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#Liberal

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AAnt55Lv1· hace 30 dRelatos

Alejandra recien separada 7 - El masajista 1

Después de la charla con Gracia , realmente me dejo pensando esto de estar cerca de una mina que vive garchando con cualquiera, era algo que nunca me lo hubiera permitido antes, por momentos me daba vergüenza pensar las cosas que había hecho con ella y no se, me decepcione conmigo misma, por eso empecé a tomar distancia de Gracia. Definitivamente somos distintas, ella es mas liberal y anda haciendo cualquier locura, pero yo no quiero eso; la última que me contó con los camioneros creo que me la pinto totalmente, en el fondo me da mucha pena que una mujer joven y linda tenga que entrar en esa para estar bien, me imagino conociéndola que van a envolverla, cojerla y después dejarla en banda como siempre. Bueno les cuento sobre mi, a veces estoy triste y extraño a mi pareja, pero por momentos me pongo el traje de fuerte y trato de vivir mi vida de otra manera, tengo otras amigas menos trolas con las que a veces charlamos o salimos a tomar algo, una de ellas Patricia me contó que ella paso por esto y que al final se quedo mas sola que nunca, espero no me pase a mi. Me recomendó que vaya a al masajista al que ella va frecuentemente , que me va a ayudar a disipar las tensiones de esta etapa y además el tipo es un rebuena onda y sabe guiarte para que salgas de estos transes.Me paso el número para que llame a la secretaria y le pida un turno. El miércoles a la tarde termine full y cuando llegue a casa veo un mensajito de Patri, el numero del masajista es 02915645XXX , apúrate que no tiene muchos turnos disponibles esta semana. Al toque hablo y me atiende una mujer, era su secretaria y le conté que era recomendada de Patricia y necesitaba un turno para descontracturar, la mujer me dijo que estaba todo ocupado hasta la otra semana , y si era muy urgente?, no se por que le dije que si que estaba muy dolorida, bueno en ese caso le puedo dar el último turno del viernes a las 20 hs. Si me parecía bien que me mandaba el cbu para que deposite el arancel y luego me vuelve a llamar para las instrucciones de la sesión, etc. etc. bueno le dije , me mando el importe $ 1200 y le hice una transferencia, le avise a la mina del consultorio y ella me dijo que fuera a las 1950 hs el viernes próximo, con poca ingesta de líquidos, ropa suelta y en lo posible con zapatos bajos, bueno pensé esto para una sesión de masajes jaja Bueno el viernes termine en la oficina a las tres de la tarde, me fui a casa a mirar tv hasta la hora de los masajes, me bañe y me puse un vestido medio largo, bombacha suelta y chatitas como me dijo la mina. Cuando llegue al consultorio en la calle Fitz Roy me atendió la mina con la que había hablado, ella me pidió que aguarde que aún ténia unos minutos de espera, que se retiraba y que ahora era mi turno. Pasaron mas de 15 minutos y se abrió la puerta del gabinete salió una mujer mas o menos de mi edad, con lentes y sin mirarme se fue, al toque sale un muchacho de unos 40 años, con una túnica hasta la rodilla y me llama por mi nombre, Alejandra?, si yo soy , adelante pase por favor. Al ingresar al gabinete bastante amplio con una ventana a un patio,  el encendio un saumerio, cerro el cortinado , se dio vuelta y me pregunto que me pasaba, por que necesitaba la consulta?, le explique que estaba pasando por un momento difícil; recién separada con algunas situaciones emocionales, companias no muy buenas y muy estrésada, con dolor de espalda, brazos, a veces la cabeza y con mucha ansiedad.. El me escucho y me dijo que era normal la carga de emociones fuertes que repercutían en el cuerpo, que había que hacer unas sesiones para reactivar mi circulación, libera endorfinas, alivia los dolores y las migrañas y bla bla.  