él tomaba el lugar que yo deseaba tener, un lugar que nunca sería mío, mi muro de face estaba lleno de selfies de Natasha y el muro de Natasha se poblaba cada vez con más fotos de su nuevo amante, era duro dormirse sufriendo, apretando los párpados para dejar correr las lágrimas en un mar de silencio… Una tarde ella llegó un poco dolorida, me sorprendió, se había hecho un tatuaje que partía en su pecho izquierdo, bajaba por todo su costado, por su cadera, por su muslo, terminando en su tobillo, eran delgadas líneas simulando una enredadera, con detalles de pequeñas flores Te gusta? fue idea de Kevin! qué te parece? Kevin, maldito Kevin, ni siquiera me había consultado… Sentí el frío acero de la hoja del puñal clavarse lentamente en mi corazón cuando me decía que habían decidido abandonar los estudios e irse a vivir juntos, a formar una familia, a forjar un futuro, a esa altura muchas veces me mostraba poco tolerante con ella, agresiva, odiosa, la relación parecía enfriarse, pero que podía hacer, quería que fuese feliz, pero que había de mí? me había enamorado de la persona equivocada... Mi tiempo se agotaba, no me quedaban muchas oportunidades, esa noche marcaría el quiebre, habíamos quedado en ir a un canto bar, ya habíamos ido un par de veces, un pequeño bodegón donde no entraban más de veinte personas, Natasha me había confesado que quería estar brillante esa noche, que como su ‘íntima amiga’ la ayudara, porque luego irían a hacer el amor y estaba dispuesta a regalarle su último y más preciado tesoro, si virginidad anal… Se había bañado, se había depilado, se había peinado, iba de un lado a otro como histérica, pasando por mi vista una y otra vez, completamente desnuda, yo solo suspiraba… Natasha se puso una tanga blanca casi invisible, apenas tapaba su lampiño pubis, perdiéndose entre sus nalgas, sacó cola apuntando para mi lado y preguntó pícaramente: Le gustará? Respondí con una sonrisa, como no iba a gustarle… Se puso luego un ajustadísimo vestido straplees en un delicada licra ocre, tan pero tan corto que estaba al límite del precipicio, si lo levantaba un poco se le asomaban los glúteos, si lo bajaba un poco se le escapaban los pechos. Se calzó los zapatos que se había comprado para esa noche, tenían unos finos tacos de veinte centímetros, no sé cómo diablos no se rompía un pie, pero que elegantes le quedaban! Como estilizaban sus piernas!. Se aseguró que todo estuviera bien, su maquillaje, sus largas uñas, sus aros, todo en ella estaba perfecto. Ya en el lugar Kevin y ella estaban acaramelados en la barra, había algunos chicos más, compañeros de estudios, todos se divertían, todos menos yo… Natasha estaba sentada en un alto taburete, con su trasero rebalsando por todos lados, con las piernas cruzadas, haciendo lo imposible para no quedar desnuda, él estaba parado a su lado, hablándole al oído y ella sonreía jocosamente, seguramente por las cosas sucias que le decía… Cada tanto se besaban, se acariciaban llevando las manos más allá de lo permitido, pedí un wiski, ante la desconcertada mirada del barman, lo bebí casi sin respirar, me pareció asqueroso… De pronto los chicos pidieron que Kevin subiera a cantar y ella quedó sola, supe que era mi momento, la miré con deseo, era perfecta, las luz de los faros esquivando sus rubios cabellos, sus uñas pintadas, sus ojos de gata, sus muslos macizos, sus alhajas, terminé mi segundo vaso de alcohol… Voy a su encuentro, la sorprendo, me mira sin entender, la miro desafiante, hay gente en el lugar, no me importa, tomo sus piernas y las separo, el vestido corto me permite ver su hermosa concha tapada por la blanca tanga, me arrodillo a sus pies, me cuelo al medio, ella no quiere, me rechaza avergonzada, pero no puede, es una locura, siento su vergüenza, beso el calado de su prenda íntima, siento su aroma a mujer, nuestros compañeros se transforman en espectadores de lujo, alguno intenta intervenir pero como una perra rabiosa enseño mis dientes, nadie se meterá con nosotras, no lo permitiré. Natasha no sale de su estupor, está a mitad del río, no sabe si entregarse ante la muchedumbre o desprenderme de su lado, no dejo de insistir, tengo mis manos en sus muslos, poco a poco se deja invadir, la siento aflojar sus piernas, las va separando, se deja llevar, acomoda más adelante su trasero de manera de dejar su sexo a mi alcance. Corro su bombacha, al fin serás mía, sus labios depilados, suaves, los beso, se sienten tan bien, tan ricos, mi lengua va por su canal, su miel se mezcla con mi saliva, está exquisita, su botón está hinchado, apoyo mis labios en él, lo acaricio, lo recorro en círculos, una y otra vez, me encanta, si tan solo hubiera imaginado como lo deseaba, la acaricio con mis dedos, su túnel se abre, introduzco índice y mayor al mismo tiempo, está empapada en jugos, acaricio rítmicamente el interior de su concha, creo tocar la puerta de su útero, levanto la vista, está entregada, con sus ojos cerrados, su boca abierta, jadeo, sus pezones se muestran duros bajo la tela, tomo el vestido con mi mano libre, tiro hacia abajo, no es difícil, su tetas parece explotar al ser liberadas, la luz de la noche se refleja en ellas, Natasha comienza a acariciárselas, sus pezones están afilados, se los toca, los estira, los aprieta entre sus dedos, observo al auditorio, todos son testigos, en silencio, incrédulos de ver lo que ven, ha

