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#Iglesia

Fotos, gifs y packs de Iglesia subidos por la comunidad.

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Mmaury_solo_yoLv1· hace 21 dRelatos

Guadalupe: mi negrita cubana y putita.

hola amig@s de Morboseo.net. quiero agradecer a todos mis seguidores y mis lectores por su buena onda.  y espero segir interactuado con uds.  asique comenten .  hoy les presento a Guadalupe.  la hija de mi amiga Dayana. la protagonista del relato anterior.  cuando Guadalupe se fue de viaje me encargo que cuide a su madre, con un beso casi en la boca. algo que me dejo pensando en lo atrevida que estaba la nena.      digamos que hice mas que cuidarla a la mama.  ya que su mama se convirtió en mi puta mientras ella no estaba.  cosa que ella no sabia o si ? la verdad no sabia.  ya que ellas son muy unidas y supuestamente son de contarse todo.    pero bueno el tema que la nena, adelanto su regreso.  la madre no podía ir a buscarla porque tenia mucho trabajo y nadie que la remplacé.  asique me pidió como favor retirar a su hija en el aeropuerto. a si fue que me dio el horarios y la fui a buscar.  al llegar la negrita me esperaba en el salón del aeropuerto. ella no me vio hasta que la llame por su nombre.  estaba ahí parada con unos jeans muy apretado con una camisa.  que resaltaba su figura y su cuerpo espectacular.    la negrita esta muy buena y lo sabe.  cuando me vio, vino corriendo a mi encuentro.    me sorprendió al llegar a mi.  se me trepo del cuello y con un salto me rodio con sus piernas y brazos. quedando a upa mío.   me beso en la boca que me dejo desorientado. fue un beso intenso y muy tierno.  que seguro le llamo la atención algunos curiosos que pasaban por el lugar.   Guadalupe:     hola hermoso.... que bueno estar en casa. siempre quise hacer eso perdón, lo vi en una peli.  y siempre quise hacerlo y que mejor contigo.  y cuéntame como te digo amigo o papi nuevo? jaja.. yo:   bienvenida nena.  soy tu amigo, no se que carajo decís?    Guadalupe:   no me digas que mi mama. no aprovecho estos días a solas? se que ella siempre gusto de vos. igual no soy celosa. jaja....  yo:  no hables pavadas y vamos.  ella se rio a carcajadas. yo no sabia que le pasaba.  nos fuimos para la camioneta .  ella abrazada a mi brazo mientras yo llevaba sus valijas. donde la nena quería saber mas que paso con la mama y yo.  Guadalupe:    dale cuéntame. mi mama y vos paso algo? no seas malo cuéntame.  yo:   discúlpame, no se que hablaste con tu mama.  tu madre y yo somos grandes.  y si tuvimos intimidad, es eso intimidad.  no da para que cuente nada.   Guadalupe:    jajaja... que misterioso sos. después de unos kilómetros.  paso para atrás en la camioneta. y se cambio de ropa, con la escusa que tenia calor.   la pendeja trola se saco el pantalón largo.  dándome una hermosa vista de su redondo y prefecto culo negro. y se puso un short de jeans. bien cortito que lucia y mostraba sus hermosas piernas.  lo hiso bien despacio. para que yo pudiera ver bien su lindo culito y lo bien que le quedaba su tanga y no me perdiera nada de ese espectáculos.   se saco la camisa y se puso una musculosa. primero de espalda y luego de adelante.   donde pude ver algo de sus tetas con el corpiño.  fue un strip. que la pendeja me regalaba. cambiándose muy lentamente.  ella miraba por el espejo retrovisor que yo la observaba. mi verga pedía carne negra para almorzar.  la pendeja jugaba con fuego.  Guadalupe:    chofer mire hacia delante. puede causar un accidente jaja... yo:    nena estas loca sabias? a que jugas? Guadalupe:     yo a nada. me estoy cambiando tengo calor.  estaba harta de vestirme como una monja. como cuando estaba con mi papa. fue una tortura estar toda tapada con el calor.   ahora que estoy acá estoy mas tranquila, te molesta? yo:   hace lo que quieras. tan mal la pasaste? Guadalupe:       bueno vos dijiste que eras mi amigo.    te puedo tener confianza no?  igual no se me vio nada o si?  la trolita jugaba a seducirme.  pasándose al asiento delantero mientras me contaba.  Guadalupe:   fue un calvario. mi papa no me dejaba sola ni un minuto.  y lo peor que tenia que vestirme como alguien seria. sin que se me viera nada.  si no da con su estilo de vida.  su mujer y el,  son muy de ir a la iglesia y hasta la playa tenes que andar toda tapada.  son un amor los dos, pero muy estrictos.  yo:     bueno, ya te vas a acostumbrar.  es otras costumbres.  y esta bueno que pases tiempo con tu papa.  Guadalupe:    y Uds. como la pasaron cuéntame algo.  mama estaba muy feliz por teléfono.  