La cosa que el tipo me pidió que me quitara el vestido y me acostara en la camilla , me quede en bombacha violeta media sueltita que me había puesto y un corpiño deportivo suelto, lo que después de los primeros masajes en la espalda también me pidió me quite, me dio mucha vergüenza pero de a poco me saque todo y la deje en la silla, me acosté otra vez en la camilla boca abajo, el se acercó nuevamente y me acomodo las piernas mas separadas, de pronto sentí algo frio en la espalda, era un gel o algo asi que me puso, y despacio comenzó a pasarme las manos de arriba hacia abajo, y asi otra vez , varias veces, llegaba hasta mis glúteos, cada vez mas abajo, desde los hombros hasta los muslos, asi casi 15 minutos creo, después me pidio que me diera vuelta y quedara boca arriba; toda desnuda, con las tetas y la chucha expuestas, el nuevamente se acercó y ahora pude ver que era un líquido que me desparramaba por todo el cuerpo, y otra vez comenzó a circular sus manos por todo el cuerpo, primero los hombros, después los laterales de los pechos, después la pelvis, y de ahí a los muslos hasta las pantorrillas. El me hablaba no se que cosas y que debía relajarme,  en un momento me empecé a aflojar toda, me pidió que cerrara los ojos y pude notar que levemente me hizo abrir las piernas , suavemente me pasaba la mano por el abdomen, llegaba hasta la pelvis, bajaba por los muslos hasta los pies donde sentía una suave presión sobre la planta y otra vez volvía a subir hasta los pechos, después otra vez abajo,  me gusto eran muy suaves sus manos, asi siguió un rato y yo me empece a calentar con los masajes que en realidad eran caricias, el seguía cada vez un poquito mas, cerré los ojos y en un momento sentí que me rozaba levemente la vagina , pasaba uno de sus dedos muy cerca de los labios , como estoy totalmente depilada podía sentir cada movimiento que hacia sobre mi pelvis y mis muslos, pasando despacio sobre mi intimidad, en una reacción casi involuntaria levante mi pelvis para encontrarme con su mano que me acaricio los labios de mi vagina, ahi me di cuenta que estaba mojada, el solo me tocada suavemente los labios y yo no podía mas terminé abriendo mas las piernas y subiendo mas las caderas para alcanzar su mano, me siguió tocando despacio, yo seguía con los ojos cerrados disfrutando esa sensación. Indudablemente el tipo la tenia muy clara, me siguió tocando despacio, con la otra mano me acariciaba interiormente los muslos, el se volvió a colocar ese gel en la mano que tenia sobre mi vagina y muy suave a masajeare la zona, se ve que estaba re exitada, y yo hacia movimientos casi sin querer hacia arriba, ahi sentí la verdadera sensación de acabar toda, me rozaba el clítorís con el dedo pulgar mientras que con los otros dos me acariciaba los labios. En un momento suena el teléfono o el timbre no se que era, el se sobresalto creo y me dice bueno por hoy estamos bien ya desanudamos algunos temas , deberías seguir por lo menos dos sesiones mas… De esta manera se retiro de al lado mío y fue al celular que tenia sobre el escritorio, solo oí decir ya termine amor, en diez minutos pásame a buscar.. Me sentí muy mal, bue no se por que, en realidad no se que estaba pensando en ese momento, asi me baje de la camilla, me vestí como pude y el me acompaño hasta la puerta,diciendome que hablara con la secretaria para coordinar la próxima sesión.. y allí mirándome a los ojos y con una sonrisa me dice “ la próxima empezamos donde dejamos hoy y vas a notar una gran mejoría…” , nos despedimos con la mano y me fui caminando a casa que queda a cuatro cuadras.. Cuando llegue estaba sola, mi hija se había ido a la casa de la abuela, no pude contenerme cerré la puerta con llave y la deje en la cerradura y aunque no lo hago muy frecuentemente, fui a la habitación a oscuras,  me saque la ropa, me tire en la cama y me masturbé mucho tiempo hasta acabar otra vez, estaba todavía con restos de gel y flujos en la conchita, lo mas loco era que pensaba que estaba garchando con el masajista mientras me metía los dedos, que en definitiva no me había hecho nada , ni tampoco dicho algo fuera de lugar; era raro lo que paso,  era gay o era una técnica para recalentar a una mina y después cojérsela bien, el tipo esta muy bueno, no se volveré a pedir un turno para última hora y me saco la duda…