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TTiagoMexLv1· hace 78 dRelatos

Malena, Mi perdicion part 2

Primera parte: Durante una hora, recordar cómo había metido la pata con esa chavala, me hizo permanecer en mi habitación. Sentía que había perdido la oportunidad de seducirla por imbécil y eso me traía jodido. Cómo zorro viejo en esas lides, no comprendía mi comportamiento. «La tenías a huevo y la has cagado», maldije más cabreado que abochornado. Cualquier otro estaría muerto de vergüenza pero mi falta de escrúpulos hacía que únicamente me enfadara el haber fallado de esa forma tan tonta y no el haber ofendido a Malena. Para mí, esa joven madre seguía siendo una presa y no una persona con sentimientos que para colmo necesitaba ayuda. Me daba lo mismo que se hubiese sentido traicionada por mí cuando incapaz de contener mi lujuria, había llevado mis dedos hasta su pecho para recoger una gota de leche materna. «Estaba cojonuda», sentencié y al rememorar su sabor, en parte, disculpé mi actuación al pensar: «mereció la pena y fue ella la culpable». Justifiqué ese desliz, echando la culpa a Malena. «¿No esperaría que me quedara mirando? ¿A quién se le ocurre ponerse a dar de mamar frente a un desconocido?». Dando por sentado su responsabilidad, decidí que no tenía que variar mis planes: intentaría seducirla y si no podía, ¡la chantajearía con sus imágenes desnuda! Acababa de resolver certificar mi inmoralidad cuando un ruido me hizo saber que esa incauta había vuelto a su cuarto. Sin rastro de remordimientos encendí el monitor y me puse a ver lo que estaba grabando en ese momento la cámara que tenía instalada en esa habitación. «No me extraña que lo haya hecho, está buenísima», me dije al ver en la pantalla a esa muchacha entrando con su niña. Reconozco que aunque en un principio era el morbo lo que me hizo permanecer atento a las imágenes, fue ver una sonrisa en su cara lo que realmente me obligó a mantenerme pegado al televisor. «No parece cabreada», con nuevos bríos, concluí. Esa conclusión se vio confirmada mientras le cambiaba el pañal al escucharla decir: -No sabes la ilusión que me hizo comprobar que también te cae bien Gonzalo. ¿Te gustaría que fuera tu papa? Esa inocente pregunta debió de despertar todas mis alertas pero debido a la atracción que sentía por esa preciosidad, lo único que provocó fue que se reavivaran con más fuerzas mis esperanzas llevármela a la cama. Habiendo decidido reiniciar mi acoso, mi seguridad de tirármela se vio reforzada cuando a través de los altavoces, la oí comentar muerta de risa: - Pobrecito, ¡no pudo resistirse a probar mi leche! Tenías que haberle visto la cara que puso, ¡hasta me dio pena echarle la bronca! «¡Será puta!», exclamé al oírla, «¡Lo hizo a propósito!». Sabiéndome engañado, decidí que iba a usar esa información para follármela y por eso salí de mi cuarto rumbo al salón con una sola idea en mi mente: «Si esperaba seducir a un tipo tímido y apocado que le había prestado desinteresadamente su ayuda, no había problema: ¡representaría ese papel!». Asumiendo que esa cría no tardaría en intentar que cayera enamorado de ella, tranquilamente me senté a esperar a que Malena se tropezara en su propia trampa. Tal y como había supuesto, no tardó mucho en aparecer por la puerta. Supe que estaba actuando cuando la muchacha que entró no era la desvergonzada de hacía unos minutos sino la Malena ingenua e indefensa que María me presentó. «Es una estupenda actriz», murmuré mentalmente al oír que me preguntaba si podía entrar. -Claro. Ya te dije que esta era tu casa. Mis palabras provocaron que una involuntaria sonrisa iluminara su cara. Por ello cuando se sentó junto a mí y simulando una gran vergüenza me pidió si podía prestarle otra camisa, no la creí. -Voy a hacer algo mejor. Te voy a comprar algo de ropa mientras conseguimos recuperar la tuya- respondí adoptando el papel de caballero andante. Leí en sus ojos la satisfacción que sintió al ver que todo se desarrollaba según sus planes y por eso me divirtieron sus reticencias a aceptar mi ayuda. No tuve que insistir mucho para que me acompañara de compras y al cabo de cinco minutos, me vi tomando un taxi con las dos rumbo al lugar donde había dejado mi coche