paso algo entre los dos? yo:   yo y tu mama somos buenos amigos.  solo le hacia compañía mientras no estabas. pero mejor que ella te cuente. no se que decirte. Guadalupe:    jajaj que misterio.... no se te insinuó? yo:  no, y deja de hablar pavadas .  justo salí del momento incomodo al llegar a su casa.  yo:    bueno ya llegamos. nos vemos luego. Guadalupe:    ya te vas ? no me vas hacer unos mates y me vas hacer compañía? o tu compañía solo es para mi mama?. jaja... aparte no sabes como extrañe tus mates.  yo:   jajaj no hables pavadas nena.  Guadalupe:   no son pavadas.  dale y charlamos un rato si? yo:  ok dale. pero no preguntes pavadas.   subimos al departamento .  ella se adelanto, porque tenia las lleves.  y otra vez ella meneaba su culito frente de mi.  mi verga no tenia descanso con esa pendeja que se mostraba muy sexi.  mientras puse el agua para el mate. tratando de escapa de la  mirada de pendeja.  ella no dejaba de ver la erección que había causado.   ella fue a su habitación a llevar la valija.  donde yo respire con alivio.  no quería tener quilombo incluso me arrepentía de haber subido. Guadalupe:       Maury.... podrías venir a mi cuarto ? necesito una mano .  yo:   si que paso ? Guadalupe:    toma mi celular , puedes sacarme una foto para mi mami ? para que vea que llegue bien.  Guadalupe:    que linda foto me encanto .  tenes buena mano para sacar fotos yo me saque un par y me salieron feas .  yo:   bueno gracias.  me gusta sacar fotos.  queres posar para mi ? total ya lo hiciste en mi camioneta.  Guadalupe:     mmm a ver juguemos .  te gusta así ? yo:    si salís muy inocente y tierna .  Guadalupe:   a si ??? jjajaj  justo lo que no me gusta. yo:   que no te gusta? Guadalupe:    salir inocente y tierna.  yo:  bien a ver como lo mejoras ? Guadalupe:   mejoro a si ?? yo:   un poco  mejor aunque sigue siendo tierna.  Guadalupe: vos decís que así no caliento nada? yo:   seguís siendo una nena dulce y tierna?  no quiere decir que no calientes jajá.  Guadalupe: no quiero ser una nena dulce ni tierna.  yo:  bueno si no te animas terminamos.  Guadalupe: mm... ok una mas y me decís que te parece? yo:   muy bien esta mucho mejor.  tenes un hermoso culito nena.  Guadalupe:  no... nena no.... yo:   sos una nena para mi.  que queres que te diga? Guadalupe:   soy una mujer.  porque nena?  no me podes ver a si ?? yo:  ya te vi así en mi camioneta. jajaja Guadalupe:  que malo que sos.  ok a ver a si ??? Guadalupe:   ahora te parezco una nena tierna o una mujer? yo:   sos una nena sexi pero una nena.  Guadalupe:   no quiero ser una nena.  te estoy odiando sabias.  Guadalupe:    ni poniéndome en bolas te parezco una mujer malo ? pensé que me querías ver así.  mientras la negrita hablaba y posaba baje mi pantalón .  dejando mi falo erecto al descubierto.  yo:   veni nenita. demuestra que sos un mujer.  y no una nena calienta pija.    la pendeja quedo mirando mi verga.  con cara de asombro.  yo:  dale veni nunca viste una pija? no era lo que querías ? Guadalupe:   no tarado jamás vi una.  no así ni en persona.  yo:   vez que sos una nena jajá. bueno cortemos el juego acá.  cuando crezcas seguimos.   Guadalupe:   no seas malo.  trato de ser una mujer para vos y me decís nena? yo:    sos una nena para mi.  te llevo muchos años.  queres tener algo con migo.  Guadalupe:   si. y no me das bola.  o mi mama ya es tu mujer? yo:  no tengo nada con tu mama.  sacatelo de la cabeza.   si queres se una mujer yo te ayudo.  ni lo pensé la negrita quería ser mujer y así será.  la tome de la mano y la traje hacia mi .  puse su mano en mi verga mientras le comí la boca.  ella acariciaba mi pija.  y yo su conchita .    Guadalupe:   que caliente y suave que es.  aparte de re dura.  yo:   te gusta nena? Guadalupe:  no... me digas así...  si me gusta mucho....  tus dedos en mi clítoris se sienten genial.  la lleve a la cama.  le abrí bien las piernas y mientras le daba unos besos en el cuello.  fui bajando, pasando por sus tetas negras y esos pesones negros.  baje mas y mas.  al llegar a su empapada conchita ella largo un suspiro.  mi lengua recogía su humedad. mientras la negrita gemía y disfrutaba las caricias de mi lengua.  su cuerpo daba señales de que ya estaba lista para un rico orgasmo.  sus gemidos intenso y su respiración agitada fuero el punto justo para un sabroso orgasmo.  Guadalupe:  uy dios que increíble fue eso.   ufff... es mejor que masturbarse  ufff .. yo:  bien a hora te toca. darme placer a mi.  veremos si aparece esa mujer.  