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AaguuspalotesLv1· hace 30 dRelatos

Mí vecina

Me llamo Olga, tengo 40 años en la actualidad, a punto de cumplir 41 este naciente año 2021. Desde que hace ahora, ya más de siete años, conocí a mi nuevo vecino, me gustó mucho. No era nuevo, se había mudado aquí con su nueva esposa después de divorciarse. Había vivido allí en su juventud, pero yo no me acordaba, o era tan pequeña que no lo recordaba. Mis padres me pusieron en antecedentes cuando les pregunté, de manera natural, por aquella pareja. Llevo prácticamente enamorada de José Miguel, desde 2013. ¿Me tomo las cosas con calma, verdad? Somos una familia humilde de clase media. Mi padre ya está jubilado, y se entretiene en algún que otro hobby. Mi madre, desde siempre en casa. Somos una familia normal. Diré que trabajo sin decir en qué, por si este relato es publicado. Soy rubia, delgada y bajita. Sin dejar de ser conservadora, soy progresista. No es una contradicción, En eso coincido con José Miguel, y no es en lo único. Somos almas gemelas. Me gusta la ecología, y miro mucho por el medio ambiente. Le vi serio desde el principio, a distancia tiene gesto algo hosco, aunque cuando empezamos a hablar, le empecé a ver más interesante. En las distancias cortas es agradable, divertido y un buen conversador. Me gustó todo de él. De saludos de cortesía, empezó poco a poco a preguntarme cosas. Soy bastante tímida. Hablando de sexo, aunque en el fondo soy liberal, en la práctica, con mis puntuales parejas sexuales, había sido bastante tradicional. Creo que necesitaba algo más que una relación clásica, y por ello a mi edad, aún no había desarrollado un proyecto de vida sentimental definitivo con nadie. Necesitaba a alguien especial, y con él llegaría a desear tenerlo, aunque jamás creí que se iba a desarrollar de aquella manera. Cuando, después de pasar varios años, en que nos veíamos de vez en cuando en el ascensor, en la calle, en el barrio, o por nuestra pequeña ciudad de provincias, me decidí a mirarle de esa forma especial…, con deseo, entonces me daría cuenta, al devolverme sus especiales miradas, de que le tendría para mí el resto de mi vida, aunque con ciertas matizaciones. Él es muy prudente, aunque con ojos de latino interesante y conquistador. El primer paso lo di yo. Un día introduje un anónimo en su buzón. Le decía que me gustaba mucho y que estaba dispuesta a todo por acostarme con él, que aceptaría todas sus condiciones. El primer paso lo dio su mujer, Verónica. Un día hablamos subiendo el ascensor, y me invitó a tomar un café o una infusión en su casa. Luego me dirían, que supieron desde el primer segundo que el anónimo era mío, pero que deseaban darme cuerda, para generar el máximo incremento de deseo por ambas partes. Él también me deseó desde el principio, según me confesaría días después en la cama. Me quedé de piedra cuando me lo dijeron. Mi rostro enrojeció de inmediato, pero su calidez humana me hizo relajarme hasta límites insospechados. Son tan naturales, que no puedo hablar de ellos nada más que cosas buenas. En unos minutos estábamos los tres hablando como viejos amigos. Los ojos de José Miguel, me miraban con deseo, sin duda. Los míos a él, también. Hablamos con absoluta sinceridad desde el primer segundo. Verónica, enseguida contribuyó a la total relajación del momento. Me cogió de la mano y me llevó a su dormitorio. Era precioso, lleno de detalles decorativos, mariposas en las paredes, cuadros de todo tipo, puntos de luz. Una foto de ambos en el centro de la pared a todo color, flanqueada por dos individuales en blanco y negro. Pusieron música. Encendieron velas y una barrita de incienso. Yo estaba en una nube. Sin saber cómo, estábamos los tres desnudos en la cama. Nunca me he sentido bisexual, pero no me importaba cómo Verónica me empezaba a besar. Yo le devolvía idénticos besos pasionales, aunque tímidamente. Cerré los ojos, cuando José Miguel se aproximaba. Estaba nerviosa ante la inminente sensación de sentirme unida a él. Una tiene esas falsas creencias de penetración rápida y satisfacción vulgar. Ellos eran diferentes. Con ternura me acariciaban, me besaban en todo mi cuerpo, incluso en sitios insospechados... Estaba en una nube de deseo, deseando disfrutar