la noche anterior. Durante el trayecto, Malena estuvo todo el tiempo jugando con su nena e incluso me hizo partícipe de esos juegos haciéndome cosquillas. No me lo pensé dos veces e imitándola, busqué devolverle esas divertidas caricias. La joven madre, al sentir mis dedos recorriendo su cintura se lanzó sobre mí con gran alegría, sin importarle la presencia del taxista, diciendo: -Estas abusando de que soy una mujer. Tampoco le afectó que al ponerse a horcajadas sobre mí, su sexo se restregara contra el mío, ni que sus juveniles tetas revolotearan a escasos centímetros de mi cara. Esos estímulos hicieron que bajo mi bragueta, mi pene se alzara inquieto. Sé que esa bruja manipuladora se percató de mi erección porque mordió mi oreja mientras me decía: -No te da vergüenza tratarme así. Su descaro me hizo llevar mis manos hasta su culo y afianzándome en sus duras nalgas, colocar mi verga contra su coño. Durante unos segundos, esa guarrilla disfrutó con esa presión en su entrepierna pero una vez consideró que era suficiente, aparentando estar enojada, puso un gesto serio y se bajó de mis rodillas sin hacer ningún otro comentario. «Ahora me toca a mí actuar», concluí viendo su actitud y simulando un arrepentimiento que no sentía, le pedí perdón por haber magreado su culito. -No importa- contestó sin mirarme, fingiendo un enfado que no existía. De manera que cada uno cumplimos con nuestro papel. Ella con la dulce e inocente joven atosigada por el destino y yo con el del tipo sensible pero susceptible de ser manipulado. Por ello, recogiendo a su hija, salimos a coger un taxi. No fue hasta que el taxista nos dejó en mi coche y que ya estábamos en su interior, cuando poniendo un tono compungido esa cría me soltó: -Soy yo la que te tiene que pedir perdón. Me olvido con facilidad que apenas nos conocemos y que al saber de mí, con mi comportamiento puedes pensar que soy una chica irresponsable. Lo siento, a partir de ahora, me comportaré manteniendo las distancias. «¡Un óscar es lo que se merece!», sentencié al saber que de no haber visto y oído la charla de esa cría con su bebé, me hubiese tragado ese falso arrepentimiento. En vez de desenmascararla, cogiendo su mano, contesté: -Para nada. Yo soy el culpable por no darme cuenta que, en tu situación, debo cuidar mis actos y saber que ante todo eres vulnerable. Recibió con una alegría desbordante mis palabras y antes que pudiera hacer algo por evitarlo, se lanzó a mis brazos y depositó un dulce beso en mi mejilla mientras me decía: -Eres todo un caballero. En ese instante, me hubiese gustado en vez de caballero ser su jinete y desgarrando su camisa, cabalgar su cuerpo con lujuria. Previendo que no tardaría en hacer realidad ese deseo, arranqué el coche rumbo a una boutique que conocía… Malena desfalca mi tarjeta de crédito. Durante el trayecto, no pude dejar de mirarla de reojo y reconocer al hacerlo que esa cría tenía unas patas de ensueño. Apenas cubiertos por un diminuto pantalón, los muslos de Malena se me antojaron una belleza. Bronceados y sin rastro de vello, eran una tentación irresistible y un manjar que deseaba catar con mi lengua. Juro que mientras conducía, no podía dejar de imaginar cómo sería recorrerlos a base de lengüetazos. La chavala, que no era tonta, lo advirtió y deseando incrementar la atracción que sentía por ella, descalzándose, apoyó sus piernas sobre el salpicadero para que de esa forma lucir aún más la hermosura de sus pies desnudos. -¿Verdad que tengo los muslos un poco gordos?- preguntó forzando de esa forma que la mirara. -Eres tonta, los tienes preciosos- contesté tras darles un buen repaso. Malena no se contentó con esa mirada y cogiendo mi mano, la puso sobre uno de sus jamones, diciendo: -Toca. Fíjate y dime si están fofos. Fofos, ¡mis huevos! Las ancas de esa muchacha estaban duras como piedras y para colmo su piel era tersa y suave. Durante unos segundos, acaricié esa maravilla y cuando no pude más, retirando mis dedos, exclamé muerto de risa: -Niña, ¡no soy de piedra!- Ella, ruborizada, respondió con voz dulce: -Yo, tampoco. Su respuesta me hizo girar en mi asiento y casi estrello el coche al advertir que bajo la tela de su camisa, dos pequeños bultos confirmaban sus palabras. «Tranquilo, macho. Todavía no está lista, ¡síguele el juego!», me dije reteniendo las ganas de saltar sobre ella. Afortunadamente, acabábamos de llegar a y por ello, pude aguantar el tipo y aparqué mi automóvil. Viendo que no salía, caballerosamente, abrí su puerta y la ayudé a colocar a su hija en el cuco. Cuando todavía no habíamos iniciado camino hacia la boutique, como si fuera algo habitual, Malena me cogió de la mano y con ella en su poder, se puso a caminar por la acera. «Actúa como si fuésemos novios», me dije complacido al ver a cada paso más cercana la