LLaurenBigLv1· hace 19 dRelatos
Mi novia y su culo irresistible đ













Hoy les voy a relatar una de las historias que nos ha pasado no hace mucho tiempo y que nos pone muy calientes solo con recordarla.
Por suerte nunca habĂa tenido problemas con los autos que tuve. Es cierto que nunca fui de usarlos mucho y que los cambiaba con pocos kilĂłmetros, asĂ que no sabĂa lo que era llevarlos al mecĂĄnico, solo a los Services oficiales. Pero como en todo, siempre hay una primera vez.
Un sĂĄbado por la mañana habĂamos decidido ir a visitar a unos familiares que viven a unos 100 kilĂłmetros de distancia. Pero tuvimos que suspenderlo, el auto no quiso arrancar. Nunca imaginamos que la amargura y bronca de ese momento, iba a terminar en una de las situaciones mĂĄs excitantes que hemos vivido.
Mientras mi esposa telefoneaba a los familiares para explicarle lo sucedido yo salĂ en busca de alguien que nos pudiera solucionar el problema.
HacĂa unos meses se habĂa instalado un taller a unas 3 cuadras de casa. No tenĂa ninguna referencia de ellos pero la verdad que tampoco conocĂa otro lugar, asĂ que me dirigĂ allĂ en busca de ayuda.
Al llegar me sorprendiĂł ver lo grande que era y la cantidad de autos. Ocupaba una superficie enorme y habĂa como 10 personas trabajando entre la parte de mecĂĄnica y de chapa y pintura.
Apenas crucé la puerta de entrada del taller un muchacho me recibió:
â Mi nombre es Carlos, Âżen que puedo ayudarlo señor? me preguntĂł muy amablemente.
Carlos tendrĂa alrededor de 35 años, de tez morena, de contextura delgada pero bastante musculosa. Estaba vestido con una camiseta sin mangas color blanca y un pantalĂłn gris, ambos llenos de manchas de grasa, lo que le daba un aspecto bastante desagradable.
â Hola, mi nombre es Jorge y desearĂa hablar con el encargado, dije.
â SĂgame por favor.
Atravesamos todo el local hasta llegar a una pequeña oficina que se encontraba al fondo.
â Tome asiento que ya le aviso al patrĂłn.
Le agradecà y me senté en una silla que estaba detrås de un escritorio lleno de papeles, revistas de mecånica y algunas herramientas.
La oficina era tĂpica de un taller. Estaba âdecoradaâ con pĂłsters de autos y principalmente de mujeres desnudas en poses muy sexys. Me detuve en una morocha que estaba de espaldas sacando el culo para afuera. ImaginĂ© cuantas pajas se habrĂan hecho los mecĂĄnicos con ese pĂłster y automĂĄticamente se me apareciĂł la imagen de mi esposa en esa posiciĂłn parada delante de los mecĂĄnicos. Un terrible escalofrĂo recorriĂł toda mi espalda a tal punto que tuve una erecciĂłn inmediata.
 ¿Que pedazo de culo eh?, escuche detrĂĄs de mĂ.
â Como pude recuperĂ© el aliento y gire la cabeza para ver quien era.
â Hola como le va, soy Oscar, el encargado del taller, me dijo mientras me tendĂa la mano.
â Jorge, mucho gusto.
Oscar era un tipo rĂșstico de unos 50 años, muy fornido, cabello bastante largo y como Carlos, tenĂa las ropas llenas de grasa.
â Y, que me dice, tremendo culo, Âżno le parece?
â Si claro, dije yo, sin poder sacar a mi mujer de la cabeza.
â Me encantan las morochas, son todas putas, riĂł
Apenas sonreĂ. Que mal momento le harĂa pasar si como respuesta le dijera que mi esposa es morocha, pensĂ© y volvĂ a sonreĂr.
â Bueno, Âżque puedo hacer por usted?, prosiguiĂł
â Mire Oscar, vivo acĂĄ a tres cuadras y hace un rato intente arrancar el auto pero no pude, querĂa preguntarle si es posible que fuera alguien a ver de que se trata el desperfecto.
â Sabe que pasa los sĂĄbados cerramos a las 2 de la tarde y estamos tapados de trabajo, lo vamos a tener que dejar para el lunes, me dijo.
â Que macana quedarme todo el fin de semana sin el auto. Bueno pero si no hay remedio, paso el lunes, gracias igual, le dije mientras le tendĂa la mano.
â A ver, me puede esperar un momento que le entrego el auto a un cliente y como favor se lo veo yo.
â Le agradecerĂa mucho.
Mientras esperaba volvà a observar el póster y nuevamente imaginé a Marce en esa foto exhibiendo su hermosa cola y yo ahà disfrutando como la deseaban.
â ÂżVeo que lo pone loco ese culo?, escuche detrĂĄs de mĂ. Era Oscar que habĂa regresado y me hacĂa volver a la realidad.