de todo. Pasaron horas antes de sentir cómo mi sexo, fue penetrado con ternura y delicadeza. Aquel enorme pene entró en mí, sintiendo que entraba en mi alma. Hubiese deseado gritar de placer, pero soy muy tímida. Sentirme llena, sentir la tremenda polla de mi vecino dentro de mí, llenaba mi corazón, alma y cuerpo, de un gozo único. Jamás me había sentido así. Mis orgasmos, a cual más intenso, se sucedían, uno tras otro. Cuando sentí en mi interior aquel líquido entrar a presión, y rebotar en el fondo de mi vagina, no pude dejar de sentir golpetazo a golpetazo, los orgasmos más profundos de mi vida. Él lo sintió. Me besó y me abrazó, con una ternura sin igual. Lloré de agradecimiento y placer. Volveríamos a hacer mucho más sexo. Son incansables. Yo también. José Miguel, nos follaba a ambas sin parar, cuando se agotaba, seguía con cientos de juguetes que tenían. Nos hacía correr al unísono, utilizando sus dedos o juguetes a la misma vez. Nos besábamos los tres al mismo tiempo. Nuestras lenguas se cruzaban y disfrutaban. Verónica, hacia el final de aquella e increíble sesión, para dar un descanso al rey de la cama, sacó su último regalo, su succionador, y jugamos con él un buen rato. No parábamos de tener orgasmos sucesivamente, por turnos. Él sonreía al vernos. Yo soy incansable, me he descubierto incansable junto a ellos. Al menos, aquella primera de muchas sesiones, me sentí incansable. Verónica, incluso mucho más. He de reconocerlo. Cuando después de tantas horas de placer, extasiados, estábamos unidos los tres por nuestras manos, sentí cómo Verónica murmuraba en mi oído: -          ¿Querrás ser nuestra amante más veces? -          Sí (Me limité a decir). -          Si quieres, podrás traer a cuantos amigos desees, siempre que sean discretos y que tengan una buena polla. -          ¿Cómo? -          Cuando te apetezca venir sola, podrás venir sola, y si algún día te apetece traer a alguien, lo podrás hacer libremente. Ya lo he comentado con él, deseamos seguir viéndote sola o acompañada. Queremos que seas nuestra amante para siempre, al menos, mientras tú lo desees. Estamos encantados contigo, quizás ambos, enamorados de ti, desde que te vimos por primera vez. Me quedé muda. No sabía que contestar. En ese momento supe, que siempre había querido tener una relación así, una relación precisamente, con ellos dos. Desde aquel maravilloso día, estuvimos juntos para siempre. Las sesiones de sexo se han sucedido con intensidad, cada vez lo pasamos mejor los tres. Ante la insistencia de Verónica, en ocasiones he ido acompañada de algún puntual amante que me he echado, pues ella también tenía derecho a disfrutar. Nuestro amor no está limitado a nosotros tres, aunque somos el eje básico del mismo. Alguna noche me he quedado a dormir con ellos. Él se despierta temprano y empieza a comer nuestros coños, por turnos. A veces hemos estado en la cama todo el día, haciendo un increíble sexo sin parar. Somos incansables los tres. Mi vida está bien como está. Me siento feliz como vivo. Mi vida continúa... Mi trabajo, mi familia y mis amantes, esos vecinos, Él, ambos, me han hecho descubrir mi verdadero proyecto de vida. Queridos amigos, he de terminar. Solo decirles que, lamentablemente, este relato es ficticio, aunque ojalá fuese real. Creo que redactaré un anónimo y se lo meteré a mis vecinos en el buzón. (Ojalá lo hagas Olga, ellos lo están deseando). FIN. Espero que lo hayan disfrutado. Escríbanme. Contestaré a todos los que deseen contarme cualquier cosa, a través de mi correo electrónico. Me encanta compartir de todo, con todo tipo de personas, incluso detalles sobre vida en general, gustos y aficiones, sin que sea que ser necesariamente sobre sexo. Les cuento que uno de mis próximos proyectos, hay varios más, sin más pretensiones que el de hacer disfrutar a los lectores, es un libro que tengo en marcha de título provisional: “Historias reales de cornudos complacientes”. Quiero contarles diez historias reales noveladas con escenas de sexo morboso. Llevo actualmente redactadas en borrador, ocho historias y aún puedo integrar dos historias más si alguno de ustedes, quiere que su experiencia como cornudo o cornuda quedé para la posteridad..., cambiando obviamente nombres y ciudades. Hasta muy pronto.