presencia de esa criatura en mi cama y sin poner ningún reparo a su actitud, la llevé calle abajo. Con una soltura fuera de lugar, dejó que yo llevara la canasta del bebé mientras ella iba mirando los distintos escaparates que pasábamos. Al llegar a La perla, una lencería de lujo, se abrazó a mí buscando que sintiera como sus pechos se pegaban al mío, antes de decirme: -Siempre soñé con tener una pareja que me regalara algo de esa tienda. No tuve que ser un genio para comprender que implícitamente me acababa de decir que si quería hundir mi cara entre sus piernas, debía complacer ese capricho. Por ello, asumí que me iba a costar una pasta y a pesar de ello, contesté: -No soy tu novio pero me apetece cumplir tu sueño. -Gracias- chilló y demostrando su alegría, me dio un beso en los labios mientras me decía: -A este paso, vas a hacer que me enamore de ti. Con el recuerdo de su boca en mi mente, la seguí por la tienda, temiendo por el saqueo que iba a sufrir mi cuenta corriente. Afortunadamente, estaban de rebajas pero aun así, confieso que sudé al leer el precio del coqueto picardías que había elegido: «Ni que fuera de oro», rezongué asumiendo que nada me iba a librar de pagar. Sin mirar atrás, Malena se metió en uno de los probadores dejándome con su puñetera cría mientras se lo probaba. La bebé, en vez de echar de menos a su madre, me sonrió. Enternecido con ese gesto, le hice una carantoña y cogiéndola en brazos, murmuré: -La pasta que me va a costar tirarme a tu madre. Adela, la niña, balbuceó divertida como si entendiera mis palabras y por ello, hablándola con dulzura, descargué mi cabreo diciendo: -No te acostumbres. En cuanto me la haya follado, desapareceré de sus vidas. Ajena a su significado, me devolvió una nueva sonrisa y por primera vez en mi vida, deseé tener algún día una hija que se alegrara de verme al llegar a la oficina. Estaba todavía pensando en esa “herejía” cuando escuché que su madre me llamaba y con ella todavía en mis brazos, me acerqué a donde estaba. Confieso que estuve a punto de dejarla caer cuando descorriendo la cortina, Malena apareció luciendo el sensual camisón que había elegido. Aunque la había visto desnuda, la visión de verla ataviada únicamente con ese conjunto me hizo trastabillar y si no llega a coger ella a la niña, podría haber habido un accidente. -¿Te gusta cómo me queda?- preguntó con una coquetería innata que solo tienen las mujeres que se saben irresistibles. -Pareces una diosa- contesté con la voz entrecortada mientras fijaba mi mirada en los pezones que se entreveían tras el encaje. Descojonada, me agradeció el piropo y devolviéndome a su retoño, se volvió a encerrar en el vestuario. Otra vez con su hija a solas, no pude retener mi imaginación y me vi dejando caer los tirantes de ese picardías mientras su dueña se entregaba a mí. -Tu madre es una zorra preciosa. Espero que cuando seas mayor, no la imites- le dije al bebé mientras trataba de calmarme. Los dos minutos que tardó en salir me parecieron eternos pero lo que realmente me dejó perpl

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RRelatosargentinaLv1· hace 83 dRelatos

Trio forzado

Después de salir 3 años con Romina. Una mujer de unos 35 años, muy hermosa, con tetas bien firmes y un culo hermoso separada con hijos. Decido terminar con ella, ya que era muy posesiva. Yo tenía 25 años estaba en la universidad. Me encantaba estar con ella. Teníamos muy buen sexo. Pero la atracción hacia una compañera de la Uni de la cual ella siempre estuvo celosa hizo que no termináramos en buenos términos. Llevábamos saliendo unos dos meses con Alejandra, mi compañera, 2 años menor que yo. Hermosa con tetas medianas, y un culo firme muy hermoso. Yo vivía solo en un departamento, pasábamos mucho tiempo juntos, el sexo era lo mejor, ella vivía en una pensión por lo que se quedaba a dormir seguido en casa. Tenía la llave del departamento. Un día llego a la tardecita a casa, luego de una cursada y encuentro que a Romi sentada en el sillón del comedor. Hacía meses que no la veía, estaba en ropa interior con una bata blanca muy sexi. Le pregunto qué hacia acá, quien le había abierto. Ella me contesta que eso no importaba que tenía una sorpresita para mí. A lo que le contesto que por favor se vista que podía llegar Alejandra. Ella me contesta. Ro: Alejandra? La putita que cursa con vos. Así que estas con ella Yo: Si hace unos meses que estamos juntos. Ro: Que bueno, sabes siempre cuando estuvimos juntos me ratoneó mucho la idea de verte con ella, pero obviamente la puta era yo, ella no iba a acceder a hacer un trío juntos. Mira vos, logró que quería al final. Yo: Rebeca por favor vete. Romi se levanta, se acerca a mí y me dice: Ro: Ven conmigo, tengo un regalo para ti. Me toma de la mano y me lleva a la habitación. Abre la