Guadalupe:  ok. eso me gusta mas.  siempre quise hacer una mamada.  pero tu me dices que debo hacer.  yo: quiero mimos en la poronga.  que me chupes como un helado o un chupetín lo que mas te guste o inspire.    la nena no paraba de pajearla y no sabia como encarar.  como tomarla con la boca.  arranca con besos le dije.  y ella comenzó a darle besos.  ya mas por curiosidad se lo metió suave en la boca.  le ponía voluntad pero no era una buena mamada aun.  la pare y le indique como poner la boca.  y con pequeños movimientos fui metiendo y sacando mi pija .  suave y despaciosa así ella aprendió y se largo sola.  y como nena con juguete nuevo.  lo disfruto y no paraba.  haciendo cada vez mejor .  la pendeja cada vez chupaba mejor .  y yo agradecido .  Guadalupe:  mmm me gusta chupar tu pija.  es tan dura y suave y me gusta su gusto.  es algo que nunca sentí antes mm.. que tan nena me veo ahora.  yo:  ahora sos una nena golosa . veni que ya no es hora que seas virgen.  esa conchita caliente de mi negrita estaba deseosa de una buena penetrada.  su primer penetrada.  ella tenia todos los miedos, pero mas eran las ganas de cojer.  para mi seria un placer desvirgar a esa hermosa negrita.  que pensé que ya estaba cojida.  por su forma de ser y buscarme.  la tome de la mano y la lleve hasta la cama.  puse las almohadas en el respaldar de la cama para quedar medio sentado. la hice subirse sobre mi.  le di unos besos.  mientas mi verga buscaba su conchita.  mi poronga blanca hurgaba su conchita negra con su interior bien rojo.  no se podía negar que la pendeja era virgen.  mi poronga trataba de entrar pero sus estreches era inmensa.  esa conchita negra se abrió y dio paso a la cabeza de mi verga.  Guadalupe:    ay........ despacio me arde ay........ me duele Maury. yo:   tranquila es lo normal.  solo relájate nena.  Guadalupe:   si... ay... es muy grande... no entra... no .... va a entrar mas uf.... ay.... dios me sangra mi chochita Maury.... yo:   tu himen se rompió por eso sangra es lo normal tranquila.  tu conchita esta bien.  ya sos una mujer y yo tu primer hombre.  y en un ratito ya no te ardera mas y te va a gustar mucho .  solo relájate. Guadalupe:     ay... si.... sos mi hombre.... ay... desde que te vi  quería q lo seas.      cada ves que mi verga, se metía un poco la negrita pegaba un saltito.  que para que mi pija no se salga yo la tenia tomada de sus caderas. la negrita estaba empalada en mi verga y no saldría de ahí.  sus quejas se convirtieron en jadeo y gemidos.  mientras mi verga se metía por completo en su estreches.  cuando mi verga hiso tope la pendeja exploto en un gran orgasmo que se escucho en todo el departamento. la negra clavo sus uñas en mi espalda.  pero su conchita estrangulaba mi verga.  sin que le diga nada ella sola se comenzó a mover. buscando mas y mas.  Guadalupe:  ay dios mío.....  que bello es esto mmm.... que rica sensación explotar así . mmm.... la pija le encanto a la negrita. se movía con linda intensidad.  teniendo varios orgasmos. mi verga estaba empapada en los jugos de la negrita, al igual que m

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JjulietanayLv1· hace 24 dRelatos

un poco de ayuda

Otra noche igual en casa. Yo cocinando, o limpiando después de cenar, y mi mujer en mi cama, cola para arriba, recibiendo pija del incansable Servio. El turro ese sabe lo que hace, la penetra una y mil veces y le acaba casi a voluntad, provocándole a mi mujer varios orgasmos por noche. Yo no podría provocarle ni medio. No me gusta ser cornudo pero no me queda otra. No sabía que yo era un mal amante hasta que conocí a la que es ahora mi mujer. En realidad, como ella misma dice, no es que sea un mal amante. No soy ni malo ni bueno, simplemente no tengo gracia. Y no es que ella no motive. Es una hermosa morocha de grandes labios, senos y cintura chicos y cola de buen tamaño, redonda y perfecta, sin dudas lo que más le miran. Pero aparentemente no soy muy hábil. Abigail, mi mujer, me lo hizo saber sin reproches pero de inmediato, apenas comenzamos a noviar. Quería que me esforzara más. Yo no mejoré y ella no volvió nunca sobre el tema. Hasta que dos años después, planificando el casamiento, le descubrí un mensaje de texto muy comprometedor de un tal Servio, y admitió que me era infiel. Para mi sorpresa, la tranquilidad y naturalidad con la que me lo confesaba logró que no me enfureciera. En el fondo, yo sabía que era lógico. Las pulsaciones de ella no debían de ser más altas que cuando toma un té con las amigas. Me dijo que sí, que había cogido con