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MmarcelomirandaaLv1· hace 78 dRelatos

Cuando te gusta ser deseada por otros

Como muchos de ustedes nosotros también disfrutamos del sexo y del cuckold. Amamos que me miren, donde sea. En la calle, cuando ando sola o cuando salimos con mi marido. Que me griten cosas, que me quieran levantar y llevar.  Somos una pareja de hace unos años viviendo juntos. Marcelo se excita mucho al notar que soy una esposa muy liberal, que ama ser mirada, deseada y hasta muchas veces manoseada por otros. Mayormente en boliches, cuando salimos y voy al baño por ejemplo, siento manos en mi cola muchas veces, y yo me dejo, quizás se den cuenta que me gusta ser usada, abusada. Saber que paro vergas me calienta mal, Jaja.. Les dejamos unas fotitos que esperemos les gusten, deseando que se toquen mirandolas y hasta recibiendo propuestas. Nunca se sabe... Ah, queremos cumplir varias fantasías, pero la que mas ganas tenemos es la de que un equipo de futbol entero me lleve a los vestuarios y hagan de mi lo que quieran. Nos calienta tanto esa idea..  Gracias a tod@s por los mensajitos que recibimos a diario. Les iremos contando mas intimidades nuestras, fantasias realizadas y por cumplir, historias muy calientes, juntos y separados. AMAMOS EL SEXO, ES ALGO QUE DISFRUTAMOS REALMENTE! Saludos, somos Laura y Marcelo.

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MmartinfcdLv1· hace 99 dRelatos

La hermosa novia de mi vecino. Y cómo la trata.