puerta y encuentro a Alejandra atada a la punta de la cama desnuda y con la boca tapada. Desesperado me quiero acercar y Romi me detiene. Ro: Espera, no tan rápido. Esta es la sorpresita que tenía preparada, Tuvimos una larga charla con tu novia. Como veras no nos pusimos de acuerdo, sino te esperábamos en otras condiciones. Así que te propongo que te relajes y hagas lo que te pido. Sino Alejandra la iba a pasar muy mal. Si todo va bien vamos a pasar una noche de sexo espectacular. Yo entre la sorpresa de encontrar a mi ex semi desnuda en el comedor, y luego a mi novia desnuda y atada en la cama. Ya me estaba enloqueciendo. Ro: Quítate la ropa, y pégate una ducha. Nosotras te esperaremos acá. Me saco la ropa y me dirijo al baño. Mientras me ducho, no paro de pensar en la situación que me espera. Me daba mucho morbo. Pero pensaba que Alejandra, que era muy distinta a Romi. Salgo de la ducha y escucho la voz de Alejandra, suplicando que nos deje en paz. Entro a la habitación y encuentro a Romi desnuda junto a Alejandra en la cama. Ella tiene en su mano un cuchillo posado en el vientre de Ale que está muy asustada. Ro: Ven aquí junto a nosotras, si hacen lo que yo les digo la pasaremos muy bien y no sabrán más nada de mí. Me acuesto en medio de ellas. Rebeca deja el cuchillo a un lado se sube arriba mío y comienza a besarme. Yo trato de negarme, pero ella me dice al oído que si no cedía, lastimaría a Alejandra. No me deja muchas opciones. Tomo de la mano a Ale y le doy un beso profundo. Romi se separa y me pide que bese a mi novia un momento que no para de llorar a nuestro lado. Yo lo hago y Romina nos separa besando ella también a Alejandra. Estamos así un momento. Romina nos pide que nos pongamos de rodillas unos frente al otro y que no nos toquemos. Se posa detrás de Ale y acaricia sus senos con una mano mientras con la otra mete su mano entre sus piernas masturbándola fuertemente. Ale por la humillación llora, pero comienza a gozar de a poco. Romina le pide que se ponga en cuatro patas y que me chupe bien la pija mientras ella la haría gozar como nadie. Ale se inclina tomando mi pene y comienza a chuparlo. Rebeca me mira y se pone detrás de Ale, toma su culo con las dos manos y separa sus nalgas. Romi: que hermoso culo tiene tu chica. ¿Se lo has roto alguna vez? Nunca me había dejado. Pero conociendo las intenciones de Romina le digo que si con la cabeza. Alejandra me mira guiñándome un ojo. La mamada que me está pegando me está encantando. Romina: Mmm que lindo. Voy a disfrutar de esto. Comienza a pasar su lengua primero por el ano y lentamente se dirige a la vagina. Introduce un dedo suavemente en su cuito ensalivado y luego dos. Mientras con la otra mano masturba su vagina. Alejandra suelta mi pene un momento y pide por favor que saque sus dedos que le duele mucho. Romi no hace caso y toma del pelo a Alejandra diciéndole que siga con su tarea. Pasaron uno minutos. Ella termina con Alejandra y se acerca a mi por detrás. Romi: Ahora quiero que le rompas el culito frente a mi. Yo me pongo detrás de Alejandra y comienzo a tocar su oficio que ya está dilatado por el trabajo realizado por Romi. Mientras esta besa apasionadamente a Alejandra. Romina: Ahora me voy a abrir de piernas y te vas a comer mi vagina mientras tu novio te rompe el culito. Alejandra: No por favor el culo no, me va a doler. Romina la cachetea, se abra de piernas frente a ella, le toma la cabeza y la obliga a chupar. Romi: Comienza tu tarea. Yo me dispongo a introducir mi pene suavemente. Hasta que siento que cede y comienzo a bombear. Miro la escena lésbica que me están dando y no puedo evitar calentarme. Alejandra llora y grita de dolor mientras cómo puede chupa la concha de Romi que goza como una perra en celo. Pasados unos minutos yo acabo dentro del culo de Alejandra y Romi suelta la cabeza de mi chica. Rebeca toma la cabeza de Alejandra. Rebeca: Y te gusto putita. Ahora te vas a sentar en el sillón mientras yo me monto a tu novio. Yo: Por favor déjanos en paz. Ya es demasiado. Alejandra llorando se va al sillón. Y Romina me pide que me acueste. Comienza a chuparme la pija con una maestría increíble, yo no puedo evitar que se me pare nuevamente. Romina se sienta mirando de frente a Alejandra y comienza cabalgar mi pene. Le pide a Alejandra que se masturbe frente a ella. Está llorando se acaricia y finge gozar frente a ella para que no nos lastime. Yo frente a esto no tardo mucho en acabar junto a Romi. Siento una explosión de jugos en mis piernas. Romi se da vuelta, me besa y me dice que gracias. Que ya nos volveremos a ver. Se acerca a Alejandra, la besa en la mejilla y se retira. Rebeca: Conozco la salida. Ale me mira llorando, se retira al baño a pegarse una ducha. Yo la sigo. Nos bañamos juntos, no podíamos creer lo que nos había pasado.