Servio, un compañero de oficina que yo ya conocía, un grandote con cara de malo peligroso. Pero no solo eso, también a veces le daba al profe del gym y a un chico que había conocido en un boliche, en una despedida de soltera. No me pidió disculpas. Tampoco me estaba pidiendo permiso. Yo no sabía qué decir ni qué hacer. Una hora antes habíamos decidido el salón donde haríamos la fiesta. Ella permaneció callada, se cruzó de piernas y encendió un cigarrillo, cosa que rara vez hacía. —¿Qué vamos a hacer? -pregunté. —Mirá, te fui fiel los primeros tres o cuatro meses, esperando que cambie un poco la cama… -exhaló humo. —Me parece medio boludo romper lo nuestro. Vos me querés, yo te quiero… -lo decía como si estuviera leyendo el horóscopo en voz alta. —¡Acabás de admitir que cogés con otros! —Ay, no seas boludo. ¿Te pensás que si no te quisiera estaría planeando casarme con vos? No soy tan tarada. Guita no te sobra, coger, no cogés bien… Es obvio que te quiero. Y vos a mi también. —Pero… esto no… esto no puede… —Cuando no sabías nada, la relación te parecía perfecta. Es cuestión de que no te enteres, nada más… —No. Si vas a hacer algo quiero saber. Una cosa es ser cornudo y otra un cornudo imbécil. —Como quieras, pero después no vengas con quejas. Mi cabeza iba a explotar. Tenía más pensamientos y preguntas de las que podía expresar. Y por otro lado no quería dar tiempo a que ella gane terreno. Qué tonto. Tenía todo el terreno ganado. —Bueno, no sé… -balbucí. —¿Cómo es esto? ¿Elegís uno y armamos un cronograma de tus cogidas? Esto es absurdo… no sé cómo actuar ni qué decirte… me siento un estúpido. Abi me miró pensativa. —Supongo que podríamos cuidar un poco las formas. Puedo hacerme la señora con los tipos de por acá… No sé, al del gym le puedo cortar... no quiero que quedes como el cornudo del barrio, mi amor. Lo decía como si estuviera haciéndome un favor. —¿Con cuántos tipos querés coger? No me gusta, Abi, bastante con que sigas cogiendo sin hacerte quilombo… Elegí uno, por favor… -imploré ya sin el mínimo orgullo. Me miró, creo que se apiadó de mí. Suspiró resignada y me prometió que sí, que estaba bien, que uno solo. Ese “uno solo” fue Servio, el de la oficina. Aunque fue “uno solo” por un tiempo, ya que el muy turro se la quería enfiestar con otro compañero, y para la fecha del casamiento, más precisamente dos días antes de la iglesia, convenció a mi novia. Abi prefirió no decirme que se había despedido de la soltería con un trío, hasta después de casarnos. Exactamente hasta la noche de bodas, que fue cuando me lo confesó. Esperó hasta que estábamos haciendo el amor para decirlo. Yo, caliente como nadie por estar cogiéndome ese cuerpo espectacular al que amaba, y ella más tibia que una cerveza al natural. Pero fue decirme eso, que había sido enfiestada a mis espaldas, verla a la cara confesándome el punto más alto de su putéz y su hija-putéz, que me disparó el orgasmo incontenible. Me quedé más sorprendido que ella, y mientras acababa y gozaba veía cómo Abi disfrutaba de mi debilidad y sonreía. Y ese rostro amado y diabólico no hizo más que desangrarme de leche hasta casi morirme. Me derrumbé sobre ella, agotado de casi no cogérmela. Ella me sacó de encima, fue a lavarse y se negó a volver a hacerlo. Y apagó la luz para dormir. La luna de miel fue de lo más bizarra, hicimos el amor solo una vez por cada noche, con el rumor de sus labios en mis oídos, escuchando cómo lo había hecho con uno o con otro, relatándome alguna de los más memorables cuernos que me había metido durante el noviazgo. Los polvos eran intensos pero muy, muy breves. Mi calentura llegaba a picos realmente altos en segundos. A veces le pedía que deje de hablar, pero ella no se detenía. Al contrario, lo disfrutaba. O en tal caso quería que yo acabara rápido. Nunca me permitía volver a poseerla, me dejaba caliente y expectante hasta la noche siguiente. Pero eso había sido un año atrás. Ahora estaba en mi cama con Servio, uno de sus machos, como lo hacía casi día por medio. Pero algo iba a ser distinto esta noche. En principio, Servio se la estaba cogiendo desde hacía larguísimas horas. Yo había entrado un par de veces a llevarles algo fresco para tomar, y encontraba a mi mujer tapada con la sábana, que me agradecía con una sonrisa y me echaba rápido para afuera de la habitación. Así, al otro lado, me quedaba escuchando el movimiento de la cama, sus jadeos, sus orgasmos, sus puteadas y las nalgadas que recibía de su verdugo. No me permitían espiar por la cerradura, Abi decía que se podía inhibir. Pero