Sobre ciertas situaciones que suceden en la vida es difícil opinar o tomar posición. Yo les voy a contar lo que pasó y ustedes saquen sus propias conclusiones. Son libres de dejarme su visión en los comentarios. El barrio donde vivo es un barrio típico del buenos aires que se aleja un poco del concurrido centro de la ciudad (no quiero dar mucha presición, entenderán por qué). La zona está más bien compuesta por casas que no superan las dos plantas, algunos edificios de no más de 4 pisos y muchas propiedades que se ubican entrando por un pasillo, más o menos largo, que alberga 3, 4 o, a veces, más departamentos consecutivos.   En un departamento de estas características (el segundo entrando desde la calle) vivo, cómodamente, hace varios años, con mi hermosa mujer y mis hijos. Uno pequeño y dos en edad escolar. Digo 'mi hermosa mujer' porque así lo siento, a pesar de los años que llevamos juntos. Mujer fuerte, directa. Maneja su vida y sus cosas con determinación. Nunca duda. Siempre tiene una respuesta precisa para cada cosa. Jamás se equivoca. Es realmente admirable.   Los años no hicieron más que mejorarla. Su atractivo está intacto. Al día de hoy, su elegante andar representa para los más burdos caminantes, la oportunidad de regodearse, tanto al verla venir como al verla irse. Y, a pesar de los tiempos de cambio que vivimos, siempre se topa con algún improvisado poeta callejero que define con palabras más o menos soeces lo que el físico de mi mujer despierta en él.   Disculpen ustedes si no la describo con mayor detalles. Considero a mi esposa como algo sagrado, no de mi pertenencia, pero sí de mi privacidad. Además no es sobre ella la historia.   Debo aclarar tambien, si es que aún no lo notaron, que soy una persona formada en valores que hoy en día muchos tachan de antiguos o anticuados.   Padre de familia, marido ejemplar, amigo incondicional, miembro honorable de la cooperadora de la escuela y de la dirigencia del club al que concurren mis hijos, etc. Son las actividades, y mi desempeño en ellas, lo que mejor me definen.  Además, por creencia, fe y gusto personal, asisto a la iglesia todos los domingos y días festivos. No solo como oyente, sino que eventualmente me ofrezco para dar una mano en lo que se precise. Con el tiempo, aunque no hice carrera religiosa, me volví un referente, un pilar de la congregación. Muchos me ven como una persona cuyo consejo es válido y alentador en situaciones complicadas de su vida.   Hasta acá hablé de mí. Ahora les comienzo a contar lo que sucedió. Como les dije, yo vivo en el segundo departamento del pasillo. En el tercero vive una señora grande, sola, que muy de vez en cuando recibe alguna visita familiar. El cuarto departamento, el último al fondo, se encuentran vacío hace mucho tiempo. Y adelante, en el primer departamento vive Hernán.   Bueno, no solamente Hernán. Vive también su mujer. O su novia, no sé bien cómo llamarla. Rocío es su nombre. No hace mucho que están juntos (pocos meses, diría) aunque ya conviven y son padres de una criatura de unos seis meses o poco más. Tal vez ese es el verdadero motivo de la convivencia tan apresurada. Conozco a Hernán hace muchos años. Desde que me mudé a esta casa. Era el hijo de Zulma, la propietaria del departamento. Cuando lo conocí estaba casado pero, sorprendentemente para su corta edad, en proceso de separación. Por eso, al tiempo, se mudó adelante, con su madre, hasta que ella falleció (cosas de la vida) y él terminó siendo dueño de su propio espacio, donde poder disfrutar a pleno de su recuperada soltería.   Ví desfilar muchas chicas por ese departamento. Muchas y muy bien formadas. Realmente, Hernán, se había convertido en la envidia de todo aquel al que le gusta pasar su vida explorando las delicias de la compañía femenina, sin compromiso. Gastando vanamente sus días en poseer los cuerpos de aquellas mujeres de las más variadas y extravagantes formas. Devorando esos cuerpos, jóvenes y bellos, hasta el hartazgo y luego descartandolos para saciar su sed en otro cuerpo de igual o mayor voluptuosidad, o tal vez en busca de pieles menos experimentadas, o vaya uno a saber qué. Muchas pasaron por ese departamento. Con algunas me tocó cruzarme en el pasillo alguna mañana al salir a trabajar. He visto sus caras y sus cuerpos y tengo que admitir que he sentido, en la mayoría de los casos, pena. Pena, de ver a estas chicas de tan hermosa figura y porte, derrochando el momento más valioso de su juventud. Entregadas, pareciera que con gusto, al destrato que mi vecino les proporcionaba. Pena, de ver en sus caras trasnochadas, luego de una noche plena de lujuria, la desazón de no tener un rumbo...   Muchas noches hemos escuchado con mi mujer, a través de las paredes, gritos y gemidos de los más variados, que desde la casa de adelante llegaban, más o menos fuerte, hasta nuestros oídos. Esa, era una situación que a veces nos causaba gracia, a veces indignación y a veces (por qué no admitirlo, después de todo vivimos nuestra felicidad de pareja de la manera que corresponde) estímulo. Quiero decir, nos levantaba el candor necesario para disfrutar de nuestros cuerpos, con pasión. Pero siempre con respeto y  responsabilidad, con afecto y contención mutua. Por supuesto, muy distinto , por lo que se escuchaba, a la manera en que, del otro lado de la pared, se desarrollaban las cosas.   Siempre certera, mi mujer, me comentaba al respecto, la tristeza que le generaba el sinsentido con el cuál el vecino llevaba su vida, la reprochable liberalidad de sus 'amiguitas' (la mayoría no duraba mucho tiempo y eran, en general, personas desagradables, desfachatadas). "Que bien le vendría a Hernán encontrar alguien con quién sentar cabeza...". Opiniones como éstas, llenas de sabiduría, eran comunes en mi mujer. No solo al respecto del vecino: al respecto de todo. Todo el día. Siempre admiré su elocuencia y su capacidad de expresar, a cada situación que se le presentara, su parecer tan lleno de bondad y precisión.   