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CCornudo_novatoLv1· hace 91 dRelatos

cornudo sumiso

Hola a todos, es la primera vez que escribo algo así. pero quería contarles lo que paso hace una semana. es algo nuevo para mi y creo que me gusta como se siente. siempre quise darle lo mejor a mi novia, aunque lamentablemente no me toco ser un tipo bien dotado. varias veces habíamos ido a comprar ropa cerca de constitución en un lugar donde la mayoría de vendedores son africanos. negros, altos, de buen físico. yo notaba que ella los quedaba mirando, pero no era normal. los veía de arriba abajo y su mirada cambiaba a la vez que le salia una sonrisa que intentaba disimular sin éxito. una vez mirando una película apareció un actor de esas características. a lo que yo le dije a ella "el sueño de toda mujer no?" y ella me respondió "no, a mi no me gustan los negros" la mire le dije "que mentirosa" ella se sonrojo y me respondió "baasta mientras dejaba salir una risa nerviosa" desde ese momento todo cambio. siempre fui celoso pero comenzaron a venir a mi imaginación imágenes de ella con un tipo asi. y para mi sorpresa me calentaba imaginarlo. les dejo unas fotos de ella para que traten de imaginar como se veria ella con un tipo asi al lado continuando, los meses pasaron y yo notaba que ella se volvía cada vez mas distante conmigo. ya no hablábamos igual y no teníamos sexo. yo intente preguntarle si estaba enojada o algo pero ella me lo negaba. hasta que hace poco me dijo que quería hablar conmigo. -necesito decirte la verdad. -si, que paso? -te acordas esa vez que fuimos a comprar ropa? -si... -bueno ese dia no se que me paso pero senti atraccion por uno de los vendedores -cual vendedor? (respondi yo con mi voz un poco temblorosa de los nervios) -ya sabes... uno de los... negros. -me lo habia imaginado... crei que no te gustaban. -yo tambien crei lo mismo hasta que... probe. -que hiciste?  -nada yo... volvi a ir sola y me puse a hablar con el. -pense que no hablaban en español -hablan pero es dificil de entender... -y que paso? -nada, le conte que queria probar algo asi... como lo que el tenia ahi abajo. -y que te dijo? -al principio no quiso pero, cambio de opinion cuando le di plata. y arreglamos para ir a un hotel cuando el terminase de trabajar. -y lo hicieron? -si... -y es mejor que yo? osea...  -el me domino bien, con palabras, cachetadas en la cara y tambien en mi cola. -le diste la cola? -emmm no te voy a decir eso. la cosa es que nos gustamos. y ahora quiero estar con el. no te sientas mal pero, necesitaba algo así en mi vida. -osea que me dejas por irte con el?  -perdón... ella no me dio detalles de lo que hicieron, supongo que no quiso hacerme sentir mal. no lo voy a negar. me sentí triste y mas al no saber con detalles dejaba a mi libre imaginación pensar en las cosas que ese tipo le habrá hecho en la cama. como la habrá dominado y mas cosas.  saber que estuvo con una verga 3 veces mas grande que la mía me hacia sentir menos y hasta humillado. pero a la vez me calentó tanto que hasta me tuve que pajear imaginándolo. miro videos de negros con flacas y solo pienso en que ella incluso mientras escribo esto debe estar culeando con el.  estas son las escenas que veo e imagino que es ella.  me gustaria hablar con personas que me digan como imaginan que se la esta cogiendo. sin limites acepto que me traten de cornudo y se burlen de mi. gracias.

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DdulcesplaceresLv1· hace 100 dRelatos

Perdido por ti

Primero, todas las entregas de los mejores post Como siempre, podes escribirnos a dulces.placeres@live.com, te leemos PERDIDO POR TI Siempre preferí engañarme a ver la realidad, ella era para jugar en las grandes ligas, jamás estaría a su altura, y sabía que hiciera lo que hiciera jamás sería suficiente. Yo era un joven de futuro brillante, estaba haciendo mucho dinero invirtiendo en las bolsas de comercio, había estudiado para ello, era lo que me gustaba, y los billetes habían llegado a mi demasiado pronto, de esa forma en que te marean y no puedes mantener los pies sobre la tierra, una situación difícil de manejar. Me había comprado un dos puertas importado y un departamento enorme en la mejor zona de la ciudad. Tenía chicas a elección, esas chicas que se enamoran de tu bolsillo, y no me importaba que así fuera, yo también solo buscaba momento de placer. Tuve la idea de modernizar a mi gusto ese departamento, tenía muchas ideas locas y jóvenes y así contacté a Marianela Ballesteros, una joven arquitecta para que se encargara del tema. No la conocía, no sabía quién era, si era buena en lo suyo, nada, tampoco me importaba, solo vi su foto entre tantas, me había parecido tan bonita como intrigante y asumí que entre negocios y negocios terminaríamos en la cama. Pero Marianela sería diferente, a la primera insinuación de mi parte, me miró fijamente a treves de los vidrios de sus anteojos y me paso un freno con sabor a hielo, me dijo que ella era profesional y que nuestra relación sería meramente profesional y que, si esperaba otra cosa, pues podría buscar otra persona. En esos días, yo no estaba a costumbrado al rechazo de una mujer, y