esa noche, después de más de seis horas de recibir pija y pija de Servio, mi mujer por fin me llamó. —Cornudooo… -me reclamó de un grito. Yo ya estaba en el sillón del living, tratando de dormir, pero me levanté como un resorte. No era habitual que me llamara “cornudo”, pero a veces lo hacía. Especialmente cuando Servio se iba luego de una sesión de sexo o cuando venía de la oficina recién cogida. Golpeé la puerta. —Entrá, Cuerno -Servio, en cambio, se refería a mí solo con el nombre de Cuerno. Siempre me decía Cuerno, jamás me nombró de otra forma. Cuando ingresé, mi mujer estaba cola para arriba, desnuda, sudada por completo, incluso el cabello empapado. Servio detrás de ella, arrodillado, en medio de sus piernas, con la pija enorme como un mástil, dispuesto a clavarla. Sin embargo: —Servio no da más -me explicó mi mujer. —Ya me echó no sé cuántos polvos… Está agotado, pero yo quiero uno más… Lo tenés que ayudar… Por un momento creí que me iba a dejar cogerla, cosa que por hache o be no me permitía desde hacía unos meses, casualmente desde que comenzara a cogerse a dos compañeritos más y a un amigo de Servio. Pero me equivoqué. —Sentate en la cama y empezá a moverte con ritmo -me pidió Abi. No le entendí. —Así, Cuerno -me indicó Servio, se inclinó hacia mi esposa y la penetró. Abi lanzó un gemidito. Yo tenía la pija durísima de ver esa cola perfecta y a merced de ese hijo de puta. Servio apoyó sus manotas en la cola de mi mujer y comenzó a bombearla. —Mmmm… -ronroneó ella. Pero con el movimiento se empezó a mover la cama. Y mucho. —Ahora movete siguiendo mi ritmo -dijo Servio. Sentado, yo comencé a moverme hacia abajo y arriba, empujando con mi cola, primero tímidamente y luego, cuando comprendí que tenía que seguirlo a él, con más seguridad. Pronto él y yo nos estábamos moviendo en perfecta sincronía, solo que él se estaba clavando a mi mujer con cada subida y bajada y yo solo los miraba. En segundos él se quedó quieto. El movimiento que yo le daba a la cama hacía que el cuerpo y la cola de mi Abi fuera hacia arriba y hacia abajo, dejándose penetrar por su verdugo. Ninguno de los dos se movía, yo impulsaba todo con mis saltos de sentado sobre el borde de la cama. Era un espectáculo maravilloso. La piel oscura de mi mujer, transpirada y brillosa, moviéndose a mi ritmo, pero penetrada por su macho hizo que casi me viniera sin tocarme. Amagué hacerlo. —Ni se te ocurra -me advirtió Abigail. —Concentrate en lo que tenés que hacer… así lo ayudas a Servio, que está cansado… Me seguí moviendo mientras el otro hijo de puta se beneficiaba de todo. Comencé a transpirar. —Mi amor, me estoy cansando… —Seguí, cornudo… -me alentó mientras su cola viajaba una y otra vez hacia su macho, empalándose. —Seguí que vas bien… Y yo seguía saltando sentado sobre la cama. —Dale, así… -decía ella. Así, bien… Mmm… cómo la siento… Y yo dale que te dale, ayudándola a subir y bajarse ese pedazo de pija. —Mi amor, me canso… —Seguí, cornudito… por favor seguí que lo estás haciendo bárbaro… Sí que lo estaba haciendo bien. Servio solo se apoyaba en Abi, y ella no hacía ningún esfuerzo por subir o bajar. Todo lo hacía yo. Me sentía útil, por un lado, cansado por otro y definitivamente muy usado por Servio. Aunque sabía que se la había estado garchando por horas y horas y debía estar muerto, no pude menos que sentir algo de bronca por estar muriéndome de agitación para que él sintiera toda la conchita de mi mujer en su pija mientras yo hacía meses que nada. El cansancio hizo que yo perdiera ritmo. —Un poquito más, mi amor… Un poquito más… -me rogaba Abi yendo hacia atrás y adelante mientras jadeaba. —Seguí, Cuerno. No me aflojés ahora que le quiero echar el último polvo a tu mujer. La indignación por la humillación me dio un poco más de energía y logré mantener el ritmo un ratito más. Pero estaba exhausto. Podía ver cómo mi Abi se mordía el labio con cada estocada que yo ayudaba a que se clave. Le temblaba el brazo y tenía la cola en piel de gallina. Me di cuenta que el turro de Servio le iba a arrancar otro orgasmo, algo que yo nunca había logrado. Aunque de alguna forma me sentía partícipe de esta inminente acabada. —Seguí, cornudo, no pares… seguí que ya estoy… -decía mi Abi con los ojos cerrados. Agarró fuerte las sábanas, arrugándolas con violencia. —Venite, putita -terció Servio. —Mostrale al Cuerno cómo gozás con una buena pija. Abi tenía el cabello todo pegado a la cara, yo se lo corrí en un gesto instintivo de ternura hacia ella. Pero el movimiento me desestabilizó y se perdió el ritmo. —¡No! No