â Me voy a poner celoso, es mi culo preferido, riĂł, mientras le daba un beso al pĂłster.
â SonreĂ.
â Como me gustarĂĄ esta puta que acĂĄ tengo dos pĂłsters iguales, dijo.
â Tome le regalo uno, prosiguiĂł, mientras me entregaba una lĂĄmina enrollada.
â No, esta bien, gracias
â Tome hombre, es un regalo de la casa.
â Bueno, gracias.
â Si le parece vamos a ver su coche, me dijo mientras tomaba un maletĂn lleno de herramientas.
En el camino a casa no hizo otra cosa que contarme lo que le gustaban las morochas y afirmarme lo puta que eran. NarrĂł algunas historias con unas vecinas del barrio que yo no conocĂa por lo que solo me limitĂ© a escuchar sin hacer ningĂșn comentario.
Al llegar al garaje de casa, me solicito que abriera el capĂł y que le diera marcha al auto. AsĂ lo hice.
â EstĂĄ bien, suficiente, me dijo.
â Tengo poca luz acĂĄ, si no le parece mal lo empujamos hacia la calle.
â No hay problema, le respondĂ.
â Aguarde que llame a mi esposa asĂ ella lo guĂa mientras nosotros empujamos, continuĂ©.
No creo que fuera necesario que Marce nos ayudara, solo fue una excusa para que Oscar la conociera. Me calentaba la idea que la viera despuĂ©s de lo que habĂamos conversado.
â Marce, Âżpodes venir un minuto?, le grite.
BastĂł que ella apareciera por la puerta, para que Oscar le clavara la mirada y mostrara en su cara una expresiĂłn de vergĂŒenza mezclada con deseo.
No era para menos, por un lado me habĂa hablado de lo putas que eran las morochas y por el otro estaba viendo una morocha que estaba vestida solo con una remera y unas calzas de algodĂłn color gris que le marcaban su fabulosa cola.
Te presento a Oscar, es el mecĂĄnico, le dije.
â Mucho gusto dijo Oscar, todavĂa perturbado.
â Igualmente dijo ella, extendiĂ©ndole la mano.
â Necesitamos sacar el auto, podrĂas conducir mientras empujamos.
Marce subiĂł al auto y con Oscar fuimos a la parte trasera.
â PerdĂłneme lo que le dije de las morochas, no sabĂa, me dijo.
â QuĂ©dese tranquilo, no hay problema le contestĂ©.
â AdemĂĄs yo creo lo mismo, continuĂ©, mientras reĂa.
Oscar solo me miro y sonriĂł, tratando de entender lo que habĂa escuchado.
Sacamos el auto a la calle y cuando Marce se bajo, Oscar no pudo evitar clavarle los ojos en el culo, sin importarle que yo estuviese delante, acciĂłn que hizo que comenzara a excitarme.
 Ya le traigo algo de tomar, le dije, mientras Oscar ponĂa manos a la obra.
â No se moleste, me dijo.
â No es molestia, es a cambio de su regalo le dije riĂ©ndome.
â ÂżQue regalo?, preguntĂł Marcela.
â Nada, un pĂłster que me regalĂł Oscar, dije.
Oscar asomo su cabeza por detrĂĄs del capĂł y me miro sorprendido.
â Donde estĂĄ, quiero verlo, dijo ella, seguro es una foto de una chica desnuda, tĂpica de taller, continuĂł.
Oscar seguĂa mirĂĄndome y no decĂa palabra.
â AsĂ es y es parecida a vos le dije riĂ©ndome.
â A verla, quiero verla, dijo.
Oscar sonriĂł nerviosamente mientras le daba arranque al auto y este arrancaba. Yo ya estaba caliente y el juego ese me estaba gustando.
â ÂżYa estĂĄ?, que rĂĄpido lo arreglĂł, dije.
â Era una pavada, contestĂł el.
â Venga Oscar ya que terminĂł, vayamos adentro a tomar algo y mientras le muestro el pĂłster a mi mujer.
Note que la mirada de Oscar se habĂa transformando de sorpresa a la de desconcierto.
La agarre de la mano a Marce y entramos a casa. Oscar venia detrĂĄs y apostaba que le estaba comiendo con los ojos la cola a mi esposa. No solo yo estaba seguro, ella tambiĂ©n se habĂa dado cuenta y, como es su costumbre cuando esto pasa, arqueo mas la espalda para parar mas el culo, mientras me apretaba la mano y me lanzaba una mirada cĂłmplice.
â Marce, acompañalo al living al señor que voy a buscarle algo de tomar, le dije.
Oscar ya a esta altura no pronunciaba palabra, solo asentĂa con la cabeza.
â ÂżY el pĂłster?, preguntĂł ella.
Lo saqué de mi campera y se lo di. Asà los vi alejarse camino al living, ella delante con el póster en la mano y el detrås visiblemente exaltado y con la mirada clavada en el culo de Marce.