Marianela se transformaría en mi obsesión, dejé que ella tomara la iniciativa y fuera por delante de mí, hacía caso a todo, solo ponía el dinero y en tres meses tendría un departamento nuevo, solo que no estaría realizado a mi medida, sino a la suya. Nuestra relación se terminaba, en el roce de esos días nos habíamos conocido bastante, ella sabía de mi dinero, de mis inversiones bursátiles, me notó un tipo inteligente, yo también vi en ella una mujer atrapante, inquietante, demasiado madura para su corta edad, independiente, y secreta, sobre todo secreta, porque ella tenía un lado oscuro del cual jamás hablaba La invité a cenar, y luego la invité a mi departamento, terminamos en mi cama, y descubrió los secretes que el dinero no podía comprar, el tamaño risueño de mi pene y el problemita de la eyaculación precoz. Poco después, en la penumbra del cuarto ella se vestía para volver a su casa, le pedí que se quedara a dormir, pero ella me dijo que seguramente en otra oportunidad, tendría un día complicado por delante y debía descansar un poco. En su cara se dibujaba la insatisfacción y me sentí un fracaso de hombre. La dejé partir y supe que era el final de una situación que nunca había comenzado. Pero no era una persona acostumbrada al fracaso, debí entender que las piezas no cuajaban en el rompecabezas que se me presentaba, pero días después dejé mensajes en su celular, del que no tendría respuesta, y luego otro, y otro más, y no dejaría de hacerlo hasta que escuchara de sus labios que no tendría una oportunidad a su lado. Gané por cansancio, le arranqué a desgano una segunda cita para hacer las peores de las jugadas, intentar comprar su corazón con mi bolsillo, me abrí con ella como con nadie y la perra mordió el anzuelo. Salimos una vez, y otra, y otra más, en la balanza le pesaban más mis billetes que mi pobre performance sexual, y preferí engañarme, mentirme, decir que todo estaba bien, fui feliz presentándola en mi familia, a mis amigos, empezar un noviazgo de enamorados, tristemente condenado al fracaso. Un par de veces intentó terminar la farsa, pero en cada vez yo corría como u niño a su lado, mi alma estaba abierta, y ella tomaba lo mejor de mí. Le propuse casamiento, si, de blanco, un gran vestido, una mejor fiesta, ella me rechazó, y volví a hacerlo poco después, y como con los mensajes de celular, no aceptaría un no dé respuesta, tontamente pensaba que haciéndola mía ante un altar, alejaría de mi cabeza todos los fantasmas de otros amores, porque mis celos me dejaban adivinar que ella tenía amores paralelos, mejores, perfectos, quienes si la hacían feliz Era hasta insano, había tenido en mi cama cuanta mujer había deseado tener, pero me fui a enamorar como un tonto de aquella que jamás me entregaría su corazón Y ya en esa misma noche de bodas las cosas arrancarían fatales para mí, yo tenía muchos amigos varones invitados, ella también... Y a pesar de todo lo íntimo que suponía ser la ceremonia, en plena fiesta, ella estaba demasiado pendiente de su celular, escribiendo mensajes, y ni siquiera en ese momento, logré que fuera solo mía. Y olí el engaño en esos minutos en los que estábamos separados, desentendidos, saludando familiares y amigos, y cuando la veía a la distancia con su impecable vestido de blanco, desentendida de mis ojos observadores, ella estaba demasiado íntima con alguno de sus amigos, risas, gestos, toques casuales, solo lo dejé pasar, una vez mas Los días de convivencia bajo el mismo techo sol empeorarían las cosas, realmente Marianela se aburría conmigo, por mi pequeño pene, por mi precocidad, y me desgarraba el corazón cuando la cogía y ella solo estaba en otro sitio, fumando, con la mirada de lado, inexpresiva, o mirando cualquier cosa en su celular, fría como el hielo y la incompatibilidad de la cama, como una mancha perversa invadió todo nuestro hogar, nuestros días, nuestra convivencia. Ella dio un paso adelante, una noche me lo presentaría en la cama, había pasado por un sex shop y había comprado un arnés con una verga de juguete bastante generosa, mucho más grande larga y gruesa que la mía, y ante mi reproche al sentir herida mi masculinidad, muy suelta de cuerpo me respondió que necesitaba sentirse mujer y que estaba harta de sesiones con psicólogos y profesionales para trabajar sobre 'mis problemas' Empezamos a hacerlo de esa manera, a su manera, la cogía rápido, me acababa, luego me ponía el arnés y era su momento de placer, entonces si, gritaba, disfrutaba, como una yegua, incontenible y parecía disfrutar con esos raros orgasmos, con esa forma de hacerme sentir menos hombre y solo me quebraba, una vez, cada vez. Al conciliar el sueño me sentía mortal, generalmente le daba la espalda para que no percibiera mis sentimientos, y muchas veces solo dejaba caer las lágrimas mientras ella dormía plácidamente. Una noche como tantas, yo le deba la espalda en la cama, como de costumbre, ella se apegó a mi, pero noté en esa proximidad que esta vez tenía calzado el arnés con la pija de juguete, el que había comprado en el sex shop, y empezó a jugar sobre mis nalgas, le pregunté que hacía, y me dijo que me callara, bajó mi slip y empezó a pasarlo entre mis nalgas, sentí