Claro que no todas las mujeres que pasaron por el departamento de mi vecino generaban rechazo o antipatía. Por ejemplo, con Rocío, la actual pareja, la cosa fue distinta desde el principio. Ella era distinta. No me refiero solamente a su condición física, que, como la mayoría de las 'amigas' de Hernán, genera una inmediata admiración visual. La belleza de ella no se limita únicamente a sus más que evidentes grandes y armoniosas curvas, sino también a su carácter, a su simpatía. Rubia de cabellos largos y lacio, ojos cristalinos, sonrisa amplia y sincera. Aparentaba ser casi una niña, aún. Transmitía inocencia y paz. Siempre recuerdo la primera vez que me la crucé. "Buen día, señor", me dijo. Yo me reí y le dije algo así como que me había agregado varios años gratuitamente. Entonces ví relucir sus blancos dientes enmarcados en esa boca rosa, brillante de rimel, y formar la sonrisa más hermosa que jamás haya visto. Recuerdo el impacto de la sorpresa y el magnetismo que me causó ver su mirada de grandes y claros ojos verdes. Recuerdo cómo los entrecerró un instante, al sonreír, y la desesperación que me golpeó el pecho por querer verlos abiertos nuevamente, mirándome.   No fue mucho más que eso nuestro encuentro pero al pensar en ella la recuerdo así, ataviada en ese vestido de tono intenso que se ajustaba a presión sobre el contorno de sus caderas, moldeando su cintura y apretando y realzando sus pechos, a la vez que, a la altura de sus muslos, la tela, más suelta, se liberaba al vaivén del viento, desnudando sus torneadas piernas, casi hasta su ropa interior. Esa imagen ocupo gran parte de mi mente ese día y los días siguientes.    Varias veces tuve el agrado de cruzármela en ese entonces. Y digo agrado porque, realmente, Rocío, es una persona dulce y afectiva. Bastante centrada y pura en su forma de pensar, lo que me generaba cierta extrañeza, al intentar imaginar cómo había llegado a estar en pareja con el irresponsable de mi vecino. En fin, Dios a veces se mueve de formas misteriosas.   En una de esas charlas que tuvimos la noté interesada en varias de las actividades que me tocan ejercer y tuvimos un intercambio de redes sociales. Por eso, puedo asegurarles que Rocío no es como otras mujeres que rondaron a mi vecino. En las fotos que publica en sus redes está la prueba. Sí, hay fotos de ella en mallas diminutas, de esas dónde muy poca piel queda cubierta, pero siempre se dan en alguna situación de veraneo. No como las otras que no dudan subir imagenes en ropa interior para que cualquiera las pueda ver. Tampoco tiene esas selfies sacando la lengua o tocandose con un dedo la boca o los dientes que tantas otras amiguitas de Hernán usan de imagen de perfil. Ella no. En su imagen de perfil brillan sus diafanos ojos y destaca su prístina sonrisa. Aunque use vestidos osados, es recatada. Se nota. Lo que no impide ver su belleza. Al contrario, la engrandece. La hace más linda aún.    Hay un tiempo para todo. Eso lo aprendí de  chico y lo comprobé con el paso de los años. La obsesión con Rocío (aquella preciosa y pequeña muchacha que estaba en pareja con mi vecino Hernán. Aquella que, a pesar de la notoria diferencia de edad que nos distanciaba, se apoderó, absurdamente, de mis pensamientos), la detecté a tiempo, y deduje que era algo que no podía durar. No para mí. Para una persona de mi posición. Con los pies fijos en la tierra y la vista, firme, en el cielo.   Mi mujer, mis hijos, mis actividades y compromisos con la sociedad, son la prioridad.     Pasados varios meses me enteré de su embarazo y de su mudanza al departamento de adelante. La sensación fue ambigua. Por un lado me alegraba de tenerla cerca (la considero una persona valiosa, con potencial), además que esta situación significaba una nueva vida para Hernán, una oportunidad donde podría, finalmente, madurar a la altura de una persona acorde con su edad. Por otro lado sentí cierta inexplicable desazón . Quizá era el intuir que las cosas podrían no salir tan perfectas como era mi sincero deseo para ambos...   En fin, el tiempo fue pasando y la pareja se veía bien. Ella, hermosa como siempre, llevaba su panza, cada vez más grande, con soltura y gracia. Era una delicia poder admirar esa joven piel, brillante y sedosa, aumentar de volumen, albergando el milagro de la vida en su interior. Las situaciones empezaron poco después. Cuando el bebé ya había nacido. Primero fueron leves desacuerdos, en donde uno u otro, muy de vez en cuando, levantaba la voz. Todo parecía denotar que algo no andaba bien ahí. Los excitantes gritos que solíamos escuchar a través de esas paredes fueron suplantados por fuertes discusiones, a veces cargadas de insultos, que no siempre dejaban en claro quién tenía razón. El ritmo y el volumen de aquellos planteos crecían a la par del bebé.   A veces, tras un par de días de paz, volvían a la carga con más ímpetu. Esta situación nos tenía mal a mi mujer y a mí. Pero ¿que se puede hacer en situaciones así? Si bien eran nuestros vecinos, no eran nuestros amigos. Tampoco podíamos ir, de repente, a decirles que estábamos al tanto de todo lo que se decían entre ellos porque era, un poco, invadir su privacidad. No nos quedaba otra opción más que rezar y desear que la situación se remediara de la mejor manera posible.   Pero eso, a mí, no me dejaba dormir tranquilo. Tarde en la madrugada escuchaba los reproches que mi vecino le hacía a su pareja casi a diario. Recuerdo esa oportunidad donde el enojo era porque, aparentemente, ella no uso corpiño por debajo de la ropa esa tarde, y él, que había recibido unos amigos de visita, la acusaba de haber andado demasiado libremente por la casa, dejando entrever sus pezones, que se transparentaban por debajo de la ropa puesta, a la vista de cualquiera. La trataba de fácil, de calientapijas, de querer levantarse a sus amigos. Ella lloraba y se defendía "¿Que querés que haga? Si estoy amamantando..."   No podría tomar posición en esa discusión. Realmente, imaginar esos pechos, grandes de por sí, aum