Yo corrĂ hacia la cocina, llene 2 vasos con jugo y fui tras sus pasos.
Al atravesar el pasillo que da al living, me detuve antes de llegar. QuerĂa espiar lo que estaba pasando.
La escena era de lo mĂĄs caliente. Todo estaba en silencio. Oscar estaba sentado en un sillĂłn doble y mi esposa habĂa desenrollado el pĂłster y parada de espaldas a el estaba observando la foto de ese terrible culo.
La vista que ella le estaba dando era fabulosa. Oscar podĂa ver a la morocha y a su vez su cola que, se notaba, habĂa parado a propĂłsito.
â La verdad tengo que reconocer que tiene una linda cola, dijo ella.
â Su marido quedo embobado cuando la vio, por eso le regale el pĂłster, dijo el.
â ÂżEn serio?, preguntĂł ella.
â Si, y la verdad que no entiendo porquĂ©, usted tiene una cola preciosa, dijo un poco tĂmido.
â Gracias, respondiĂł ella, sacĂĄndola mĂĄs para afuera.
â Es mĂĄs me animarĂa a decir que es mas linda que esa, siguiĂł Oscar, ya un poco mas seguro.
â ÂżLe parece?, respondiĂł ella, acercĂĄndole un poco el culo y ya claramente excitada.
Ver a mi esposa poner la cola parada a un metro de la cara de un desconocido me puso como loco. En ese momento decidĂ entrar, querĂa mirar eso mĂĄs de cerca.
 Aquà estån lo jugos, dije y le extendà uno a cada uno.
â Gracias, dijo el, con la voz medio entrecortada.
Mi esposa seguĂa en la misma posiciĂłn. Yo pensaba la gran templanza que tenĂa Oscar para no extender la mano y acariciar esas calzas metidas en la cola de mi mujer.
â ÂżAsĂ que te quedaste embobado con esta cola?, dijo Marce en un tono simulando estar enojada, mientras me mostraba el pĂłster y abandonaba su postura para irse a sentar en un sillĂłn frente a Oscar.
â No mi amor, lo que pasa es que, como ya te dije, me pareciĂł que esa cola era parecida a la tuya, le respondĂ.
â AcĂĄ el señor dice que la mĂa es mas linda, Âżno?, preguntĂł mientras volviĂł a pararse a mostrarle la cola.
Si, contesto Oscar. Se notaba en su cara que la situaciĂłn lo incomodaba, pero que lo habĂa puesto muy caliente.
â En realidad mucho no puedo comparar porque usted esta vestida, dijo un poco tĂmido.
â ÂżY que quiere, que mi mujer se desnude? , le dije con cara de enojado.
â No, por favor, no lo tome a mal, solo decĂa, contesto todo ruborizado.
â En realidad el señor tiene razĂłn, asĂ vestida no puede cotejar si mi cola es mas linda que esa, dijo ella, señalando el pĂłster.
â Sabes que me encanta que me elogien la cola, Âżme dejas que se la muestre al señor, asĂ puede decirme que le parece?, continuĂł ya totalmente excitada.
Oscar me miro no entendiendo nada. Yo tenĂa una erecciĂłn que ya no podĂa disimular.
â Bueno, pero solo la cola eh, le dije, para poner un lĂmite y evitar que todo se desmadrara.
Marce, de espaldas a Oscar, metiĂł dos dedos al costado de las calzas y se las bajĂł hasta las rodillas. TomĂł el pĂłster y lo puso al lado de ella, tratando de imitar la pose de la foto.
â ÂżY ahora que me dice señor? Le preguntĂł con cara de puta.
AhĂ estaba mi esposa, como otras tantas veces, mostrĂĄndole el culo a un desconocido, solo cubierto por una tanguita rosa que se perdĂa entre sus nalgas.
 Si, si es muy linda, es, es mejor su cola, tartamudeó Oscar, mientras se acomodaba en el sillón.
â Bueno ya es suficiente, sĂșbete las calzas, dije
Marce se subiĂł muy sensualmente sus calzas y volviĂł a sentarse.
â PodrĂa ser usted la del pĂłster, la verdad, no tiene nada que envidiarle a esa chica, rompiĂł el silencio Oscar.
â Gracias, a mi me encantarĂa estar en un pĂłster pegado en un taller y que todos se exciten con mi cola, es mi fantasĂa, dijo ella, mirĂĄndolo a los ojos.
â ÂżY a usted no le molestarĂa ver a su señora calentar hombres?, me preguntĂł.
â No, al contrario, me excita mucho que la deseen, respondĂ.
â Si no lo toma a mal puedo llamar a los muchachos del taller, dijo Oscar.
â ÂżPara que?, preguntĂ© haciĂ©ndome el ingenuo.
â Para que su señora se muestre delante de nosotros como si fuera una foto y le cumplimos su fantasĂa, me respondiĂł Oscar, ya totalmente lanzado.
â ÂżLo dejas amor que llame a los señore
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