mi corazón latir con fuerza, y como ella se pegó más y más a mi cuerpo empujándome poco a poco al borde mismo de la cama, sintiendo sus jadeos en mis oídos, y como en una forma grosera trataba de meterlo por mi culo, ayudándose con sus dedos lubricados por algún gel de ocasión Volví a preguntarle que estaba haciendo, que ya no era gracioso, me tenía contra las cuerdas, pero volvió a ignorarme, sonriendo con cierto sarcasmo dio un fuerte empellón haciendo que me doliera, pero no se detendría, y poco a poco me sentiría violado por mi propia mujer Era demasiado grueso, y me lo incrustó hasta el fondo después de algunos rodeos y empezó a ocupar el sitio que naturalmente era mío, mientras a mi me tocó disfrutar como mujer Marianela se vio muy caliente con su nuevo rol, tomando la iniciativa, dándome órdenes, nalgadas, incluso masturbándose mientras me lo hacía por detrás, haciéndome gemir aunque no quisiera hacerlo Con el correr del tiempo las cosas se hicieron más y más oscuras, como en una tarde de tormenta el sol de nuestra relación se fue ocultando. Ella me estaba destruyendo, no solo en la cama, sino en la vida, perturbado por mi presente vivía desenfocado y mis inversiones bursátiles eran más fracasos que éxitos, ella en cambio se había más y más conocida, tenía mucho trabajo y era muy requerida. Tuve la tonta idea de regalarle algo femenino e íntimo, un conjunto de medias de red, ligas, tanga, sostén, ya saben, algo sexi para cambiar la rutina Pero Marianela me pidió que fuera yo quien lo usara y en esa noche me haría su mujer, vestido con una puta, me rompió el culo otra vez, muy perra, me puso frente a un espejo, en cuatro, y mientras me lo hacía me metía sus dedos en la boca y me tiraba los labios hacia su lado, como si fuera un caballo con riendas, y me dolía por delante, o me día por detrás. Era su tonto fetiche, ya ni siquiera la cogía, siempre era ella sobre mi, había perdido el control, el rumbo, ella siempre tenía reuniones después de hora, se la pasaba pegada a su celular, chateando, manejaba el dinero, era una extraña. Me moría en mis celos, empecé a tirar de cualquier punta para descubrir algo, enfermizo, revisé su celular en sus descuidos y encontraría demasiadas cosas complicadas, mensajes, fotos, sus perfiles, sus redes, dejaban ver una exquisita mujer, provocativa, sin compromisos, revisaba su agenda y una y otra vez hacía lo propio con su ropa interior sucia, buscando restos de hombres, fantasmas. Nuestras discusiones siempre terminaban en un callejón sin salida, porque era notorio que si yo no la cogía como se debía, alguien mas lo estaría haciendo Y como una gran bola de nieve todos nuestros problemas de pareja se hicieron enormes, porque yo me desvivía por ella, me arrastraba a sus pies, pero para ella solo era un payaso, una marioneta y jamás me había permitido asimilar que todos sus rechazos eran maneras directas e indirectas de que no estuviera a su lado. Y por qué lo hacía? por qué permitía que hiciera lo que hacía? solo porque era un tonto enamorado... Se acercaba el fin de un nuevo año, y con ello, todas esas despedidas típicas, de amigos, de trabajo, de un lado, de otro, esas interminables reuniones que hacer un diciembre demasiado complicado para el estómago y esos molestos kilos de más que se terminan acomodando en la cintura. Marianela me dijo que tendría una cena de arquitectos, colegas, noche de fiesta, le dije que estaba bien, que me parecía bien, nos merecíamos una salida en pareja, su circulo de trabajo junto a su esposo, me dijo con cara seria que en principio yo no estaba invitado, no era para parejas, que no sea desubicado Sería una de las pocas veces en mi vida que me pondría de punta con ella, tal vez muy dolido en mis sentimientos, discutimos, levanté la voz y le dije que iríamos los dos o directamente que se olvidara de esa salida. Marianela me dijo que estaba bien, si pensaba hacer el ridículo, por ella estaba bien, solo que me atuviera a las consecuencias. Esa noche no sería una noche más, ella se había puesto un vestido nuevo que se había comprado para la ocasión, era color arena son sectores al azar en dorados brillantes, asimétrico de hombros, pegado al cuerpo, lo justo como para disimular imperfecciones y verse sexi, demasiado para mi gusto, resaltando sus bellos muslos desnudos y marcando sus pechos de una forma exquisita, se había maquillado, se había recogido sus cabellos, y se había montado sobre unos zapatos de tacos altos que la ponían a mi altura. Su rostro irradiaba brillo, un brillo particular, y después de ultimar detalles partimos a esa famosa reunión de colegas Ciertamente no la pasaría bien en ese lugar, primero por sentirme un tonto obsesivo, un celoso compulsivo, un estúpido, por ser el único esposo que acompañaba a su pareja, sin dudas no era un lugar para mí y no entendía nada de lo que hablaban y nadie entendía que hacía ahí, en una reunión de arquitectos que se suponía era individual. Y segundo, también me molestaba lo llamativa que estaba Marianela, porque había colegas del mismo sexo, pero nadie como ella, no era un tema de belleza, sino de atracciones, miradas, g

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