pares ahora, no pares, mi amor… Pero yo no podía más. Me puse de pié, sin soltar a mi mujer, la tomé de los hombros, la incorporé un poco y comencé a moverla hacia Servio. —¡Bien, Cuerno! Empujala con fuerza que se la mando hasta los huevos. Abi me agarró de la ropa, del cuello, de donde podía. Parecía que se estaba desarmando. —Sí, mi amor, clavame contra su pija… clavame, mi amor… sí, sí… Y yo la seguía empujando contra Servio. Con los ojos cerrados, a veces abriéndolos, ella me gritaba “cornudo, aprendé” o “mi amor, así”, dependiendo de la oleada de morbo que sentía. Cuando le empezó a venir el orgasmo me agarró fuerte de los brazos y empezó a gemir y gritar como una puta. Servio comenzó a darle chirlos en la cola, un poco fuertes. —¡Así, Cuerno! Así hay que cogerse a tu mujer -y la seguía bombeando mientras le pedía: —Puta, mostrale cómo te gusta mi pija… Pero Abi estaba en una nube. Pronto abrió los ojos y mientras yo la seguía empujando, ya más suave, buscó mis labios y me besó en la boca con una pasión de enamorada. —Mi amor, -me decía —qué buen polvo me echaron… -y luego en mi oído. —Me hacés la mujer más feliz del mundo, cornudo… Servio se desplomó en la cama. Abi lo vio, sonrió y me dedicó un beso dulcísimo. Yo tenía una erección tremenda, estaba para cualquier cosa. —Quiero hacerte el amor -le supliqué desesperado. —Ay, mi amor, no seas egoísta -dijo sonriéndome con maldad. —Me están cogiendo desde hace seis horas, esto

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MmartinfcdLv1· hace 38 dRelatos

La hermosa novia de mi vecino. Y cómo la trata.

Sobre ciertas situaciones que suceden en la vida es difícil opinar o tomar posición. Yo les voy a contar lo que pasó y ustedes saquen sus propias conclusiones. Son libres de dejarme su visión en los comentarios. El barrio donde vivo es un barrio típico del buenos aires que se aleja un poco del concurrido centro de la ciudad (no quiero dar mucha presición, entenderán por qué). La zona está más bien compuesta por casas que no superan las dos plantas, algunos edificios de no más de 4 pisos y muchas propiedades que se ubican entrando por un pasillo, más o menos largo, que alberga 3, 4 o, a veces, más departamentos consecutivos.   En un departamento de estas características (el segundo entrando desde la calle) vivo, cómodamente, hace varios años, con mi hermosa mujer y mis hijos. Uno pequeño y dos en edad escolar. Digo 'mi hermosa mujer' porque así lo siento, a pesar de los años que llevamos juntos. Mujer fuerte, directa. Maneja su vida y sus cosas con determinación. Nunca duda. Siempre tiene una respuesta precisa para cada cosa. Jamás se equivoca. Es realmente admirable.   Los años no hicieron más que mejorarla. Su atractivo está intacto. Al día de hoy, su elegante andar representa para los más burdos caminantes, la oportunidad de regodearse, tanto al verla venir como al verla irse. Y, a pesar de los tiempos de cambio que vivimos, siempre se topa con algún improvisado poeta callejero que define con palabras más o menos soeces lo que el físico de mi mujer despierta en él.   Disculpen ustedes si no la describo con mayor detalles. Considero a mi esposa como algo sagrado, no de mi pertenencia, pero sí de mi privacidad. Además no es sobre ella la historia.   Debo aclarar tambien, si es que aún no lo notaron, que soy una persona formada en valores que hoy en día muchos tachan de antiguos o anticuados.   Padre de familia, marido ejemplar, amigo incondicional, miembro honorable de la cooperadora de la escuela y de la dirigencia del club al que concurren mis hijos, etc. Son las actividades, y mi desempeño en ellas, lo que mejor me definen.  Además, por creencia, fe y gusto personal, asisto a la iglesia todos los domingos y días festivos. No solo como oyente, sino que eventualmente me ofrezco para dar una mano en lo que se precise. Con el tiempo, aunque no hice carrera religiosa, me volví un referente, un pilar de la congregación. Muchos me ven como una persona cuyo consejo es válido y alentador en situaciones complicadas de su vida.   Hasta acá hablé de mí. Ahora les comienzo a contar lo que sucedió. Como les dije, yo vivo en el segundo departamento del pasillo. En el tercero vive una señora grande, sola, que muy de vez en cuando recibe alguna visita familiar. El cuarto departamento, el último al fondo, se encuentran vacío hace mucho tiempo. Y adelante, en el primer departamento vive Hernán.   