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PPoringueromexa1Lv1· hace 99 dRelatos

Intercambio de primos (Madre y tia) (SuperMorboso)

Este relato es super morborboso ustedes veran si lo toman en verdad, pero lo unico que puedo decir es que fue lo mas rico que he vivido en mi vida. Era un dia caluroso de primavera, mi madre, llamemosla Jenifer, y yo me llamo Pablo. Mi madre me dijo, hijo no te parece que nos hacen falta unas vacaciones, imagina ahorita estar en aquel balneario donde fuimos cuando eras niño, cuando fuimos todos, tu abuela, tía, tu... papá; (ahi mi madre se detuvo un poco ya que hace poco se habian separado) quedó callado un rato y dijo, bueno que opinas, vamos? Yo de inmediato, respondi, que si, cabe mencionar, mi madre era un poco bajita, delgada, unos ojos un poco asiáticos, pelo lasio, cafe oscuro, senos muy conservados para su edad, muy grandes y naturales y un trasero normal, realmente no veia a mi madre con ojos de lujuria o algo asi, todo cambió hasta que llego aquel día. Todo listo, dijo ella, yo alzando las maletas, mas que listo, Pablo, hijo, solo que ira mi pareja Antonio, (Mierda, pense yo) el tipo era sumamente odioso, narcisista, bueno me caia, mal, bueno yo de mala gana, solo tome mis maletas y nos fuimos rumbo a la central de camiones, Mi madre, Antonio y yo. Cabe mencionar esto fue unos 2 años antes de la pandemia, la central estaba super llena, gente por aqui, gente por alla, una locura! grito Antonio, e no hace falta gritar pense, mi madre iba super sexy, llevaba unos converse rojos, una mini falda roja, una blusa, roja y una chamarra de mezclilla, ella y Antonio eran muy liberales, a el no le molestaba incluso que la miraran, parecia incluso enorgullecerce; que cabron pensé, a sus 40 años robaba miradas por todos lados, incluso llegué a percatarme de alguien que se sobo la verga despues de que mamá paso, (que incómodo pensé) Tengo hambre dijo mi madre, buscamos el area de comida y Antonio rápidamente tomo una mesa, el se quedo en lo que fuimos a pedir algo, una pizza decidimos los 3, o mira ya viste quien esta ahi, dijo mi madre, antes de ver quien era, ella ya estaba echando carrera para saludarla; hermanita! muchisimos años que no te veía, 6, 7 no se pero estoy tan feliz, mi tía parecía corresponder la felicidad, ella se llamaba Guadalupe tenia 45 años era mayor que mi madre, siempre fueron muy unidas, pero al casarse casi nunca se veian ya, asi que fue algo muy bueno para mi madre, yo tenia 20 y su hijo (mi primo) unos 18, se llamaba Osvaldo, un tipo bastante alto y delgado, rápidamente me. saludo primo, como te va, muy bien primo dije yo; apartandolo lentamente ya que me abrazo, mi tía y mi madre y yo y mi primo contándonos nuestras mierdas, lo que me empezó a inquietar era que mi primo a veces se perdia ratos observando a mi madre, no directamente pero aprovechaba cualquier momento para verla, ( no me. molestaba ya que hacía lo mismo yo jajaja) me comia a mi tía con la mirada, alta, delgada, morena, culo normal y tetas normales, pero era muy sexy, parecía una modelo madura; solo aparentabamos, yo decía solo es este rato luego cada quien ira a su destino y chau. La voz llamó: Primera llamada, viaje al balneario agua caliente, sale en 20 mins. Mi tia y mi primo, se levantaron al mismo tiempo que nosotros, mi madre y mi tía gritaron como 2 niñas yo solo pensé: (Mierda vamos al mismo destino, aunque a la vez mi mente se alegro por estae un que mas con mi tía) Quieren saber la segunda parte? Háganlo saber.

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