Bueno, no solamente Hernán. Vive también su mujer. O su novia, no sé bien cómo llamarla. Rocío es su nombre. No hace mucho que están juntos (pocos meses, diría) aunque ya conviven y son padres de una criatura de unos seis meses o poco más. Tal vez ese es el verdadero motivo de la convivencia tan apresurada. Conozco a Hernán hace muchos años. Desde que me mudé a esta casa. Era el hijo de Zulma, la propietaria del departamento. Cuando lo conocí estaba casado pero, sorprendentemente para su corta edad, en proceso de separación. Por eso, al tiempo, se mudó adelante, con su madre, hasta que ella falleció (cosas de la vida) y él terminó siendo dueño de su propio espacio, donde poder disfrutar a pleno de su recuperada soltería.   Ví desfilar muchas chicas por ese departamento. Muchas y muy bien formadas. Realmente, Hernán, se había convertido en la envidia de todo aquel al que le gusta pasar su vida explorando las delicias de la compañía femenina, sin compromiso. Gastando vanamente sus días en poseer los cuerpos de aquellas mujeres de las más variadas y extravagantes formas. Devorando esos cuerpos, jóvenes y bellos, hasta el hartazgo y luego descartandolos para saciar su sed en otro cuerpo de igual o mayor voluptuosidad, o tal vez en busca de pieles menos experimentadas, o vaya uno a saber qué. Muchas pasaron por ese departamento. Con algunas me tocó cruzarme en el pasillo alguna mañana al salir a trabajar. He visto sus caras y sus cuerpos y tengo que admitir que he sentido, en la mayoría de los casos, pena. Pena, de ver a estas chicas de tan hermosa figura y porte, derrochando el momento más valioso de su juventud. Entregadas, pareciera que con gusto, al destrato que mi vecino les proporcionaba. Pena, de ver en sus caras trasnochadas, luego de una noche plena de lujuria, la desazón de no tener un rumbo...   Muchas noches hemos escuchado con mi mujer, a través de las paredes, gritos y gemidos de los más variados, que desde la casa de adelante llegaban, más o menos fuerte, hasta nuestros oídos. Esa, era una situación que a veces nos causaba gracia, a veces indignación y a veces (por qué no admitirlo, después de todo vivimos nuestra felicidad de pareja de la manera que corresponde) estímulo. Quiero decir, nos levantaba el candor necesario para disfrutar de nuestros cuerpos, con pasión. Pero siempre con respeto y  responsabilidad, con afecto y contención mutua. Por supuesto, muy distinto , por lo que se escuchaba, a la manera en que, del otro lado de la pared, se desarrollaban las cosas.   Siempre certera, mi mujer, me comentaba al respecto, la tristeza que le generaba el sinsentido con el cuál el vecino llevaba su vida, la reprochable liberalidad de sus 'amiguitas' (la mayoría no duraba mucho tiempo y eran, en general, personas desagradables, desfachatadas). "Que bien le vendría a Hernán encontrar alguien con quién sentar cabeza...". Opiniones como éstas, llenas de sabiduría, eran comunes en mi mujer. No solo al respecto del vecino: al respecto de todo. Todo el día. Siempre admiré su elocuencia y su capacidad de expresar, a cada situación que se le presentara, su parecer tan lleno de bondad y precisión.   Claro que no todas las mujeres que pasaron por el departamento de mi vecino generaban rechazo o antipatía. Por ejemplo, con Rocío, la actual pareja, la cosa fue distinta desde el principio. Ella era distinta. No me refiero solamente a su condición física, que, como la mayoría de las 'amigas' de Hernán, genera una inmediata admiración visual. La belleza de ella no se limita únicamente a sus más que evidentes grandes y armoniosas curvas, sino también a su carácter, a su simpatía. Rubia de cabellos largos y lacio, ojos cristalinos, sonrisa amplia y sincera. Aparentaba ser casi una niña, aún. Transmitía inocencia y paz. Siempre recuerdo la primera vez que me la crucé. "Buen día, señor", me dijo. Yo me reí y le dije algo así como que me había agregado varios años gratuitamente. Entonces ví relucir sus blancos dientes enmarcados en esa boca rosa, brillante de rimel, y formar la sonrisa más hermosa que jamás haya visto. Recuerdo el impacto de la sorpresa y el magnetismo que me causó ver su mirada de grandes y claros ojos verdes. Recuerdo cómo los entrecerró un instante, al sonreír, y la desesperación que me golpeó el pecho por querer verlos abiertos nuevamente, mirándome.   No fue mucho más que eso nuestro encuentro pero al pensar en ella la recuerdo así, ataviada en ese vestido de tono intenso que se ajustaba a presión sobre el contorno de sus caderas, moldeando su cintura y apretando y realzando sus pechos, a la vez que, a la altura de sus muslos, la tela, más suelta, se liberaba al vaivén del viento, desnudando sus torneadas piernas, casi hasta su ropa interior. Esa imagen ocupo gran parte de mi mente ese día y los días siguientes.    Varias veces tuve el agrado de cruzármela en ese entonces. Y digo agrado porque, realmente, Rocío, es una persona dulce y afectiva. Bastante centrada y pura en su forma de pensar, lo que me generaba cierta extrañeza, al intentar imaginar cómo había llegado a estar en pareja con el irresponsable de mi vecino. En fin, Dios a veces se mueve de formas misteriosas.   En una de esas charlas que tuvimos la noté interesada en varias de las actividades que me tocan ejercer y tuvimos un intercambio de redes sociales. Por eso, puedo asegurarles que Rocío no es como otras mujeres que rondaron a mi vecino. En las fotos que publica en sus redes está la prueba. Sí, hay fotos de ella en mallas diminutas, de esas dónde muy poca piel queda cubierta, pero siempre se dan en alguna situación de veraneo. No como las otras que no dudan subir imagenes en ropa interior para que cualquiera las pueda ver. Tampoco tiene esas selfies sacando la lengua o tocandose con un dedo la boca o los dientes que tantas otras amiguitas de Hernán usan de imagen de perfil. Ella no. En su imagen de perfil brillan sus diafanos ojos y destaca su prístina sonrisa. Aunque use vestidos osados, es recatada. Se nota. Lo que no impide ver su belleza. Al contrario, la engrandece. La hace más linda aún.    Hay un tiempo para todo. Eso lo aprendí de  chico y lo comprobé con el paso de los años. La obsesión con Rocío (aquella preciosa y pequeña muchacha que estaba en pareja con mi vecino Hernán. Aquella que, a pesar de la notoria diferencia de edad que nos distanciaba, se apoderó, absurdamente, de mis pensamientos), la detecté a tiempo, y deduje que era algo que no podía durar. No para mí. Para una persona de mi posición. Con los pies fijos en la tierra y la vista, firme, en el cielo.   Mi mujer, mis hijos, mis actividades y compromisos con la sociedad, son la prioridad.     Pasados varios meses me enteré de su embarazo y de su mudanza al departamento de adelante. La sensación fue ambigua. Por un lado me alegraba de tenerla cerca (la considero una persona valiosa, con potencial), además que esta situación significaba una nueva vida para Hernán, una oportunidad donde podría, finalmente, madurar a la altura de una persona acorde con su edad. Por otro lado sentí cierta inexplicable desazón . Quizá era el intuir que las cosas podrían no salir tan perfectas como era mi sincero deseo para ambos...   En fin, el tiempo fue pasando y la pareja se veía bien. Ella, hermosa como siempre, llevaba su panza, cada vez más grande, con soltura y gracia. Era una delicia poder admirar esa joven piel, brillante y sedosa, aumentar de volumen, albergando el milagro de la vida en su interior. Las situaciones empezaron poco después. Cuando el bebé ya había nacido. Primero fueron leves desacuerdos, en donde uno u otro, muy de vez en cuando, levantaba la voz. Todo parecía denotar que algo no andaba bien ahí. Los excitantes gritos que solíamos escuchar a través de esas paredes fueron suplantados por fuertes discusiones, a veces cargadas de insultos, que no siempre dejaban en claro quién tenía razón. El ritmo y el volumen de aquellos planteos crecían a la par del bebé.   A veces, tras un par de días de paz, volvían a la carga con más ímpetu. Esta situación nos tenía mal a mi mujer y a mí. Pero ¿que se puede hacer en situaciones así? Si bien eran nuestros vecinos, no eran nuestros amigos. Tampoco podíamos ir, de repente, a decirles que estábamos al tanto de todo lo que se decían entre ellos porque era, un poco, invadir su privacidad. No nos quedaba otra opción más que rezar y desear que la situación se remediara de la mejor manera posible.   Pero eso, a mí, no me dejaba dormir tranquilo. Tarde en la madrugada escuchaba los reproches que mi vecino le hacía a su pareja casi a diario. Recuerdo esa oportunidad donde el enojo era porque, aparentemente, ella no uso corpiño por debajo de la ropa esa tarde, y él, que había recibido unos amigos de visita, la acusaba de haber andado demasiado libremente por la casa, dejando entrever sus pezones, que se transparentaban por debajo de la ropa puesta, a la vista de cualquiera. La trataba de fácil, de calientapijas, de querer levantarse a sus amigos. Ella lloraba y se defendía "¿Que querés que haga? Si estoy amamantando..."   No podría tomar posición en esa discusión. Realmente, imaginar esos pechos, grandes de por sí, aum

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